Comentarios sobre el trabajo “La madre muerta” de André Green II

En el post anterior, cité este texto presente en “la madre muerta” con la intención de llevar a cabo algunas aclaraciones, antes de seguir adelante:

“Ya he descripto la alucinación negativa y la psicosis blanca; no he de volver entonces sobre lo que supongo conocido, y refiero la angustia blanca o el duelo blanco a esta serie.

La serie “blanca”, alucinación negativa, psicosis blanca y duelo blanco, atinentes todos estos fenómenos a lo que se podría llamar la clínica del vacío o la clínica de lo negativo, son el resultado de una de las componentes de la represión primaria: una desinvestidura masiva, radical y temporaria, que deja huellas en lo inconsciente en la forma de “agujeros psíquicos” que serán colmados por reinvestiduras, expresiones de la destructividad liberada así, por ese debilitamiento de la investidura libidinal erótica. Las manifestaciones del odio y los procesos de reparación a ellas consiguientes, son manifestaciones secundarias respecto de esa desinvestidura central del objeto primario, materno. Bien se comprende que esta concepción importa una modificación para la técnica analítica, puesto que limitarse a interpretar el odio dentro de las estructuras que cobran rasgos depresivos equivaldría a no abordar nunca el núcleo primario de esta constelación” (1980, p. 213).

Green considera conocidos el concepto de alucinación negativa y de psicosis blanca, por lo cual valdrá la pena hacer algunas consideraciones sobre el particular, antes de seguir adelante. En lo que sigue de este post, consignaré algunos conceptos del libro sobre la psicosis blanca, en el post siguiente consideraré el tema de la alucinación negativa y continuaremos con el texto de “La madre muerta”.

La psicosis blanca:

El libro L’Enfant de Ca. Psychanalyse d’un entretien: la psychose blanche escrito por Jean-Luc Donnet y André Green, y publicado en 1973, posee gran importancia en la obra de este último autor, ya que en él se sientan las bases de una serie de importantes desarrollos teóricos futuros.

Por otra parte, constituye una notable ilustración clínica de los estados fronterizos y del núcleo psicótico que los caracteriza, según consideraba Green en esa época.

El texto fue fruto de un proyecto de investigación sobre consultas psicoanalíticas llevado a cabo en el servicio de psiquiatría de Jean Delay en Saint-Anne.

Quien estaba a cargo del proyecto era André Green, mientras que Jean-Luc Donnet era el observador y discutidor.

Si bien fueron entrevistados muchos pacientes, los autores decidieron finalmente tomar como base del libro una única entrevista, la realizada a  Mr. Z, apodado “el hijo de eso” (l’enfant de ça), en función de la expresión inicial en la entrevista “Pues bien, entonces…mi madre se ha acostado con su yerno y…yo soy el hijo de eso” (“Alors voilà…ma mére a couché avec son gendre et…c’est moi l’enfant de ça”, p. 34) [cabe aclarar que “ça” quiere decir tanto “eso” como “Ello”, de ahí el doble sentido del título original].

En el capítulo 2 Donnet y Green transcriben la desgrabación de la entrevista y en el capítulo 3, titulado “palabra por palabra” (le mot a mot) llevan a cabo un minucioso análisis, palabra por palabra (o frase por frase) de dicha entrevista.

En lo que sigue, realizo algunas consideraciones introductorias, a continuación hago una reseña muy breve de los primeros fragmentos de esa entrevista, para poder después desarrollar los conceptos teóricos de la psicosis blanca.

Consideraciones introductorias:

Donnet y Green plantean que en su tiempo aquello que se sabe de la neurosis no está mayormente en discusión, por lo cual tampoco interesa demasiado a los psicoanalistas.

Lo contrario ocurre con la psicosis, que, poco trabajada por Freud, provoca una fascinación particular. Por otro lado, afirman que si se lleva suficientemente a fondo el análisis de una neurosis, aparece una serie de mecanismos psicóticos que trabajan de modo no explícito.

Por otra parte, dicen que: “La clínica psicoanalítica reconoce, hoy en día, un número creciente de casos que los autores denominan “borderline”, estados límite o estados fronterizos (de la psicosis), que son pacientes que presentan un “núcleo psicótico”, casos de psicosis latente, etc.” (Donnet, Green, 1973, p. 224).

Por esta razón se vuelve del mayor interés profundizar en el conocimiento psicoanalítico de estos estados mediante el estudio en profundidad de un caso único, a partir del cual sea posible extraer conocimientos generalizables y de utilidad clínica.

El Caso Z

Los autores describen a Z como a un hombre joven, con anteojos oscuros, con rasgos finos y cabellos que caían sobre su espalda. Sus gestos contenidos y su impasibilidad le conferían un aspecto hierático, un poco “crístico”.

Se sentó frente al entrevistador sin prestar atención a las tres personas que se encontraban presentes, ni al micrófono, que se hallaba en una mesa al costado.

El entrevistador le pide que hable de la manera más libre posible, a los efectos de poder ver cuál es la mejor manera de ayudarlo.

Comienza diciendo que no es hijo del mismo padre y agrega “mi madre ha tenido relaciones con su yerno, y yo soy el hijo de eso”. Agrega que tal situación fue inicialmente ocultada y que el esposo legítimo de su madre lo reconoció. Todo esto dio lugar a dos divorcios: el de la hija y su esposo, y el de su madre y su marido legítimo.

Él ha vivido con su madre y después con sus medio hermanos, por lo cual ha sufrido una influencia que considera le ha sido nefasta, porque le hicieron hacer cosas y él fue criado a su imagen.

Posteriormente su madre hizo pareja con otro hombre, con el cual también hubo disputas.

Cuando tenía 14 ó 15 años hubo un problema de alojamiento, por lo cual quedó en la calle y durante 6 meses durmió casi en el piso.

En ese momento era músico y a los 18 años hizo una depresión, tuvo angustia y vértigo y no ha cesado de sentirse así.

[En este punto los autores señalan que el modo de su discurso, contrastante con la situación que evoca, impresionaba por su pobreza, era lineal y sintácticamente confuso, en el que los afectos no se trasparentaban ni era perceptible modulación alguna]

Tras un largo silencio el entrevistador dice “si…?”

Z continúa diciendo que, a pesar de su depresión, se sentía con fuerzas para continuar, si bien no había sido feliz ni se llevaba bien con su madre.

Tuvo un accidente en la vía pública, tras lo cual conoció a un director de orquesta con el cual comenzó a trabajar, hombre simpático y gentil. Con él y su esposa sintió un clima diferente porque le tenían afecto.

Tras un tiempo, considerando que ha sido desdichado hasta ese momento, le pregunta a su madre por su padre, ya que algo había oído de aquella historia. La madre le da la dirección, va a verlo y vive tres meses con él. “Allí pasó una cosa bastante formidable, me renové a mí mismo” La cosa iba bien, pero el padre no pudo tenerlo con él y tuvo que irse, a raíz de lo cual se sintió completamente en cero, sin apoyo moral.

Tuvo que volver a la casa de la madre, situación que se le hacía intolerable.

Agrega que si hubiera crecido con el padre su vida hubiera sido diferente, que él ha sido la sombra de sus medios hermanos, que han influido sobre él (p. 37).

Ésta es la reseña de las 4 primeras páginas de la entrevista (cuya extensión es de 24 páginas). La intención de esta breve reseña es solamente dar alguna idea acerca de la presentación del paciente.

Reflexiones sobre el caso:

Donnet y Green postulan que a partir del estudio minucioso y prolongado de este caso, han advertido una configuración clínica que desean llamar “psicosis blanca” y aclaran que esta invención terminológica está tomada de la descripción que hace B. Lewin sobre los “sueños blancos”, que son aquellos cuyo contenido es una pantalla blanca.

“La psicosis blanca es entonces, para nosotros, esa psicosis sin psicosis, en la que el análisis nos permite acceder al “ombligo” de la psicosis [así como Freud ha hablado del “ombligo del sueño”]: estructura matriz como condición de posibilidad de la elaboración psicótica, sin que tal elaboración tenga necesariamente lugar” (Ibid, pp. 225-226).

Hablan de una potencialidad psicótica, fruto de una estructura y de una historia, potencialidad que se desarrollará, o no, en función de las series complementarias entre la potencialidad mencionada y los objetos y eventos con los que el sujeto se encuentre.

Agregan que lo que habitualmente observan son descompensaciones transitorias seguidas de curaciones, lo que da al cuadro su perfil periódico, en línea quebrada y que los psicoanalistas saben bien cómo una psicosis infantil puede curar mediante la constitución de un carácter rígido.

Por otra parte, encontramos en la psicosis blanca síntomas banales y comunes, no una producción sintomática excepcional. Z está deprimido, como podría estarlo cualquiera, y sufre una mala influencia. Pero cualitativamente, tanto la depresión como la influencia pertenecen a un registro que reenvía al funcionamiento mental psicótico “como lo muestra su impotencia para pensar, para pensar su situación y su conflicto” (p. 228).

Lo que los autores se proponen a esta altura del libro es definir la naturaleza y estructura de ese núcleo psicotizante, de esa psicosis blanca (p. 226)

La pulsión y el pensamiento:

Si bien inicialmente Freud busca conceptualizar la psicosis -al igual que la neurosis- desde el punto de vista de la teoría de la libido, posteriormente se preocupa de la relación del psicótico con la realidad, o, mejor dicho, con las representaciones de dicha realidad.

“En la psicosis, el remodelamiento de la realidad tiene lugar en los sedimentos psíquicos de los vínculos que hasta entonces se mantuvieron con ella, o sea en las huellas mnémicas, las representaciones y los juicios que se habían obtenido de ella hasta ese momento y por los cuales era subrogada en el interior de la vida anímica” (Freud, 1924, p. 195).

Esta cita muestra con claridad que, para Freud, “…el problema de la psicosis es el problema sufrido por el pensamiento” (Donnet, Green, 1973, p. 229).

Se podría decir entonces que la psicosis entraña un conflicto entre la pulsión y el pensamiento, o que, a diferencia de la neurosis “…el pensamiento es atacado por la pulsión” (Ibid, p. 230).

Si bien en la neurosis el pensamiento puede ser subvertido por el deseo, el aparato para pensar permanece a salvo.

En la psicosis, en cambio, encontramos dañado no sólo el proceso secundario, sino también el proceso primario (que intenta desesperadamente una reconstrucción delirante, como tentativa de curación), ya que el aparato para pensar ha sido herido en su integridad.

Es, por tanto, del lado del pensamiento en donde hay que buscar la naturaleza de lo más específico de la psicosis.

El delirio y la depresión

“Cuando el psicoanalista se encuentra frente al psicótico, entre las múltiples cosas que pueden impresionarlo no hay ninguna más reveladora que las que tienen que ver con el pensamiento” (p. 239).

Sin embargo, no es habitual que se hable de ello, como si el analista permaneciera prisionero de sus referencias habituales, que lo conducen a interesarse por las estructuras y emergencias del deseo.

El analista sitúa a su paciente entre dos límites extremos: uno es el del delirio, en el que vemos una actividad de sobresignificación. El pensamiento se embala y no hay nada que no signifique algo. El psicótico ve todo hecho como significativo y se ve en el centro de una red de significaciones dirigidas a él.

Es importante el funcionamiento mental que acá tiene lugar. En el centro de esta economía encontramos el rol de la identificación proyectiva de la psicosis. El pensamiento debe desprenderse continuamente de retoños pulsionales, a través de una actividad loca de pensamiento.

En el otro extremo, lo que impresiona al analista es la considerable inercia, el anonadamiento del pensamiento. “El psicótico se queja de tener un agujero en la cabeza (impresión de cabeza vacía), de ser incapaz de pensar. Nada tiene significado, los pensamientos son fragmentarios, en trozos, sin que exista nexo alguno entre ellos. El psicótico parece sumergido en una ensoñación sin fin” (240).

Y si bien en ciertos casos se desarrollan ciertas fantasías en su conciencia, esta actividad psíquica parece escasa, pobre, poco elaborada y es mucho menos espectacular que la incapacidad de la que se queja el psicótico, que le impide a menudo toda actividad intelectual.

“El estupor (atontamiento) afectivo (“marasmo”) es igualmente una parálisis del pensamiento. Lo que siente el analista es que este régimen de hibernación mental es el fruto de una persecución del pensamiento, que se manifiesta por una actividad de clivaje incesante que impide la puesta en relación de los pensamientos entre sí.

Una consecuencia de ello es la depresión -a ser tomada en este caso, posiblemente, en sentido literal- depresión no afectiva, sin dolor psíquico, que hace del psicótico retirado del mundo, una persona que ha perdido la realidad, que ha perdido la facultad de transformar los datos que llegan a su psiquismo. Que se trate de una pérdida, aún más que de un repliegue, da cuenta de este aspecto de vacío por el cual la depresión se manifiesta” (240-241).

Más adelante, Green habla de los dos tipos de angustia, presentes en el paciente (de intrusión y de pérdida) y se pregunta: ¿De qué manera inciden en el pensamiento?

Esboza las siguientes respuestas:

a) Por la imposibilidad de constituir la ausencia. Hablando de Winnicott y de la capacidad de estar a solas en presencia de la madre, dice: “…es la creación de este espacio solitario el que torna posible la elaboración fantasmática” (p. 270).

Y más abajo “El fracaso en la constitución de esta área de soledad, debido al exceso de presencia o de ausencia, estaría en el origen de esta parálisis del pensamiento” (Ibid).

[A la parálisis del pensamiento le llama también “vacío” y da ejemplos “No hay nada en mi cabeza…el vacío” (p. 270)].

Comparando el vacío en la depresión y en la psicosis blanca, dice que en aquélla el vacío es un efecto de la acción combinada del Superyo y del Ideal del Yo. “En la psicosis blanca ese vacío parece más bien ser la expresión de las pulsiones destructivas que atacan el proceso de ligazón”

“El vacío depresivo parece un resultado del castigo del Superyo, que prohíbe pensar. El vacío de la psicosis blanca parece menos ligado a la noción de culpabilidad o de vergüenza -no parece tener significación punitiva- y parece más bien abocarse a los procesos de ligazón, en tanto son una función de despertar de la conciencia a la realidad” (Ibid)

“Parece que hay que atribuir esta parálisis del pensamiento a un doble origen. Por un lado, es el resultado de una desinvestidura activa, debida al ataque de las pulsiones destructivas sobre el pensamiento en tanto que actividad del yo susceptible de favorecer el despertar del Yo, la comunicación entre procesos primarios y secundarios, y, por otra parte, como expresión del Superyo que prohíbe expresar, a la vez, el deseo de destruir al objeto malo omnipotente y expresar el resentimiento por el abandono del objeto bueno impotente.

En la medida en que esta parálisis del pensamiento es el resultado de la introyección, tiene lugar como introyección de un objeto neutralizado, vaciado (por la proyección) o de un objeto vacío (por su ausencia).

La desinvestidura puede también producirse para proteger las investiduras de la destrucción, tomando la delantera, por así decir, en una operación suicida” (p. 271).

Hasta aquí la reseña del texto sobre la psicosis blanca, que permite ver algunos de los temas centrales que fueron planteados por Green en una obra que posee la mayor importancia, ya que se encuentra en la base de muchos desarrollos futuros de este autor. Entre otros, puede considerarse el importante trabajo presentado en un congreso y que es considerado hoy en día como un hito en el psicoanálisis contemporáneo (Green, 1974).

Para vincular este trabajo con el escrito sobre la madre muerta, desearía poner el acento en el tema de la desinvestidura en la psicosis blanca, tema que se encuentra en el núcleo del trabajo de 1980 que estamos comentando en esta serie de posts.

Autor: Gustavo Lanza Castelli

e-mail: gustavo.lanza.castelli@gmail.com

página web: http://www.mentalizacion.com.ar/

 

Referencias:

 

Donnet, JL, Green, A (1973) L’Enfant de Ca. Psychanalyse d’un entretien: la    

      psychose blanche. Les Éditions de Minuit

Freud, S. (1924) La pérdida de realidad en la neurosis y la psicosis.

Buenos Aires: Amorrortu editores, T XIX, 1979.

Green, A. (1974) El analista, la simbolización y la ausencia en el encuadre psicoanalítico

En (1986) De locuras privadas, Buenos Aires: Amorrortu editores, 1990.

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