La búsqueda del verdadero Self y la escritura

 

“El mejor ejemplo que puedo darles es el de una señora de mediana edad que tenía un self falso muy eficaz, pero que durante toda la vida había experimentado la sensación de no haber empezado a existir y de que constantemente había estado buscando un medio de alcanzar su verdadero self”

D.W. Winnicott “Deformación del ego en términos del falso y verdadero self”

 

En la experiencia clínica vemos que en toda una serie de demandas de análisis se encuentra presente, por parte de quien consulta, la búsqueda de sus verdaderos deseos, de los que se encuentra alienado; del propio proyecto personal, que no llega a discernir o a configurar; de la toma de una decisión que sea la expresión plena del propio sentir, que no logra registrar o clarificar.

La problemática del falso y verdadero self, caracterizada por Winnicott (1960; Casas de Pereda, 1990; Pontalis, 1977) se hace presente entonces, en estos casos, como algo de la mayor importancia.

Como sabemos, este autor clasifica de la siguiente forma las organizaciones del falso self:

1: el falso self se establece como real y el verdadero self se halla oculto (o no desarrollado)

2: el self falso defiende y protege al verdadero, al que le permite una vida secreta.

3: el falso self busca las condiciones que permitan al verdadero self entrar en posesión de lo suyo.

4: el falso self se edifica sobre identificaciones.

5: el self falso se halla representado por la actitud cortés y por no llevar “el corazón en la mano” (Winnicott 1960, pp. 142-143).

Planteando tres de estas alternativas de un modo más descriptivo, podríamos diferenciarlas de la siguiente forma:

En algunas ocasiones el sujeto se desconoce, se oculta a sí mismo, muestra una falsa imagen ante los demás y a veces se confunde con ella. O, alienado en una forma impuesta desde afuera, ignora su propia voz, sofocada en su interior o impedida de constituirse. En la etiología de este desenlace encontramos una madre que no ha respondido al gesto espontáneo del niño, sino que ha puesto en su lugar el suyo propio, lo cual conlleva la sumisión al mismo por parte de aquél. “Esta sumisión por parte del niño constituye el estadio más temprano del falso self y es propia de la incapacidad materna para sentir las necesidades del niño” (Ibid, p. 145).

En estos casos, al crecer, el niño suele adaptarse a las exigencias y expectativas del ambiente, creando relaciones falsas y llegando a ser, eventualmente, una copia de la madre o del personaje dominante del hogar. En su modo de existencia puede aparecer un sentimiento de futilidad o de irrealidad.

Cuando predomina el verdadero self, en cambio, no tiene vigencia la sumisión sino la espontaneidad. El gesto espontáneo, la idea personal y la creatividad expresan lo más precoz del verdadero self.

En otros casos, la conexión consigo mismo se halla perturbada en relación a algunos aspectos de la propia subjetividad, en razón de diversos conflictos intrapsíquicos que vuelven inaccesible una parte del propio interior, sin que el verdadero self se halle plenamente sofocado.

Otras veces, el sujeto tiene una conexión significativa consigo mismo, pero las características de su relación con los otros, en quienes encuentra incomprensión, crítica o desinterés, le obligan a mostrar una fachada que no lo representa, mientras que lo que considera su verdadero ser lleva una vida secreta en su interior, impedida de expresión.

Tenemos, entonces, situaciones clínicas diferentes. La que resulta menos problemática es aquella en que el paciente tiene conexión con sus propios pensamientos y sentimientos, pero no puede manifestarlos ni compartirlos con aquellos con quienes se relaciona. El inconveniente que ello trae consigo es que, al no poder dar forma verbal a ese mundo interno, ni vivirlo en un vínculo, éste no logra desarrollarse plenamente y adquirir todo el relieve y riqueza que podría poseer si le fuera dado conquistar una expresión. En la medida en que no es posible incluirlos en el diálogo con el otro, los diversos movimientos internos que podrían surgir y desarrollarse en su mente (vivencias, pensamientos, sentimientos,  reflexiones, fantasías, etc.) quedan apenas como esbozos o conatos sin desplegar en su interior y son finalmente desatendidos y olvidados. Por otro lado, tampoco el sujeto logra tomar conciencia plena de los diversos aspectos y matices de los mismos.  

En toda otra serie de casos, como hemos dicho, el verdadero self, la propia y genuina subjetividad, no se ha constituido, o lo ha hecho escasamente, debido a la sumisión al poder configurador de un Otro (la madre primordial) al que el sujeto se ha sometido. En este último caso, la persona lleva una vida ajena, sea que se de cuenta, o no, de ello.

Muchas veces encontramos una combinación de estas diversas alternativas: en ciertos sectores la verdadera voz no se ha constituido, pero sí en otros donde, no obstante, por motivos defensivos no llega a ser percibida; en otros, por último, no puede expresarse debido a problemas vinculares, aunque sea registrada de algún modo.

En el trabajo psicoterapéutico sobre estas problemáticas, la escritura en el diario personal (o “diario de autoexploración”, Lanza Castelli, 2010) se revela como un inestimable aliado, ya que proporciona un espacio fecundo para que el paciente trabaje sobre la indagación de sus genuinos sentimientos y deseos, sobre el interrogante acerca de sus verdaderos pensamientos, anhelos y proyectos, así como sobre la detección de todo aquello que no es auténtico en él, que no lo representa.

Cuando la conexión consigo mismo es mayor y el sujeto tiene algún acceso a sus vivencias genuinas, el carácter secreto del diario, que el terapeuta debe siempre respetar, es de la mayor utilidad para que pueda expresar en él todo aquello que, por diversos motivos, no encuentra mayores posibilidades de ser expresado en la vida social, en la relación con los otros (Alberca, 2000).

Muchas veces el paciente mantiene con las personas que lo rodean una actitud sobreadaptada, en la que deja de lado su sentir más propio. El espacio del diario puede serle de utilidad, entonces, para que esos sentimientos y vivencias íntimos que no han encontrado un cauce en el vínculo con los otros, se expresen no obstante, lo cual es una forma de entrar en contacto con lo genuino de uno mismo y, de este modo, mantener vivo ese centro personal hasta que sea posible incluirlo en relaciones más auténticas con los demás.

El diario puede funcionar también como un refugio en el que, protegido de la censura, la crítica y la incomprensión, el verdadero self se desarrolle. Ahí es posible despojarse de los convencionalismos, de lo que se debe ser o hacer, de lo que se espera de cada quien, y decir la propia verdad, de modo tal que, al hacerlo, también quien escribe se entera mejor de cuál es esa verdad.

Algunos pasajes de escritos y entrevistas de Anaïs Ninn ilustran esta alternativa.

“La falsa persona que he creado para el disfrute de mis amigos. La persona alegre, optimista, receptiva, que cuida, siempre accesible, siempre dispuesta con simpatía, tenía que tener su otra existencia en algún lugar. En el diario podía restablecer el balance. Aquí podía estar deprimida, enojada, desconsolada, desalentada. Aquí podía dejar salir mis demonios”

                                                              Anaïs Ninn (diario) (Cit. por Tristine Rainer, p. 68)

“..[el secreto] me ayudó a hacer la separación entre mis self real y el rol que la mujer debe desempeñar, los roles que la cultura me impuso en tanto mujer, y que yo cumplía. Pero, al mismo tiempo, el diario mantenía vivo mi otro self y mostraba lo que yo realmente quería, lo que realmente sentía, lo que realmente pensaba” (Hinz, 1975, p. 155).

“…en este refugio podía decir siempre la verdad  y expresar lo que verdaderamente pensaba de mis amigos. El diario se convirtió no sólo en un compañero, de modo tal que no me sintiera perdida en un país extraño, con un idioma que no podía hablar, sino también en una fuente de contacto conmigo misma. Era un lugar en el que podía decir la verdad y en el que sentía que nadie iba a mirar” (Ibid, p. 157)

Esta “verdad” de la que habla Anaïs Ninn puede encontrarse más o menos articulada en el interior del sujeto, y se trata entonces de exteriorizarla, expresarla y darle forma verbal, o puede ser descubierta en el momento mismo en que se la va escribiendo.

La siguiente anotación, del diario de una mujer de 45 años, ilustra esta última alternativa.

“Yo escribo en forma desordenada y rápida sin pensar en lo que voy a escribir, las ideas van surgiendo solas como las preguntas los miedos, las angustias. Es como si se filtraran sin que yo me diera cuenta, y sin darme cuenta también, descubro o tomo mayor conciencia, de que estaba triste o contenta o preocupada; de lo importante que fue tal cosa o tal otra, o al revés.etc (….)

Uno al escribir se va conociendo cada vez un poco más, descubriendo o afirmando aspectos de su personalidad, deseos postergados, cosas que lo harían  feliz, como las que lo perturban o lo limitan, etc.

(….) el escribir nos orienta hacia nuestra vida interior, sueños , fantasías…Es como un mapa. Al escribir uno tiene más claramente la dirección a seguir. De esta manera muchas veces nos encontramos con lo que realmente somos, nos encontramos con sentimientos que desconocíamos o deseos que estaban guardados en algún lugar.

Cuando esto nos pasa, tenemos la posibilidad de darle más espacio a nuestro verdadero yo, dejando que se exprese y se muestre, a ser más sinceros con nosotros mismos. Si logramos vencer el miedo que nos produce descubrirnos tal cual somos o sentimos, como a las consecuencias que suponemos nos llevaría ese descubrimiento, y seguimos escribiendo, logramos aclararnos cada vez más, y esa claridad nos lleva al cambio”.

La autora de este fragmento se refiere al uso que hace de la escritura libre, la cual puede ser utilizada de diversas maneras. Dos de ellas, que creo son de utilidad clínica, son las siguientes: se le puede proponer al paciente que todas las mañanas escriba de corrido y lo más rápido que pueda lo que le venga a la mente, sea lo que sea, y tratando de hacer a un lado las objeciones críticas, en una extensión de dos o tres carillas, o durante un período de tiempo acotado.

Otra variante es que el paciente lleve a cabo la escritura libre partiendo de determinadas “palabras estímulo” que puede acordar previamente con su terapeuta, o que elige de acuerdo a los problemas que lo aquejan en ese momento. Suele revestir particular interés el trabajar de esta forma a partir de palabras o ideas clave que han surgido en la sesión.

El trabajo con este modo libre de escribir es sumamente interesante porque el paciente descubre, a poco andar, que de este modo se pone en juego una escritura “generativa” (Peter Elbow) desde la cual emergen pensamientos que no había pensado previamente, sentimientos que no había registrado con anterioridad,  en los que se expresan aspectos importantes de la propia subjetividad.

Desearía ahora mencionar, con algún detalle, el caso de una paciente en la que se advertía una problemática relacionada no tanto con la dificultad de expresar y compartir la propia subjetividad, sino con una sofocación del verdadero self y el sentimiento de que no había hecho nada por sí misma en su vida, y que no tenía nada que fuera realmente propio

La paciente, a la que llamaré Laura, tiene  55 años de edad en el momento en que consulta y es profesora de inglés. Acude en una situación de notoria desorientación vital, debida a la muerte de su ex pareja ocurrida un año antes, en torno a quien había organizado su vida durante los 15 años en que estuvieron juntos. Decía que ahora no sabía qué hacer ni cómo salir de la situación en la que se encontraba. También la aquejaba una fuerte depresión y se sentía sola y sin amistades ni lazos importantes. Había vuelto a vivir con su madre, con quien tenía un vínculo muy conflictivo.

Después de un primer tiempo en que nuestro trabajo giró en torno a la pérdida de su pareja, comenzaron a aparecer preguntas que Laura se hacía respecto a qué era  lo que quería de la vida, cuáles eran sus verdaderos deseos y objetivos.

Le resultaba angustiante preguntarse esto, ya que sentía que no tenía deseos propios, que toda su vida había actuado en función de los demás, buscando anticipar y satisfacer los deseos del otro, de modo tal que esto, decía, le había impedido enterarse de los propios.

Reconducía esta posición suya a la relación con su madre, de la que siempre fue “un calco”. Hija única, sus padres se separaron cuando ella tenía 11 años. Quedó viviendo con su madre quien tenía hacia ella actitudes fuertemente hostiles y desvalorizantes, a la vez que le decía que esperaba que Laura cuidase siempre de ella y que la mantuviera económicamente cuando fuese mayor.

El hecho de estar viviendo ahora con su madre le permitía advertir cuánto se parecía a ella, cuántas de las cosas que pensaba, hacía y decía, eran réplicas de la de su madre.

Laura manifestaba que le era de mucha utilidad, para esta comparación, la relectura de su diario, ya que en él encontraba consignados como propios, pensamientos, creencias y frases que -ahora lo veía- eran de su madre.

En el trabajo con su diario quedaron privilegiadas dos formas: una de ellas, como queda dicho, la relectura. La otra, la escritura libre, por medio de la cual Laura buscaba que emergiera de ella lo más profundo de sí, aquellos pensamientos, sentimientos y fantasías a los que no tenía acceso de otra manera -como no ser en sueños-  en un intento de que apareciera algo “propio”.

En una anotación, escrita meses después de que comenzáramos con esta tarea, Laura sintetiza de la siguiente forma la utilidad que para ella tuvo el trabajo con el diario de autoexploración:

“Para qué escribo? Escribo y releo para encontrar en la escritura lo que el pensamiento no me responde, lo que Gustavo me ayuda a encontrar en las sesiones. Escribo para encontrar mensajes que me digo a mí misma, descripciones que los demás hicieron sobre mí y que las creí durante años. El análisis y la escritura me permiten desarmar ese “collage” de opiniones, identificaciones, ideas que me dieron forma y ver qué queda creíble de todo eso en este momento tan particular que es estar con un pie puesto en los 55 años.

Releo y descubro en mi diario repeticiones, repeticiones y más repeticiones, del estilo “no nos tocó””, ”no es para mí”, ”no va a salir”, “no voy a poder”. Es sin fin. Descubro identificaciones fuertes y veo que estuve viviendo la vida de otros sin saberlo, especialmente la de mi madre. Ahora tengo que desarmar y armar de nuevo, no es fácil.

Aún en la intimidad de la escritura, sabiendo que escribo para mí y para compartir con Gustavo algo que yo decida, me resulta difícil ser espontánea y libre. Pero pasando el tiempo, entre las formas convencionales, los sistemas de pensamientos familiares heredados, lo aprendido, las obediencias que determinan conductas, de las que no tenia la menor idea de estar repitiendo, se filtra algo.  Sí, de pronto, entre la madeja de lo repetitivo, de lo heredado, se filtra algo propio, inédito, creativo, al comienzo algunas palabras, algunas frases, luego pensamientos completos.

El diario me despierta, me avisa que en esas palabras que escribí casi sin darme cuenta, estoy yo, o está esa parte mía reclamando ser atendida, escuchada, respetada. Esa parte mía que no desea ya vivir de lo heredado, de obedecer pautas construidas a través de los años. El diario me abre un espacio  para encontrar lo mío, lo propio, lo diferente nunca puesto en acción.

El diario  me da la esperanza de encontrar mis palabras, sacarme la carga de lo que debo ser o parecer  y dar vida a esa persona que soy,  ese ser que cuando escribo se asoma y me advierte que ahí está, esperando que lo tenga en cuenta.  Ese ser que quiere  expresarse, ser él mismo y no solo el reflejo de la vida de otros”

 La paciente comenta reiteradamente en sesión que se sorprende al releer sus anotaciones. Ahora que vive nuevamente con su madre puede observar cotidiana y detenidamente los dichos de ésta, sus creencias y opiniones, su modo de ser y de actuar. Simultáneamente descubre, en la relectura de su diario, estos mismos dichos, modos de ser, creencias y opiniones que ha vertido ahí como propios. La relectura le es de enorme utilidad para hacer esta comparación y descubrir que en lo que ha escrito llega al nivel de la réplica.

Los sentimientos que le despierta esta constatación son intensos, sorpresa, angustia, cólera, se entremezclan en su interior. Advierte cómo ha estado viviendo una vida ajena, sin darse cuenta, cómo ha sido la vida de otro -su madre-  la que ha encarnado en su existencia durante tanto tiempo, sin enterarse de que era así, ya que le faltaba la posibilidad de interrogarse por ello, así como la distancia necesaria para poder objetivarse y comparar. Ahora, en la relectura, se descubre como un collage que tiene que desarmar para ver qué de eso la representa [”El análisis y la escritura me permiten desarmar ese “collage” de opiniones, identificaciones, ideas que me dieron forma y ver qué queda creíble de todo eso en este momento tan particular que es estar con un pie puesto en los 55 años”]

Laura siente que esto no es fácil, ya que pesan mucho sobre ella las formas convencionales, los pensamientos familiares a través de los cuales siempre ha visto el mundo, las conductas que ha realizado habitualmente en obediencia a parámetros y pautas ajenas, las repeticiones. Y todo esto, reitero, repetido una y otra vez a lo largo de su vida, sin saber que lo repetía, que obedecía, que vivía una vida ajena [”…las formas convencionales, los sistemas de pensamientos familiares heredados, lo aprendido, las obediencias que determinan conductas, de las que no tenia la menor idea de estar repitiendo”]

Es significativo, y fue de la mayor importancia clínica, que junto a todo este cúmulo de identificaciones y repeticiones, a partir de cierto momento, comenzaran a emerger en su escritura pensamientos y vivencias que sentía diferentes a todo lo anterior, que tenían el sabor de lo personal y lo genuino [”Sí, de pronto, entre la madeja de lo repetitivo, de lo heredado, se filtra algo propio, inédito, creativo, al comienzo algunas palabras, algunas frases, luego pensamientos completos”].

En este punto de su trabajo en terapia y en su actividad de escritura, la paciente comienza, como un modo nuevo de realizar anotaciones, a escribir poesías en su diario, al principio de modo simple, escueto, luego de un modo cada vez más elaborado. Laura está muy contenta con esta novedad, siente que surge de su interior una creatividad inédita y advierte, en la emergencia de estos poemas, algo suyo, totalmente personal.

Una vez que completa una docena de poesías que le gustan y que siente que la representan, se presenta en un concurso y obtiene una mención. Es difícil transmitir la alegría y el orgullo que experimenta cuando tal cosa ocurre. Laura siente que ha encontrado un camino, que tiene capacidades creativas que desconocía. Para esa época comienza a concurrir a un taller de escritura.

El bienestar y el incremento de la autoestima que este descubrimiento le proporciona se proyectan sobre otras zonas de su vida en las que comienza a sentirse más segura, con nuevas fuerzas y una confianza naciente en sus propias posibilidades.

En el transcurso de este proceso la paciente consigna la importancia del diario como un lugar en el que dar nacimiento a este proceso [”El diario me abre un espacio  para encontrar lo mío, lo propio, lo diferente nunca puesto en acción”].

En lo que hace al trabajo en sesión, simplemente quiero señalar (ya que no es éste el tema de este post) que fue notable la utilización que durante la misma podíamos hacer del trabajo que Laura llevaba a cabo en la semana.

Esta utilización consistió en el establecimiento de una dialéctica, un “círculo virtuoso” entre aquello que veíamos en la sesión, el trabajo que la paciente realizaba en su diario a partir de ello (o de observaciones que realizaba por su cuenta en la semana), el aporte de los resultados de su trabajo en la sesión siguiente, que eran retrabajados en el ámbito del consultorio…y así sucesivamente.

De este modo, fue posible observar con la mayor nitidez, la importancia de la implicación y participación activa de la paciente en el proceso terapéutico, así como la utilidad de la escritura como vía a través de la cual canalizar dichas actitudes. He desarrollado este tema con el mayor detalle, en otro lugar (Lanza Castelli, 2010).

Autor: Gustavo Lanza Castelli

gustavo.lanza.castelli@gmail.com

www.mentalizacion.com.ar

 

Referencias:

 

Alberca, M. (2000) La escritura invisible. Testimonios sobre el diario íntimo. Álava: Editorial Sendoa.

Casas de Pereda, M. (1990) ¿Existen equivalentes al falso self en Freud y en Klein?, en Casas de

      Pereda, M. (1999) En el camino de la simbolización. Producción del sujeto psíquico. Buenos

      Aires: Paidos.

Hinz, E.J. (ed.) (1975) Anaïs Nin. A woman speaks. The Lectures, Seminars and Interviews of AnaïsNin. Chicago: The Swallow Press Inc.

Lanza Castelli, G. (comp.) (2010) La escritura como herramienta en la psicoterapia.

      Madrid: Psimática.

Pontalis, J.B. (1977) Entre el sueño y el dolor. Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1978

Reiner, T. (1978) The New Diary. New York: Penguin Putnam Inc.

Winnicott, D.W. (1960) Ego distortion in terms of true and false self, en Winnicott, D.W (1965) Thematurational process and the facilitating environment. Studies in the Theory of Emotional

      Development. Madison Connecticut: International Universities Press, Inc.

 

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