Mentalización y asimilación mental: un aporte a la comprensión del mentalizar como proceso

Si comprendemos el mentalizar como aquel proceso por medio del cual es posible entender el comportamiento propio y ajeno en términos de estados mentales, estamos diferenciando una polaridad de la mayor importancia, aquella que distingue lo que tiene que ver con la mentalización del otro y con la mentalización del self.

En el presente post me centraré en este último polo (mentalización del self) y trataré de poner de manifiesto que se trata de un proceso difícil, en el que podemos diferenciar un gradiente o conjunto de estadios que van desde la nula hasta la plena mentalización. Entiendo que esto es así, al menos en lo que hace a las representaciones de experiencias problemáticas, o de problemas psicológicos (recuerdos, deseos, emociones, actitudes o comportamientos que son temidos o dolorosos, relaciones interpersonales destructivas, acontecimientos traumáticos vividos, etc.).

También Allen, Fonagy y Bateman aluden a la dificultad de este proceso, si bien no lo estudian en detalle. En su libro de 2008, dicen “La mentalización emocional es un trabajo mental esforzado, especialmente cuando las emociones son intensas e indeseadas” (p. 68).

Más adelante, refieren: “…la mentalización no es, en modo alguno, siempre sencilla. Cuando su desempeño es hábil se caracteriza por su precisión, riqueza y flexibilidad al percibir e interpretar los estados mentales y su significado. Pero podemos fallar en mentalizar de forma hábil en muchos aspectos y en variados contextos (…) aún cuando estemos implicados en mentalizar, atentos a los estados mentales, somos proclives a las percepciones y a las interpretaciones distorsionadas, habitualmente como resultado de la proyección (por ej. proyectando la autocrítica en los demás) o de las actitudes defensivas (por ejemplo, la falla en reconocer la rabia, por temor a la agresión) [nos encontramos entonces con] distorsiones defensivas” (Ibid, p. 70).

Por mi parte, considero que es posible articular el mentalizar como proceso con el modelo de la asimilación de Williams Stiles, quien diferencia una serie de pasos en dicho proceso, en función de la modalidad que adquiere la aparición de los contenidos en la conciencia del sujeto (Stiles, Osatuke, 2000).

Si lo vemos desde este punto de vista, podríamos decir que en toda una serie de casos, en particular cuando se trata de experiencias problemáticas respecto de las cuales se han erigido operaciones defensivas, es preciso realizar un recorrido, ejecutar una serie de pasos a través de los cuales se va integrando la experiencia problemática, sea que éste consista en un deseo rechazado, o en un trauma padecido (como una situación de abuso, por ejemplo). En estos casos la mentalización de dichas experiencias incluye también un componente esencial, consistente en la integración o asimilación de las mismas en los esquemas preexistentes del sujeto. Por ejemplo, para un paciente que se ufana de su independencia, la posibilidad de mentalizar deseos de dependencia puede resultar altamente problemático. El proceso mentalizador que eventualmente tenga lugar, en el curso de una psicoterapia exitosa, incluirá la necesaria reconfiguración del esquema del self para alojar en él los elementos previamente rechazados. No se trata entonces sólo de conocer los estados mentales previamente ignorados, sino de aceptarlos, integrarlos o asimilarlos. En este proceso, en el que hay que luchar con fuerzas que se oponen y con resistencias de variada intensidad, se pone en juego una correlación de fuerzas cuyo vigor es necesario tener en cuenta, como así también la forma de trabajar sobre aquellas que se oponen a la integración.

El aporte de Stiles consiste en proponernos un gradiente en este proceso de asimilación, que permite no sólo una mejor comprensión del proceso que tiene lugar, sino también la diferenciación de estrategias de abordaje según el punto de la escala en que se encuentre el paciente.

En lo que sigue, reseño los 8 estadios (o niveles) propuestos por Stiles, que están organizados al modo de una escala con puntuación, y los aplico a la reflexión del mentalizar como proceso. Posteriormente ilustro este proceso con un ejemplo del mismo Stiles.

Niveles en el proceso de asimilación de las experiencias problemáticas (O Escala de la asimilación de experiencias problemáticas):

a) En el primer nivel (Evitación o rechazo, puntuado con 0) el paciente no es consciente de la experiencia problemática, que ha quedado excluida de su consciencia por medio de una operación defensiva. Suelen observarse manifestaciones que indican una evitación activa de todo contacto con dicha experiencia (por ej. el paciente cambia de tema cuando el terapeuta hace alguna referencia a un tópico relacionado con ella). El desarrollo de afecto suele ser mínimo en este nivel.

Vemos que en este caso se encuentra bloqueada la capacidad de llevar a cabo un monitoreo metacognitivo, de aprehender los propios estados mentales y de reflexionar sobre ellos, debido a la acción de una defensa que los torna inaccesibles. Esta eventualidad debe diferenciarse de aquella otra en la que el paciente no es capaz de llevar a cabo dicha aprehensión debido a un déficit o colapso en el mentalizar, propio de los así llamados trastornos de la personalidad. De todos modos, cabe decir que lo habitual es la coexistencia de ambas alternativas en un mismo sujeto.

b) El segundo nivel (Pensamientos rechazados, puntuado con 1) es aquél en el que comienzan a aparecer pensamientos displacenteros en los que el paciente prefiere no pensar, pero que se activan debido a acontecimientos externos o a verbalizaciones del terapeuta. Lo que aparece en primer plano, más que el contenido ideacional, es el afecto, que suele consistir en ansiedad, miedo, enojo o tristeza, y que el paciente ya no puede inhibir de un modo tan contundente como antes.

El movimiento a lo largo de este nivel, desde 1.1 hasta 1.9, implica un incremento en la intensidad de los sentimientos displacenteros y un fracaso progresivo en la evitación.

Se pone en juego acá un grado todavía leve de la mentalización de la afectividad, por medio de la cual el paciente comienza a identificar sentimientos previamente inhibidos, si bien todavía no puede ligarlos con el vector representacional, ni con la situación que les dio origen.

c) En el tercer nivel (Consciencia vaga, puntuado con 2), el paciente identifica que existe una experiencia problemática y puede hasta cierto punto describir los pensamientos desagradables asociados, aunque no pueda formular todavía claramente el problema. El afecto incluye dolor o ansiedad asociada a los pensamientos y experiencias problemáticas. El movimiento a lo largo de este nivel, desde 2.1 hasta 2.9 supone una clarificación progresiva de las representaciones y los pensamientos, a la vez que una disminución en la intensidad y difusión del afecto.

La disminución del rigor de la operación defensiva, permite que la mentalización avance un paso más, ya que ahora el monitoreo permite la identificación (todavía vaga y poco precisa) de pensamientos previamente ignorados.

d) En el cuarto nivel (Planteo del problema/clarificación, puntuado con 3)  el paciente es capaz de plantear con claridad el problema como algo en lo que se puede trabajar. El afecto es negativo pero manejable.

El recorrido a lo largo de este nivel, desde 3.1 hasta 3.9 supone un trabajo activo, focalizado en el intento de comprender la experiencia problemática.

Desde el punto de vista de la teoría de la mentalización, podríamos decir que en este nivel la mentalización reflexiva se vuelve más potente y que el discernimiento que se logra de las representaciones es mayor. El sujeto es capaz ahora de representarse con claridad sus propios estados mentales, a pesar del malestar que todavía experimenta.

e) En el quinto nivel (Comprensión/insight, puntuado con 4) la experiencia problemática se incluye en un esquema, es formulada, entendida, posee  nexos claros con otros pensamientos o con determinadas situaciones. Suele incluir experiencias de “aha”. El afecto puede ser mixto: en parte displacentero, pero  también incluye curiosidad o agradable sorpresa

El recorrido desde 4.1 hasta 4.9 muestra un incremento en la claridad de la comprensión, a la vez que una aminoración del afecto negativo (o un incremento del positivo).

El proceso mentalizador ha avanzado todavía más. La capacidad para pensar acerca de los propios estados mentales (antes rechazados) se abre paso con mayor fuerza y claridad. El establecimiento de nexos indica un nivel cada vez más elevado en el  mentalizar. Asimismo, ha comenzado ya la asimilación de la experiencia problemática, lo cual implica (tal como fue dicho) la integración de dicha experiencia en los esquemas preexistentes, con la consiguiente reestructuración de los mismos.

f) En el sexto nivel (Aplicación/elaboración, puntuado con 5) Se usa la comprensión para trabajar en el problema y el paciente lleva a cabo esfuerzos específicos para solucionarlo, pero sin mayor éxito. El paciente puede considerar distintas alternativas o pensar en distintos cursos de acción. El tono afectivo es positivo, hasta entusiasta.

El recorrido desde 5.1 hasta 5.9 indica una progresiva resolución del problema en la vida cotidiana.

El mentalizar se enriquece no sólo por la mayor claridad en cuanto al problema, sino también por la posibilidad de mirarlo desde distintos puntos de vista. Se lleva a cabo, eventualmente, una acción mentalizada (Lanza Castelli, 2013) en el mundo exterior, tendiente a la resolución del problema.

g) En el séptimo nivel (puntuado con 6: Solución del problema) el paciente encuentra una solución para un problema específico. El afecto del paciente es positivo, se encuentra orgulloso del logro y satisfecho. Cuando se aleja del problema el afecto se va volviendo más neutro.

Desde el punto de vista de la mentalización, diríamos que podemos ver en acción al self como agente, capaz de basarse en la mentalización lograda para tomar decisiones y seguir cursos de acción adecuados a sus objetivos, a la comprensión de sus estados mentales y a la comprensión de los estados mentales del otro, habitualmente implicado en dicha solución (para que la acción sea mentalizada, es necesario -entre otras cosas- poder anticipar las consecuencias de la misma en el sentir del otro hacia el que va dirigida).

h) En el último nivel (puntuado con 7: dominio) el paciente utiliza las soluciones exitosamente en nuevas situaciones. Esta generalización es automática, no destacada (deja de estar en el centro de la atención). El afecto es neutro (no hay nada por lo que estar particularmente excitado).

Desde el punto de vista de la mentalización, diríamos que los procesos controlados se van convirtiendo en automáticos. Dentro de la polaridad procesos automáticos/procesos controlados hay una serie de interacciones, variables según el estado de las otras polaridades (Lanza Castelli, 2011) y del grado en que el sujeto se mantiene, o no, en un nivel mentalizador.

En el curso de la psicoterapia se trata de que los logros conseguidos mediante la aplicación de la mentalización reflexiva y deliberada, vayan incorporándose de modo tal que poco a poco se vayan efectuando de forma automática, como así también generalizando a situaciones nuevas (Fonagy et al., 1998).

Como podemos ver, la utilización de esta escala de asimilación, nos permite diferenciar distintos niveles en el proceso mentalizador e identificar con mayor claridad los distintos hitos que posee este proceso (al menos cuando se trata de experiencias problemáticas previamente rechazadas), lo cual nos permite evaluar el grado de avance que ha logrado el paciente después de un tiempo de trabajo terapéutico (en la medida en que ha pasado de niveles más  bajos a niveles más altos).

De igual forma nos permite advertir la complejidad de este proceso y la necesidad de tener en cuenta sus muchas dificultades, las fuerzas que tiene que vencer y las estrategias que hay que emplear en cada caso (no son las mismas las estrategias y técnicas cuando el paciente se encuentra en los niveles 0 ó 1, por así decir, que cuando ha llegado al nivel 4).

Ejemplo (tomado de Honos-Webb et al., 1998):

Lydia: casada, 27 años, 2 hijos de edad escolar. Consulta por depresión  que atribuye inicialmente a que su marido es adicto al juego. Fue vista durante 15 sesiones.

Lydia llegó con depresión y deseos de entender por qué se sentía así. Se describió como una persona aislada, afectivamente congelada y sin ganas de moverse. Describió depresiones y accesos de mal humor debidos a la adicción al juego de su marido, así como indefensión debido a que no podía controlar el comportamiento de su esposo.

Después de las 15 sesiones dijo que aún sentía dolor y que su situación conyugal no había cambiado. Sin embargo, las evaluaciones mostraron una marcada mejoría en su depresión.

Dijo sentirse mucho más fuerte e independiente, controlada y ayudada por la terapia.

Era un enigma cómo había mejorado tanto, a pesar de no haberse modificado lo que ella percibía como la fuente de sus problemas -la adicción de su marido.

Los 3 temas recurrentes en los que Lydia incrementó su nivel mentalizador fueron:

a) El conflicto entre su ira y su deseo de perdonar, que progresó desde la conciencia vaga (nivel 2) al nivel de comprensión (4).

b) Su sentimiento creciente de ella misma como un individuo separado, que progresó desde la consciencia vaga (2) hasta el nivel de aplicación (5)

c) Su responsabilidad en los problemas en que se encontraba en su vida, que progresó  desde la vaga consciencia (2) a la comprensión (4).

Los 3 temas estuvieron presentes desde la primera entrevista en el nivel (2).

Lydia llegó al tratamiento con resentimiento hacia su familia de origen, sentimiento que no se permitía sentir ni expresar claramente, debido al conflicto con su creencia de que tenía que perdonar.

Tenía vaga consciencia de su ira, pero la sofocaba por pensar que tenía que perdonar a los demás. No quería odiar a sus padres ni a su marido. No había tomado consciencia de la intensidad de sus sentimientos, ni había identificado el conflicto entre éstos y su creencia en el valor del perdonar como un tema que requiriese  solución.

En la medida en que la paciente pudo desplegar su resentimiento en el marco de la psicoterapia (en un ambiente seguro y contenedor), logró identificar el conflicto entre su creencia en que debía perdonar y sus sentimientos de enojo.

Su nueva comprensión incluyó el darse cuenta que el pasar por alto sus sentimientos le resultaba perturbador, lo cual supone un cambio o acomodación en su esquema -de que hay que perdonar y no enojarse- de modo tal que pudo vivenciar el sentimiento de ira.

La mentalización lograda consistió en poder enterarse de la ira, volverla aceptable y pasible de ser integrada, en lo cual vemos en acción no sólo la dimensión cognitiva del mentalizar, sino también la asimilación mental que implica.

Este caso muestra también cómo el cambio terapéutico y el alivio de los síntomas pueden tener lugar aun cuando no haya ocurrido un cambio en las circunstancias objetivas.

La mejoría sintomática de Lydia pareció entendible como expresión de su mentalización y asimilación de las experiencias problemáticas en esquemas emocionales modificados que incluían el self y la responsabilidad. La paciente no realizó cambios audaces en su vida -como dejar a su marido- pero resolvió tareas terapéuticas relevantes, una de las cuales fue el conflicto entre hostilidad y perdón.

Este ejemplo pretende ilustrar los conceptos expresados con anterioridad, según los cuales es posible comprender el proceso mentalizador de las experiencias problemáticas como un proceso complejo, que incluye también la asimilación de las mismas y que es pasible de ser diferenciado en una escala que posee ocho peldaños.

La utilidad de esta escala para evaluar el incremento en el mentalizar, relacionado con la mejoría sintomática, es ejemplificada en el caso de Lydia.

Autor: Gustavo Lanza Castelli

gustavo.lanza.castelli@gmail.com

Referencias:

Allen, JG, Fonagy, P, Bateman, A (2008) Mentalizing in Clinical Practice

American Psychiatric Publishing

Fonagy, P, Target, M, Steele, H, Steele, M (1998) Reflective-Functioning Manual,    Version 5.0for Application to Adult Attachment Interviews. London: University   College London.

Honos-Webb, L., Stiles, W. B., Greenberg, L. S., & Goldman, R. (1998). Assimilation analysis of process-experiential psychotherapy: A comparison of two cases. Psychotherapy Research, 8,  (3) 264-286.

Lanza Castelli, G. (2011) Las polaridades dela mentalización en la práctica clínica.  Clínica e investigación relacional. Vol 5, Nro 2, Junio 2011

http://www.psicoterapiarelacional.es/CeIRREVISTAOnline/Volumen5(2)Junio2011.aspx

Lanza Castelli, G. (2013) Manual para la evaluación del Test de Situaciones para la Evaluación  de la Mentalización.     http://www.mentalizacion.com.ar/images/notas/MANUAL%20DEL%20TEST%20DE%20SITUACIONES%20PARA%20LA%20EVALUACION%20DE%20LA%20MENTALIZACION.pdf

Stiles, W.B., Osatuke, K. (2000) Assimilation Analysis.

Department of Psychology, Miami University, Oxford, Ohio 45056, USA

This entry was posted in Mentalización. Bookmark the permalink.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*


+ tres = 11

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>