Evaluando la mentalización. Un ejemplo del Test de Situaciones para la Evaluación de la Mentalización (TESEM)

 

La mentalización incluye diversos procesos mentales, que deben diferenciarse de los contenidos con los que aquéllos trabajan (pensamientos, sentimientos, etc.) (Fonagy et al., 1993). Cabe diferenciar tres clases de procesos diferentes que la constituyen.

Los procesos simbolizantes y transformadores: por su intermedio nuestra mente lleva a cabo retranscripciones, transformaciones y simbolizaciones de experiencias sensorio-motrices, pulsionales y emocionales originarias, mediante la utilización de representaciones más elaborados (en necesaria interrelación con el objeto primario, cuya actitud empática, amorosa y reflexiva es imprescindible para que el proceso se desarrolle adecuadamente), con lo cual se instituye, complejiza y diferencia el mundo representacional y se tramitan de modo más adecuado los afectos e impulsos. (Lecours, Bouchard, 1997). He llamado a esta dimensión “mentalización transformacional” (Lanza Castelli, 2012).

Los procesos cognitivo/imaginativo/atencionales: estos procesos son los mencionados con mayor frecuencia en los diversos trabajos sobre el tema. Engloban una serie de operaciones mentales de complejidad variable incluidas en el término mentalizar, tales como la dirección deliberada de la atención, el recordar, el interpretar, el dar sentido, el empatizar, el imaginar, el identificar y comprender los estados emocionales, el inferir los estados mentales que subyacen a los comportamientos de los demás, etc.

Entre estas operaciones cabe incluir las actividades metacognitivas, que toman como objeto a los propios procesos y contenidos mentales, permitiendo con ello una distancia psicológica respecto de los mismos y el discernimiento de la diferencia entre el pensamiento y la realidad efectiva (discernimiento que implica la posibilidad de relativizar el propio punto de vista y considerar puntos de vista alternativos).

La posición metacognitiva favorece la comprensión del funcionamiento de la propia mente, la reevaluación de los automatismos interpretativos y atribucionales que recaen sobre el otro y sobre el propio self, y la regulación emocional (Main, 1991; Allen, Fonagy, Bateman, 2008).

Los procesos reguladores: tienen que ver con la regulación emocional, conductual y atencional, e incluyen procesos de regulación y procesos defensivos diferenciables entre de bajo, medio y alto nivel.

La evaluación de la mentalización:

Una evaluación adecuada de la mentalización se revela de la mayor importancia en toda una serie de casos y puede realizarse con propósitos clínicos o de investigación.

En lo que hace al primer objetivo, una evaluación apropiada provee al terapeuta de un conocimiento sobre los recursos y déficits del paciente en lo que hace a algunas de las capacidades que componen el mentalizar, lo que le ayudará a establecer focos de trabajo y a regular el ritmo y la índole de sus intervenciones. De igual forma, la contrastación entre la evaluación inicial y la realizada al final del tratamiento (o después de un cierto período de tiempo) permitirá contar con pautas confiables y no intuitivas para ponderar el cambio que haya tenido lugar.

El instrumento que Fonagy y colaboradores han utilizado en forma más habitual hasta la actualidad es la Entrevista de Apego Adulto (George, Kaplan, Main, 1996), evaluada con la Escala del Funcionamiento Reflexivo, mediante la cual han ponderado los cuatro dominios de la mentalización caracterizados en el Manual de la Función Reflexiva (Fonagy et al., 1998): a) conciencia de la naturaleza de los estados mentales; b) esfuerzos explícitos por inferir los estados mentales que subyacen al comportamiento; c) reconocimiento de aspectos del desarrollo de los estados mentales; d) estados mentales en relación con el terapeuta o entrevistador (Ibid).

Este instrumento, que continúa siendo el más usado hoy en día, tiene un enorme valor, aunque ha merecido diversas críticas, entre otras las referidas al tiempo que demanda, lo que lo vuelve poco práctico para el trabajo clínico (Choi-Kain, Gunderson, 2008).

Buscando revertir este inconveniente se han propuesto cuestionarios con un formato de escala Lickert para evaluar la mentalización, logrando reducir considerablemente el tiempo requerido para dicha evaluación, pero con el inconveniente de que los resultados que se obtienen con su administración suelen ser bastante  magros.

El Mentalizing Stories for Adolescents–Third Multiple Choice Version (MSA–v.3) de Vrouva y Fonagy (2008) ilustra con claridad esta alternativa.

Se han confeccionado algunas otras medidas para niños, adolescentes y adultos, un listado de las cuales puede verse en el capítulo 2 de un libro reciente (Bateman, Fonagy, 2012).

Por mi parte, junto con Itziar Bilbao Bilbao he diseñado un instrumento que evalúa la mentalización de modo diferenciado según el esquema interpersonal activado. Lo hemos denominado Método para la Evaluación de la Mentalización en el Contexto Interpersonal (MEMCI). Si bien se ha demostrado de mucha utilidad para el trabajo clínico, su administración y evaluación requieren también de un tiempo considerable (Lanza Castelli, Bilbao Bilbao, 2011).

Es ésta la razón que me ha llevado a la creación del Test de Situaciones para la Evaluación de la Mentalización (TESEM), con el que he intentado producir un instrumento que requiere un tiempo reducido de administración y evaluación, y que brinda, a la vez, información variada y de considerable riqueza sobre las habilidades mentalizadoras del paciente o entrevistado

El TESEM consta de 10 historias breves o situaciones que se le presentan al entrevistado (la administración puede ser individual o colectiva, en cuyo caso se responde por escrito). Hay dos series, una masculina y otra femenina.

Para cada historia se formulan una serie de preguntas que instan a mentalizar, sea en relación al self, sea en relación al otro. Las respuestas del entrevistado son posteriormente tabuladas, y puntuadas, de modo tal que se realizan dos tipos de análisis, cuantitativo y cualitativo.

El análisis cuantitativo se basa en la Escala para la Función Reflexiva (Fonagy et al., 1998), con algunos agregados. Por su intermedio se obtienen dos tipos de puntajes: uno específico para cada una de las facetas de la mentalización que evalúa el test; otro general, producto del promedio de los puntajes parciales.

El análisis cualitativo identifica variables tales como: funcionamiento de las distintas capacidades de la mentalización, vigencia de tal o cual modo prementalizado de experimentar el mundo interno, grado en que se logra la separación y diferenciación de la mente propia y la ajena, capacidad para ponerse en el punto de vista del otro, capacidad para identificar y regular los propios afectos, etc. (Lanza Castelli, 2011).

En el presente post llevaré a cabo una evaluación parcial de dos entrevistadas que respondieron las preguntas del TESEM en el contexto de una investigación sobre el mismo.

El objetivo es ilustrar algunos tipos de respuestas y, sobre todo, mostrar la forma de evaluarlas y referir algunas de las conclusiones que se pueden obtener a partir de ellas.

Las entrevistadas son denominadas E.1 y E.2. Primeramente transcribo las respuestas que dieron a la segunda de las historias del TESEM y a renglón seguido realizo un análisis de las mismas, en dos partes: en la primera, consigno breves comentarios debajo de cada respuesta; en la segunda, ubicada a continuación de la totalidad de las preguntas, llevo a cabo una síntesis de las conclusiones que se pueden extraer de las respuestas de cada entrevistada, en base a ciertas variables que evalúa el TESEM, que detallo previamente. Dada la extensión de cada historia con sus preguntas, como del análisis correspondiente, me circunscribo a una sola de las 10 historias mencionadas.

La segunda situación que se presenta en el TESEM (serie femenina) es la siguiente:

2. Usted ha comenzado una relación amorosa con hombre que le importa mucho y que acaba de romper un largo noviazgo.

Al poco tiempo nota que él se pone por momentos más distante y menos expresivo, aunque después vuelve a estar más afectuoso. Usted no le cuestiona su actitud.

Esto sigue así durante un tiempo hasta que él, bruscamente, le plantea terminar la relación.

a) ¿qué sentimientos le surgen ante la decisión de él?

E.1) En principio desconcierto, luego impotencia por no cuestionarle su actitud en el momento que lo noté distante. Me sentiría enojada y triste porque era alguien que me importaba.

[La entrevistada muestra una identificación precisa de sentimientos diferenciados y variados (desconcierto, impotencia, enojada, triste, importarle).

Enlaza el sentimiento -en una secuencia psicológica y temporal congruente- con aquello que le dio origen en el vínculo interpersonal y en sus actitudes, que tuvieron lugar en dicho vínculo (la impotencia surge de no haberle cuestionado su actitud; el enojo y la tristeza de que era alguien que le importaba)]

E.2) Un nudo en la garganta, y en el estómago

[La entrevistada no puede tener una experiencia emocional cualificada psicológicamente, sino que ésta se expresa como sensaciones corporales. Ha ocurrido aquí una resomatización del afecto, por vía de regresión. Vemos afectada en este caso la mentalización transformacional (Cf. más abajo, en Comentarios)]

b) ¿qué pensamientos le surgen ante la decisión de él?

E.1)  Que tiene una actitud egoísta respecto a mis sentimientos.

Quizás volvió con su novia, o le parece pronto comenzar una nueva relación, que no sabe lo que quiere.

Me cuestionaría cómo no me di cuenta lo que estaba por venir o por qué no lo cuestioné.

[El primer comentario parece implicar una actitud autorreferencial y no descentrada, ya que critica la actitud del hombre en función de lo que le afecta a ella, y le atribuye una actitud desde ese punto de vista. Una mentalización de mejor nivel podría descentrarse y ver la decisión del otro desde el punto de vista “del otro”, no del propio.

Esto es lo que logra en su segundo comentario, cuando puede descentrarse e imaginar lo que puede haber motivado la conducta del hombre, desde el punto de vista de él. De todos modos no toma mayormente en cuenta los estados mentales, excepto cuando dice que “no sabe lo que quiere”.

El auto-cuestionamiento suele ser una actitud que va en contra de la posibilidad de mentalizar. En este caso, obstruye la posibilidad de interrogarse acerca de qué fue lo que le impidió cuestionar la actitud. Esto último, abriría un espacio para pensar acerca de sí misma, que queda clausurado con el auto-cuestionamiento.

Esta respuesta muestra, entonces, un nivel medio en la capacidad de mentalizar, marcando una diferencia con la respuesta anterior, en que hablaba de sus sentimientos y no de lo que le ocurre al otro. Es habitual encontrar estas variaciones en las distintas facetas del mentalizar]

E.2) Que es un inmaduro!

[Cuando para explicar la conducta de otro, el sujeto apela a rótulos o categorizaciones (“inmaduro”), eso indica un bajo nivel de mentalización y posiblemente un pensamiento concreto, que no puede construir un modelo de la mente ajena como poseyendo estados mentales que den cuenta de la conducta]

c) ¿qué es lo que usted hace ante la decisión de él?

E.1) Trataría de mantenerme calmada y tratar de averiguar las razones de su decisión, a fin de saber si la decisión es firme o existen dudas.

[En su respuesta la entrevistada muestra un buen nivel de regulación emocional, a la vez que un interés por conocer las motivaciones (estados mentales) de la decisión del otro, así como sus características (firmeza). En esto último vemos una actitud mentalizadora por parte de la entrevistada]

E.2) Me siento mal

[La entrevistada no logra tomar una actitud activa (lo que hablaría de un buen nivel de agencia del self, relacionada con la capacidad para mentalizar), sino que sufre pasivamente un estado de malestar. No queda claro en esta respuesta si el malestar es físico (tal como dijo en la respuesta a la pregunta a), o si es anímico. Si así fuera, la E habría hecho un progreso respecto a la respuesta mencionada, pero seguiría manteniendo un nivel de mentalización transformacional pobre, en la medida en que estaría hablando de sentimientos globales y cualitativamente poco diferenciados (Cf. más abajo, en Comentarios)]

d) ¿por qué motivos usted hace lo que hace?

E.1: Para mostrarme fuerte y tener información respecto a los sentimientos de él y las bases de su decisión, a fin de analizar las posibilidades de revertir su decisión.

[La entrevistada muestra nuevamente la actitud mentalizadora: tiene  interés en averiguar los estados mentales de él (sentimientos y bases de su decisión). También revela que advierte que los estados mentales son susceptibles de modificación en función de las circunstancias. Estos dos aspectos hablan de una buena capacidad de mentalizar]

E.2) No hago nada

[Cabría reiterar aquí lo señalado en la respuesta a la pregunta anterior]

e) ¿A qué atribuye la forma de actuar de él?

E.1) A confusión

[La respuesta de la entrevistada es pobre en comparación con lo que ha respondido hasta el momento, ya que alude de modo muy esquemático a un único (y global) estado mental. Podríamos decir que ha descendido del nivel de la aprehensión de estados mentales diferenciados al nivel de los estados globales, que es evolutivamente anterior y de menor calidad]

E.2) A que es infantil

[La entrevistada no puede inferir motivaciones en la conducta del otro. Si lo propio de la mentalización reflexiva es entender el comportamiento en término de estados mentales, vemos que esta entrevistada no logra hacerlo y utiliza como explicación de su conducta nuevamente un rótulo]

f) ¿Qué supone que él sintió durante la relación y al finalizar la misma?

E.1: Creo que durante la relación se sintió bien.  Si bien pasó por momentos de dudas hizo el intento de volver a estar más cariñoso, aunque esto le resultare un esfuerzo extra. Creo que al terminar se sintió aliviado y, por otra parte, un poco triste, dado que si no le interesara no hubiera hecho ningún esfuerzo por estar mejor.

[La respuesta de la entrevistada es notablemente buena. Su mejor respuesta hasta ahora.

En ella vemos lo siguiente: logra diferenciar la relación como un todo de los momentos en que él modificaba su comportamiento (mostrarse más distante y después más afectuoso).

Atribuye a estados mentales diferenciados ambos aspectos (en cuanto a la relación como un todo dice que se sintió bien. Los cambios en el comportamiento los atribuye a dudas y a intentos de cambio).

En relación al final de la relación, logra advertir un estado mental complejo, compuesto y antagónico (aliviado y triste). La capacidad para imaginar este tipo de complejidad en la mente del otro se encuentra en un nivel superior de la capacidad para mentalizar.

Por último, da cuenta de esta complejidad y la relaciona con lo mencionado anteriormente (hacer un esfuerzo), lo cual es un buen indicador también.

E.2) Nunca le importó.

[Nuevamente la entrevistada no puede diferenciar las dos situaciones que le propone la pregunta (durante la relación; al terminar la misma) y contesta de modo global.

Si bien en este caso sí aparece una referencia a un estado mental (importarle), dicha referencia es global y esquemática].

g) ¿Qué supone que él pensó durante la relación y al finalizar la misma?

E.1) Durante la relación pensó que había dejado atrás la relación anterior y que la vida continuaba. No obstante, tuvo dudas que hicieron que sus actitudes fluctuaran.

Finalmente, al sentir que no me quería tanto como para seguir con la relación, pensó que era mejor cortar.

[La respuesta de la entrevistada es buena. Los pensamientos que infiere en el otro son totalmente congruentes con lo dicho acerca de sus sentimientos y con el planteo de la historia. Esta congruencia entre respuestas que toman en cuenta aspectos diferenciados del mentalizar, son siempre un indicador de buen nivel de mentalización].

E.2) Pensó que no le importaba

[Una vez más la entrevistada no diferencia los dos momentos por los que se le pregunta, sino que responde de modo global. La respuesta que da es casi igual a la anterior, lo que muestra su pobreza en cuanto a la capacidad de diferenciar más claramente pensamientos y sentimientos, como así también respecto a sus posibilidades de imaginar respuestas que tomen en cuenta otros puntos de vista, diferentes al que ya expresó]

COMENTARIOS:

Como podemos ver, las preguntas del TESEM se pueden organizar en dos grupos. El primero tiene que ver con el self, (preguntas a, c, d, e), mientras que el segundo tiene que ver con el otro (preguntas f,g). La pregunta b) es respondida muchas veces como referida al self y otras tantas como referida al otro (como en este caso)

A) Mentalización del self: es conveniente, por tanto, diferenciar lo que tiene que ver con el self, en primer término y ver cómo se ha desempeñado el sujeto en los siguientes ítems:

1) identificación de los propios afectos;

2) identificación de las propias motivaciones;

3) mentalización transformacional del afecto;

4) regulación emocional;

5) actitud activa (agencia del self), o pasiva; lo que podría considerarse también desde el punto de vista de la capacidad de afrontar las situaciones problemáticas.

6) procesos de pensamiento (mentalización cognitiva)

7) defensas.

Estos son los ítems básicos para tener en cuenta en la evaluación. Hay una serie de otros ítems, cuya detección puede ser más compleja, que implican, entre otros: diferenciación entre el self y el otro; inhibiciones en la mentalización; reactivación de alguno de los modos prementalizados de experimentar el mundo interno (equivalencia psíquica, hacer de cuenta, teleológico), etc.

El TESEM plantea 10 situaciones problemáticas, con problemas de distinta índole (Lanza Castelli, 2010). Estas situaciones tienden a despertar afectos también diversos. Por esa razón, para una indagación cualitativa es importante diferenciar el desempeño mentalizador en las diversas situaciones, ya que una persona puede mentalizar mejor en situaciones de pérdida, pero no así en situaciones que despiertan hostilidad, etc.

Esta historia despierta, como es obvio, sentimientos referidos a la pérdida y al abandono.

Veamos ahora una síntesis de cómo se desempeñó la entrevistada E.1):

Como ya fue dicho, la identificación de los afectos fue muy buena, ya que mostró una identificación precisa de sentimientos diferenciados y variados (desconcierto, impotencia, enojada, triste, importarle).

De igual forma, pudo enlazar el sentimiento -en una secuencia psicológica y temporal congruente- con aquello que le dio origen en el vínculo interpersonal y con sus actitudes, que tuvieron lugar en dicho vínculo (la impotencia surge de no haberle cuestionado su actitud; el enojo y la tristeza de que era alguien que le importaba).

Para inferir la identificación de las propias motivaciones es importante, en primer término, prestar atención a la respuesta a la pregunta c) (¿qué hace usted ante la decisión de él?) para ver si es pertinente y adecuada a la historia o situación presentada y para identificar el tipo de afrontamiento que se pone en juego.

La respuesta a la pregunta d) (¿por qué motivos usted hace lo que hace?), que indaga directamente por la aprehensión que el sujeto tiene de sus motivaciones, hay que articularla con la respuesta a la pregunta anterior. En el caso de E.1, vemos que el afrontamiento es activo y centrado en los estados mentales del otro (Trataría de mantenerme calmada y tratar de averiguar las razones de su decisión, a fin de saber si la decisión es firme o existen dudas).

La identificación de la motivación es adecuada y acorde a la situación y a la respuesta anterior. Muestra un interés en los estados mentales del otro con el objetivo concreto de ver si se puede revertir la situación, a la vez que está interesada en mostrar una imagen de fortaleza (Para mostrarme fuerte y tener información respecto a los sentimientos de él y las bases de su decisión, a fin de analizar las posibilidades de revertir su decisión).

La mentalización transformacional del afecto es de alto nivel, ya que aparecen diversos sentimientos diferenciados (a diferencia de sentimientos globales, por ejemplo). El poseer este tipo de sentimientos es la base para poder identificarlos, si bien ambas cosas no son lo mismo, en la medida en que dichos sentimientos pueden ser objeto de sofocación, en cuyo caso estarían diferenciados, pero no podrían ser identificados.

La posibilidad de diferenciar distintos matices de afectos posee una gran importancia en relación a la regulación emocional. Es condición de esta última una buena diferenciación (Feldman Barrett, 2011). En los pacientes actuadores (por ej. adictos) lo típico es que encontremos afectos globales o referencias a sensaciones físicas, de mucha intensidad (ej. una angustia masiva). De ahí que no sean afectos fácilmente regulables (y que intenten ser dispersados mediante la ingesta) (Krystal, 1988).

La regulación emocional de E.1 es buena, como indicaba ya lo que acabamos de comentar en relación a la diferenciación de los afectos. Es elocuente la respuesta a c) (Trataría de mantenerme calmada y tratar de averiguar las razones de su decisión, a fin de saber si la decisión es firme o existen dudas). La entrevistada es capaz de regular la intensidad de la emoción (mantenerme calmada), lo que le permite reflexionar acerca de los estados mentales del otro (las razones de su decisión). Como vemos, la regulación emocional favorece la mentalización (y viceversa). A la vez, dicha reflexión está en función de mantener, o no, una expectativa. Vemos, entonces, un pensamiento productivo (a diferencia de lo que sería una rumiación).

La actitud de afrontamiento del self es activa, reflexiva y dirigida a ver la razonabilidad de mantener, o no, las expectativas respecto al amor de la otra persona.

Los procesos de pensamiento tienen algunas veces un carácter autorreferencial y no descentrado, lo que puede perturbar la empatía cognitiva.

En otros momentos cobran un carácter de autocuestionamiento que inhibe el mentalizar.

Por último, en otras ocasiones, poseen un carácter de reflexión acerca de los estados mentales ajenos a los efectos de mantener, o no, una expectativa razonable respecto al amor de la otra persona.

En cuanto a las defensas, la respuesta a  la pregunta b) (Que tiene una actitud egoísta respecto a mis sentimientos. Quizás volvió con su novia, o le parece pronto comenzar una nueva relación, que no sabe lo que quiere. Me cuestionaría cómo no me di cuenta lo que estaba por venir o por qué no lo cuestioné) parece indicativa de un impulso hostil hacia el otro, posteriormente transformado en auto-cuestionamiento, lo que hablaría de una defensa consistente en volver la agresión hacia el propio yo. De todos modos, es necesario ver si se corrobora esta conjetura (así como todas las demás), mediante el análisis del resto de las respuestas, brindadas en relación a las otras historias del test.

B) Mentalización del otro:

En este caso, buscamos identificar los siguientes ítems:

1) Identificación de los sentimientos ajenos

2) Identificación de los pensamientos ajenos

3) Identificación de las motivaciones ajenas.

4) Capacidad de ver las cosas desde el punto de vista del otro.

5) Diferenciación entre la mente propia y la ajena.

Veamos cómo se desempeñó en estos ítems la entrevistada E.1

La identificación de los sentimientos ajenos, es notablemente buena, como muestra la respuesta a la pregunta f) (¿Qué supone que él sintió….etc.?”

(Creo que durante la relación se sintió bien.  Si bien pasó por momentos de dudas hizo el intento de volver a estar más cariñoso, aunque esto le resultare un esfuerzo extra.

Creo que al terminar se sintió aliviado y, por otra parte, un poco triste, dado que si no le interesara no hubiera hecho ningún esfuerzo por estar mejor).

En esta respuesta vemos la capacidad de discriminar que tiene la entrevistada, ya que logra diferenciar la relación como un todo de los momentos en que él modificaba su comportamiento (mostrarse más distante y después más afectuoso).

A su vez, atribuye a estados mentales diferenciados ambos aspectos (en cuanto a la relación como un todo dice que se sintió bien. Los cambios en el comportamiento los atribuye a dudas y a intentos de cambio).

Es importante el “creo” del comienzo, que indica que la entrevistada advierte que sus inferencias sobre los sentimientos del otro son sólo conjeturas, en la medida en que los estados mentales ajenos poseen una insalvable opacidad. Tomar conciencia de esta característica es indicador de un buen nivel mentalizador (a diferencia de aquél que “sabe” lo que siente el otro) (Fonagy et al., 2008).

En relación al final de la relación, logra advertir un estado mental complejo, compuesto y antagónico (aliviado y triste). La capacidad para imaginar este tipo de complejidad en la mente del otro se encuentra en un nivel superior de la capacidad para mentalizar.

Por último, da cuenta de esta complejidad y la relaciona con lo mencionado anteriormente (hacer un esfuerzo), lo cual es un buen indicador también.

La identificación de los pensamientos ajenos se observa en la respuesta a la pregunta g) (¿Qué supone que él pensó durante la relación y al finalizar la misma?) La entrevistada responde: (Durante la relación pensó que había dejado atrás la relación anterior y que la vida continuaba. No obstante, tuvo dudas que hicieron que sus actitudes fluctuaran.

Finalmente, al sentir que no me quería tanto como para seguir con la relación, pensó que era mejor cortar).

Como vemos, la respuesta de la entrevistada es buena. Los pensamientos que infiere en el otro son totalmente congruentes con lo dicho acerca de sus sentimientos y con el planteo de la historia. Esta congruencia entre respuestas que toman en cuenta aspectos diferenciados del mentalizar, son siempre un indicador de buen nivel de mentalización.

La respuesta en que se expresa la identificación de las motivaciones ajenas (Pregunta e) ¿A qué atribuye la forma de actuar de él? Respuesta: A confusión) nos depara una sorpresa dado su bajo nivel. Si bien se identifica un estado mental, éste es global, no diferenciado, y en él no distingue tampoco los distintos momentos (durante la relación, al terminar la misma) que sí son diferenciados en la pregunta f), ya comentada).

Habitualmente encontramos este resultado ante situaciones que son shockeantes para el entrevistado (o cuando éste tienen bajo nivel en general). Otra razón tiene que ver con la co-presencia de otra corriente psíquica en la que la mentalización funciona de modo más precario.

En el caso de esta entrevistada, ésta y otras discrepancias que fueron halladas a lo largo del test nos movieron a solicitarle una indagación más en profundidad: se le administró entonces el MEMCI (Lanza Castelli, Bilbao Bilbao, 2012) y algunas láminas del TAT, incluyendo preguntas que instaban a mentalizar en relación a las historias que la paciente relató.

De igual modo se le pidió que relatara algunos sueños. Esta indagación pormenorizada permitió detectar, en efecto, otra corriente que funcionaba con un nivel mentalizador muy bajo, pobre vida de fantasía y desvitalización en sus vínculos.

Este hallazgo (y otros similares) muestra la sensibilidad del TESEM para identificar discrepancias o incongruencias en las respuestas, que dan pie para  llevar a cabo una indagación más detallada.

La capacidad para ver las cosas desde el punto de vista del otro no parece muy alta, si tomamos en cuenta la respuesta a la pregunta b) (Que tiene una actitud egoísta respecto a mis sentimientos. Quizás volvió con su novia, o le parece pronto comenzar una nueva relación, que no sabe lo que quiere).

El primer comentario parece implicar una actitud crítica, autorreferencial y no descentrada, ya que critica la actitud del hombre en función de lo que le afecta a ella, y le atribuye una actitud desde ese punto de vista. Una mentalización de mejor nivel podría descentrarse y ver la decisión del otro desde el punto de vista “del otro”, no del propio.

Esto es lo que logra en su segundo comentario, cuando puede descentrarse e imaginar lo que puede haber motivado la conducta del hombre, desde el punto de vista de él. De todos modos no toma mayormente en cuenta los estados mentales, excepto cuando dice que “no sabe lo que quiere”.

No obstante, el interés en los estados mentales ajenos, evidenciada en las respuestas a las preguntas c) y d), que habla de una actitud mentalizadora, hace pensar que en otras situaciones podría elevar su desempeño (como, de hecho, ocurrió).

La diferenciación entre la mente propia y la ajena parece bien establecida.

 

Si ahora nos dirigimos (de un modo menos detallado) a lo que ocurrió con la entrevistada E.2, vemos que también en ella habremos de diferenciar:

A’) Mentalización del self:

La identificación de los propios sentimientos no se pone en juego, ya que no encontramos (en la respuesta a la pregunta a) (Un nudo en la garganta y en el estómago) la mención de sentimientos cualitativamente tales. Lo que aparece es una referencia a sensaciones físicas (De lo que inferimos una falla en la mentalización transformacional del afecto).

Cabe decir que desde el punto de vista del desarrollo de los afectos a lo largo de la vida, encontramos que inicialmente éstos aparecen fuertemente somatizados y son indiferenciables de las sensaciones físicas (Krystal, 1988). Posteriormente aparecen sentimientos globales, y poco a poco surgen sentimientos diferenciados como tales (estar triste, por ejemplo). Es sólo gracias a una complejidad mayor que surgen los sentimientos compuestos, que poseen distintas capas, eventualmente en conflicto entre sí. Los procesos que enmarcan este desarrollo son: la desomatización, la diferenciación, la ligadura con representaciones y palabras cada vez más complejas (Krystal, 1988; Lecours y Bouchard, 1997).

En casos como el de E.2 se ha producido una resomatización del afecto, sea debido a una regresión, como plantea Krystal, sea debido a la operación de una defensa, como plantea Joyce McDougall (1986).

Es habitual que encontremos esta resomatización, como así también la presencia de sentimientos globales, en pacientes que poseen vulnerabilidad psicosomática, en pacientes adictos y en aquellos que han sufrido situaciones traumáticas importantes. De ahí la importancia que posee este ítem del TESEM. De hecho, en el presente caso, la entrevistada E.2 manifestó padecer asma y alergia desde su infancia.

La identificación de las propias motivaciones -que se evalúa con la respuesta a la pregunta c) ¿qué es lo que usted hace ante la decisión de él? Y, particularmente a la pregunta d) ¿por qué motivos usted hace lo que hace?- parece ser muy pobre, en función de las respuestas de la entrevistada: (Me siento mal; No hago nada). La poca diferenciación de los afectos, sumado a la pasividad ante la situación conflictiva (interrupción de la relación) lleva a la entrevistada a la inacción, por lo cual no hay, propiamente hablando, una motivación en juego que sea posible detectar mediante sus respuestas.

En este caso habría sido pertinente repreguntar, diciéndole, por ejemplo: ¿A qué se debe que no haga nada?, lo que hubiera permitido, tal vez, obtener mayor información respecto a este punto. De ahí la importancia que posee que quien administra el TESEM esté familiarizado con la teoría de la mentalización y con la estructura del test, esto es, con aquello que busca indagar en cada pregunta y en cada historia o situación.

Por los mismos motivos es difícil evaluar la regulación emocional (ya que no hay afectos diferenciados sobre los que sea posible observar cómo opera). De todos modos, la experiencia y distintos estudios muestran que un bajo nivel en la diferenciación de los afectos, suele ir de la mano de una pobre regulación (Feldman Barrett, 2001).

En lo que hace a las defensas, es difícil inferir cuáles puedan ser, a menos que -siguiendo a Joyce McDougall- consideremos que la resomatización del afecto se debe a una eyección o evacuación del polo psíquico del afecto fuera de la psique (McDougall, 1986).

Por otro lado, cabe conjeturar que éstas han de ser defensas de bajo nivel, en la clasificación de Bouchard, ya que un estudio hecho en colaboración entre Bouchard, Fonagy, Lecours y otros (Bouchard,  2008), mostró que los bajos niveles de mentalización correlacionan con defensas de bajo nivel (Algunas de las defensas que encontramos en los distintos niveles, según Bouchard (2012), son: a) Alto nivel: represión, proyección neurótica, formación reactiva, desplazamiento, negación, intelectualización, aislamiento, anulación. b) Nivel intermedio: minimización, desmentida. c) Bajo nivel: identificación proyectiva, escisión, acting-out, idealización, devaluación, omnipotencia)..

B’) Mentalización del otro:

La identificación de los sentimientos ajenos de la entrevistada E.2, que aparece en su respuesta a la pregunta f) (¿Qué supone que él sintió durante la relación y al finalizar la misma?) muestra una particular pobreza. Su respuesta (“Que nunca le importó) ilustra que no puede diferenciar las dos situaciones que le propone la pregunta (durante la relación; al finalizar la misma) y contesta de modo global.

En este caso sí aparece una referencia a un estado mental (importarle), aunque dicha referencia es global y esquemática.

La identificación de los pensamientos ajenos es pobre y parece basarse más en la aplicación de clichés que en una real inferencia mentalizadora (cf. más abajo).

La identificación de las motivaciones ajenas es muy pobre, ya que la entrevistada no puede inferir motivaciones en la conducta del otro. Si lo propio de la mentalización reflexiva es entender el comportamiento en término de estados mentales, vemos que esta entrevistada no logra hacerlo y utiliza como explicación de su conducta un rótulo, que no implica estado mental alguno. (Ante la pregunta e): ¿A qué atribuye la forma de actuar de él? Responde: A que es infantil).

En cuanto a la capacidad para ver las cosas desde el punto de vista del otro, que se puede evaluar en las preguntas f y g (¿Qué supone que él sintió durante la relación y al finalizar la misma?; ¿Qué supone que él pensó durante la relación y al finalizar la misma?) son respondidas de manera muy pobre por la entrevistada (Nunca le importó; Pensó que no le importaba).

Estas respuestas no sólo son pobres y poco imaginativas, sino que evidencian que la entrevistada no puede ver las cosas desde el punto de vista del otro. Para hacerlo, debería haber tomado en cuenta la situación personal del hombre, según es narrada en la historia, debería haber podido construir un modelo de su mente. Pero tal cosa no ocurre.

Las respuestas parecen provenir más bien de un cliché vincular con el que la entrevistada se maneja, que ha sido atribuido a la conducta del otro. Como los entrevistados suelen responder por los estados mentales ajenos en función de estos clichés, y no a partir de un genuino mentalizar (cuya función es procesar las situaciones “nuevas”), posee la mayor importancia llevar a cabo esta diferenciación.

En cuando a la diferenciación entre la mente propia y la ajena, habría que hacer una distinción. Una forma de esta diferenciación tiene lugar cuando se puede construir un modelo de la mente del otro y éste es diferente del modelo de la propia mente. Lo contrario ocurre cuando el otro es una visto como una duplicación del propio yo y se le asignan los mismos estados mentales. No es esto lo que ocurre con esta entrevistada, por lo que visto desde este punto de vista podríamos decir que sí establece una diferenciación.

Otra manera de entender dicha diferenciación es más sutil y tiene que ver con lo previamente comentado: si el sujeto es capaz de diferenciar entre la mente del otro y los clichés vinculares con los que tiende a imaginarla. O sea, diferenciar entre la mente del otro y las propias representaciones de la misma.

Si consideramos esta segunda forma de entenderla, diríamos entonces que la paciente no logra alcanzar la diferenciación entre la mente del otro y (los contenidos de) la propia.

Espero haber mostrado con las consideraciones precedentes, la forma de analizar las respuestas a las historias (o situaciones) del TESEM y aquello que podemos obtener a partir de este trabajo. Cabe agregar que como sólo he tomado en consideración una de las diez historias que posee el test, los resultados han sido menores y más conjeturales de lo que pudo obtenerse analizando la totalidad de las historias.

Autor: Gustavo Lanza Castelli

gustavo.lanza.castelli@gmail.com

www.mentalizacion.com.ar

 

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