LA TEORÍA DE LA MENTALIZACIÓN Y EL PSICOANÁLISIS CONTEMPORÁNEO

El psicoanálisis contemporáneo posee un notable nivel de productividad, así como una amplia variedad de enfoques teóricos. Jerarquiza una serie de problemas que sitúa en el primer plano de su reflexión, e intenta superar ciertas impasses propias de la teoría freudiana y de los desarrollos postfreudianos.

La teoría de Freud se centra básicamente en el conflicto intrapsíquico entre el empuje pulsional, las representaciones acerca de la realidad (incluyendo en ellas la amenaza de castración y la pérdida de objeto) y la presión del superyó. El yo es el mediador entre estas diversas fuerzas, que se encuentran en conflicto y oposición en la neurosis.

Este cuadro clínico es la referencia a partir de la cual Freud edificó su teoría. En ella vemos una triple articulación: psiconeurosis de transferencia – neurosis infantil – neurosis de transferencia.

Si bien el pasaje de la primera a la segunda tópica implicó (y fue acompañada de) cambios muy importantes en la teoría (sustitución del Inconsciente por el Ello, sectores inconscientes del Yo, problemática del narcisismo, compulsión de repetición, pulsión de muerte, teoría del superyó, etc.), el referente siguió siendo la neurosis y ciertos enfoques se mantuvieron constantes, como la primacía del concepto de pulsión y una postura relativamente solipsista, según la cual el objeto era visualizado sólo como aquello en lo cual la pulsión alcanzaba su satisfacción.

Por su parte, los modelos post-freudianos dejaron de lado el concepto de pulsión y centraron su interés en la relación de objeto. Se fue imponiendo así “una metapsicología silenciosa de las relaciones sí mismo-objeto” (Green, 1983, p. 20), que se centraba en lo intersubjetivo o relacional, y a nivel técnico enfatizaba la dimensión transferencia/contratransferencia.

“La consecuencia fue el alejamiento cada vez mayor de la pulsión, que se quería hacer caer en desuso. Asistimos entonces a una deriva incesante que proponía, según el caso, la promoción sucesiva del objeto, luego del Self y, finalmente, de lo intersubjetivo. Lo intrapsíquico, por poco que se continuara defendiendo esta noción, no era más que el depósito de las relaciones pasadas y presentes entre “sujetos”, sin que hubiera un gran interés en darle una definición que superase la aprehensión fenomenológica inmediata” (Green, 2003, p. 46).

A su vez, el psicoanálisis contemporáneo, vigente en Francia, pero con aportes de autores ingleses (principalmente Bion y Winnicott) y algunos representantes actuales de esa nacionalidad, propone una nueva conceptualización que busca articular lo intrapsíquico y lo interpersonal, enfatiza la heterogeneidad del campo representacional y toma como guía y referente la obra de Freud (particularmente la segunda tópica), si bien lleva a cabo diversas modificaciones y actualizaciones de una serie de conceptos básicos de la metapsicología freudiana (como el narcisismo y la pulsión de muerte, entre otros).

Los cuadros que considera paradigmáticos no son ya las neurosis, sino las organizaciones no neuróticas, entre las que sobresalen los pacientes fronterizos (o borderline).

Considero que el representante más conspicuo de dicho movimiento es André Green, a quien tomaré como referencia en lo que sigue, sin desconocer que otros autores (Aulagnier, Pontalis, Donnet, Laplanche, Rousillon, etc.) proponen aportes que enriquecen este campo denominado por diversos colegas “psicoanálisis contemporáneo” (Green, 2003).

Por su parte, Peter Fonagy desarrolla una teoría que no podríamos incluir en principio dentro del campo mencionado, ya que se aparta considerablemente del modelo freudiano, a la vez que rechaza el concepto de pulsión y lo reemplaza por el de apego, no toma en cuenta el aparato psíquico ni hace referencia al superyó ni al inconsciente.

Sus ideas podrían tal vez ubicarse dentro del movimiento relacional en psicoanálisis, se encuentran más cercanas a la base empírica y reconocen una influencia importante del cognitivismo. Por lo demás, el  interés de este autor por la investigación sistemática y la operacionalización de los conceptos, lo aleja de toda reflexión de índole metapsicológica.

Así las cosas, parecería que nos encontramos con modelos incompatibles, con poco territorio en común, a partir del cual establecer un diálogo o tender puentes entre los conceptos surgidos de un lado y del otro.

André Green parece entenderlo así cuando dice que Fonagy se formó en una tradición objetivista y que sus tesis, cercanas al cognitivismo se encuentran muy alejadas de sus propias conceptualizaciones (Green, 2003).

No obstante, considero que una lectura más detenida de los textos y una reflexión clínica más pormenorizada permite plantear la hipótesis de que cada uno de ellos (Freud/Green, por un lado, y Fonagy por el otro) recorta un sector de la totalidad del ámbito de los hechos teórico-clínicos y lo estudia desde un punto de vista parcial, por lo que se vuelve interesante preguntarse (al menos de manera tentativa y conjetural) si no es posible -a pesar de todo- tender puentes entre una y otra perspectiva.

En dos trabajos recientes he avanzado algunas ideas en este sentido, algunas más críticas y otras que buscaban establecer algunos nexos entre estos enfoques distintos (Lanza Castelli, 2012a, 2012b).

En lo que sigue intento avanzar en la reflexión sobre este problema, de un modo un tanto esquemático, dado que la magnitud del mismo es tan considerable que una consideración detallada requeriría de mucho más espacio que el del presente post.

Por esa razón, es posible que a éste le sigan otros posts en los que desarrolle con mayor detalle, ya un aspecto, ya otro, del tema que estoy considerando.

Para comenzar, cabe recordar que en su trabajo Formulaciones sobre los dos principios del acaecer psíquico, Freud retoma una idea desarrollada con anterioridad (1900), según la cual en el origen de la vida el estado de reposo es perturbado por la presión de las necesidades internas. En ese caso, el niño intenta drenar este incremento de estímulos a través de la expresión de las emociones. Pero su llanto y su pataleo no consiguen modificar la presión de dichas necesidades. Esto sólo puede lograrlo cuando, por intermedio de la presencia materna, tiene lugar una experiencia de satisfacción, que incluye una percepción y la huella mnémica de la misma. De este modo, cuando retorna la necesidad, tiene lugar un movimiento anímico que tiende a investir la imagen mnémica de aquella percepción, buscando la reproducción de la misma, esto es, la situación de la satisfacción primera. Esta plena investidura de la percepción, a la cual recurre el aparato psíquico primitivo para lograr mediante el alucinar una identidad de percepción, se encuentra regida por el principio del placer (pp. 557-558).

Pero la ausencia de la satisfacción esperada tiene como consecuencia que se abandone ese intento de satisfacción alucinatoria y que el aparato psíquico se resuelva a representar las condiciones reales del mundo exterior y a procurar la alteración del mismo (mediante la “acción específica”) a los efectos de lograr el acceso al objeto que podría procurar la experiencia real de satisfacción. “Así se introdujo un nuevo principio en la actividad psíquica; ya no se representó lo que era agradable, sino lo que era real, aunque fuese desagradable. Este establecimiento del principio de realidad resultó un paso grávido de consecuencias” (1911, pp. 224-225).

Entre estas consecuencias se encuentran el establecimiento de la atención dirigida hacia el exterior, la conciencia de las cualidades sensoriales, la memoria, el fallo imparcial en lugar de la represión y la transformación de la descarga motriz inicial en acción orientada hacia un objetivo (Ibid, pp. 225-226).

“La suspensión que se había hecho necesaria de la descarga motriz (de la acción) fue procurada por el proceso del pensar, que se constituyó desde el representar. El pensar fue dotado de propiedades que posibilitaron al aparato anímico soportar la tensión de estímulo elevada durante el aplazamiento de la descarga. Es en lo esencial una acción tentativa con desplazamiento de cantidades más pequeñas de investidura, que se cumple con menor expendio (descarga) de éstas (…) Al establecerse el principio de realidad, una clase de actividad del pensar se escindió; ella se mantuvo apartada del exámen de realidad y permaneció sometida únicamente al principio del placer. Es el fantasear, que empieza ya con el juego de los niños y más tarde, proseguido como sueños diurnos, abandona el apuntalamiento en objetos reales” [negritas agregadas] (Ibid, pp. 226-227).

Más adelante, prosigue: “A raíz de estas constelaciones se establece un vínculo más estrecho entre la pulsión sexual y la fantasía, por una parte, y las pulsiones yoicas y las actividades de la conciencia, por la otra” (Ibid, p. 227).

Si tomamos en cuenta esta escisión de la que habla Freud, tenemos, entonces, los siguientes elementos:

a) por un lado, la pulsión, la necesidad de tramitación de la misma, la fantasía como espacio en el que el deseo (derivado de la pulsión) se satisface, regido por el principio del placer.

b) por otro lado, aquel sector del aparato psíquico vuelto hacia el exterior, que se rige por el principio de realidad y que incluye la atención, la memoria, el pensar, la acción específica o acción dirigida hacia un fin.

La hipótesis que planteo en este post es que los psicoanalistas que siguen el pensamiento de Freud han conceptualizado pormenorizadamente los elementos mencionados en a) y en b), pero, en lo que hace a b) no han logrado un desarrollo demasiado refinado, que vaya más allá de las nociones de “principio de realidad”, “aplazamiento de la acción”, “inhibición de la descarga”, etc.

El planteo freudiano, más centrado en la pulsión que en el objeto, le impidió preocuparse suficientemente por este último. Por otra parte, autores que si bien continúan su línea, la han complejizado y enriquecido (como André Green), dando un lugar relevante al objeto (a diferencia de lo que hizo Freud), suelen enfocarlo en términos de la influencia que ejerce sobre el infans, de las acciones de cuidado y de satisfacción de las necesidades del mismo que lleva, o no, a cabo, etc. Pero no advierten la riqueza del intercambio mentalizador que éste es capaz de instalar en el vínculo con el niño, con las consecuencias tan importantes que esto tiene para este último.

Es en este punto que la teoría de la mentalización tiene mucho que aportar al psicoanálisis contemporáneo, según mi opinión.

Por su parte, la teoría de Fonagy se centra en el estudio del elemento b), pero desconsidera la pulsión, la fantasía, los mecanismos del proceso primario, etc. (Lanza Castelli, 2012a), con lo cual restringe su capacidad de advertir problemas de los pacientes límite que tienen que ver con esos aspectos (como, por ejemplo, los déficits en la capacidad de ligar la pulsión a la representación cosa, etc.) y se ve carente de recursos teóricos que le permitan abordar distintos desenlaces psicopatológicos, como por ejemplo los fenómenos psicosomáticos (en donde el aplanamiento de la vida imaginaria, de la fantasía y sus derivados tiene mucho que ver -junto a otras variables- con el desenlace clínico). No es casual que en la obra de Fonagy no encontremos casi referencias a esta problemática.

Ambos planteos son, por tanto, parciales y cabe conjeturar que pueden complementarse de modo fructífero. Éste es el trabajo que intentaré desarrollar en los siguientes posts, de un modo más pormenorizado.

(continuará).

Autor:

Gustavo Lanza Castelli

gustavo.lanza.castelli@gmail.com

www.mentalizacion.com.ar

Referencias:

Freud, S (1900) La interpretación de los sueños. Amorrortu editores, T IV y V

Freud, S (1911) Formulaciones sobre los dos principios del acaecer psíquico.  Amorrortu editores, T XII

Green, A (1983) Narcisismo de vida, narcisismo de muerte.

Amorrortu editores, 1990.

Green, A (2003) Ideas directrices para un psicoanálisis contemporáneo. Desconocimiento y reconocimiento del inconsciente.

Amorrortu editores, 2005.

Lanza Castelli, G (2012a) Los sueños y la teoría de la mentalización. Algunas reflexiones acerca de la obra de Peter Fonagy. 

Aperturas Psicoanalíticas. Revista Internacional de Psicoanálisis, Nro 39,   diciembre de 2012http://www.aperturas.org/revistas.php?n=actual

Lanza Castelli, G (2012b) Mentalización reflexiva y Mentalización transformacional: Una propuesta complementaria al enfoque de Peter Fonagy

(a ser publicado en la revista Clínica e Investigación Relacional, en febrero de  2013).

 

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