Reflexiones sobre el material clínico de un paciente adicto

En el presente post, deseo proponer un material clínico para su posterior debate. Dado lo problemático que resulta usar material de pacientes propios, he resuelto este problema utilizando una primera entrevista que fue publicada en el libro de David Maldavsky “Sobre las ciencias de la subjetividad”, de Editorial Nueva Visión.

A continuación transcribo la entrevista, tal como aparece en el libro y posteriormente realizo algunos comentarios al respecto, los cuales, dado lo escueto del material, no pretenden ser otra cosa que un ejercicio clínico, altamente conjetural, pero apto -según creo- para el intercambio con otros colegas y para el desarrollo de algunas ideas sobre la problemática del paciente.

He dividido en siete partes al material para que pueda ser identificado con mayor claridad en los comentarios que figuran debajo.

Sigfrido

1)

E: ¿qué te trae por aquí?

S: Y…a mí lo que me trae es…tratar de…conseguir una ayuda profesional para poder dejar la droga. Muchas veces lo busqué por el lado mío, ese autopoder de decir: “sí, yo puedo, la controlo, manejo…”.

Todos son como decir…escapes a lo que realmente no, no podía combatir. Y cada vez se fue haciendo más pesado, hasta que bueno, realmente, dijimos, me puse a consi…a pensar bien cómo es el tema.

Ya no soy ningún nene para seguir dando vueltas, más que tengo una familia arriba que es como que…queda un hilo, ¿viste?

Pero no pienso tanto en eso, sino yo ya quiero pensar en mí, en tratar de mejorarme yo, y a partir de eso posiblemente ya se empiecen a mejorar las demás cosas.

2)

E: ¿cómo está compuesta tu familia?

S: …

E: ¿cómo te llevás con tus familiares?

S: ¿Qué familia hablás? ¿Todos?  Bien, la relación es buena, el único corte es ése. Con todos, con todos. Todos saben mi tema y todos sufren el momento cuando tengo una recaída. Mirá: con mi esposas las cosas andan mejor. Es una chica muy luchadora, viste. Tiene demasiado huevo como para bancarme.

Y ahora la última que me mandé fue el fin de semana pasado, me mandé una gira de dos días, y ya, viste, era como que se pudría todo. Y bueno, sin embargo, ya eso ya es como que a mí mismo también me rebalsó, viste, y ya no daba para más. Ya no me puedo ni controlar ni mantener. Es como que le estoy ni dando un poquito de importancia a ellos. Para qué carajo los formé si de repente no me importa nada de mí. No tengo tampoco por qué estar haciéndole quilombo a los demás… Y bueno, ya se me complicó y bué. Justo coincidió porque un chico que está haciendo un tratamiento acá me consiguió la admisión, y bueno. Y acá estoy.

3)

E: ¿cuál es tu historia de consumo? ¿cuándo empezaste a consumir drogas?

S: yo creo que mi historia con las drogas se fue desarrollando a partir del momento que tuve la discusión grande. Yo calculo que fue ahí porque yo ahí me fui de casa, empecé a andar por la calle, eh, tuve amigos que me dieron techo. Tuve un amigo muy grande mío que me dio tres años el techo, con su familia. Él tenía mi edad, era más chico que yo, inclusive. Pero igual, yo estaba en la casa de ellos, me iba, o sea, yo tenía mi total independencia, ellos tampoco me retenían.

4)

Y me pegó mucho, a mí me pegó mucho el tema de que yo, por ejemplo, fui una persona que confié mucho, creí mucho, viste, o sea con respecto a mi familia. Y bueno, justamente en este quilombo, cuando estu, cuando…yo me peleo con mi viejo, yo ya venía a las volteadas desde hacía mucho tiempo. Aparte surgían las separaciones de mis viejos, y todo.

Bueno, una Navidad estábamos comiendo y saltó una historia. Empezamos a discutir y mi viejo me saltó con que…que no era mi viejo. Para mí fue, viste…para mí fue un choque grandísimo. Más a la edad que yo tenía, porque yo tenía, viste, uso de razón totalmente…Demasiados años que ya tenía uso de razón como para que de golpe, viste, saberlo en ese momento y de esa manera. Pero el tipo se ve que no, no me tuvo más armas para decirme algo y me tiro ese flechazo, viste.

Entonces yo la miro a mi vieja, mi vieja me mira, agacha la cabeza como consintiendo lo que él me estaba diciendo, y bueno, me mató. Eso me arruinó la cabeza.

Aparte, eso a lo que iba, de confiar mucho. Confiaba tanto, hasta tal punto, que nunca me daba cuenta, porque él de repente es gringo, de ojos celestes, gringo. Mi vieja es morochona…De cómo se podía haber dado la cosa. También hasta eso me sorprendió también, de que alguna vez poder, poder haber pensado de que no era.

Pero me lo podría haber dicho de otra manera y en otra situación. O, y mucho antes inclusive, viste.

Creo que eso, a partir de eso.

5)

Y ahí empecé a buscar la identidad de mi viejo, que mi vieja ya me empezó a hablar del tema de que bueno, que mi viejo existía, que de acá, que de allá.

Y lo empecé a buscar…lo encontré, a mi verdadero, al progenitor, ¿no?. No mi padre, mi padre es éste. Lo encontré, tiene un restaurante en Lanús. Me dieron todo, lo fui buscando, estuve con mi…con la que sería mi abuela. Me dio para que vaya y todo, pero sin yo identificarme.

Fui a comer y todo al lugar, lo marcaba y todo…nunca me animé. Fui dos, tres veces, pero no. Y a veces tengo ganas de ir, ahora que tengo los chicos y todo, tengo ganas de ir también. Es algo que me quedó. No sé para qué, es algo que me pregunto. ¿Para qué? Si el tipo no se calentó en ningún momento de la vida de él como para poder llegarme a ver, encontrar, por lo menos, yo qué sé…algo…No sé para qué. Por lo menos para decirle: “Mirá, me parece que vos sos mi progenitor, no mi padre, pero, hacete cargo por lo menos, éstos hubiesen sido tus nietos, yo hubiese sido tu hijo”, no sé, comentarle algo.

Quizás esa persona también esté con algo adentro de él que no puede sacarlo y quizás yo sí pueda ayudarlo a hacerlo. Eso creo que es muy importante. Muchas veces una persona se cierra tanto en su dolor que, que no lo puede, que no lo puede transmitir y quizás una persona lo puede sacar de eso. Yo lo veo por ese lado.

6)

E: ¿las drogas siempre te produjeron los mismos efectos?

S: no, para nada. No, ahora son reparanoi…bah, paranoica no, pero totalmente cerrado, yo qué sé, diferente. Antes no me dificultaba el momento en que estaba bajo consumo de drogas, no me dificultaba hablar, por ejemplo. Ahora sí, no sé por qué. Ahora me trabo, que no puedo hablar, o empiezo a caminar para todos lados, o no puedo entrar a ningún lado, o incluso lo que me hace…tomo alcohol, en un bar, en otro, en otro, en otro, en otro, en otro, termino en mi casa. Me reciben bien en el sentido de aguante, viste, pero más en el tema de cómo estás, viste. Cómo le cae a ella, con respecto a mi señora, desaparecerle un día y aparecerle así encima. Le pesa demasiado, lo sufre demasiado.

7)

E: ¿podrías contar la historia de tus trabajos?

S: trabajar sí, trabajé siempre en la calle. De…casualmente…todas las casualidades se dan ahí, que salgo desde los 17 años, que empecé a trabajar en la calle, me dediqué a vender en la calle.

Tuve puestos en el Once, en Retiro. Siempre manejándome así. Vendo de todo, de todo lo que va saliendo en el momento. El año pasado tuve seis carros acá, en la zona del microcentro, carritos de garrapiñada. Ahora me estoy dedicando a eso. Tenía gente empleada, tenía un encargado que manejaba todo el tema. Este año todavía no entré. Estoy esperando, pero ahora estoy vendiendo en la calle. Ahora, por ejemplo, estoy vendiendo en los colectivos, hasta que salga eso. Ahora estoy vendiendo unos bolígrafos. Me va bien. Vivo. Estoy tranquilo…Con eso hace que pueda arrancar de nuevo con los carros.

Aparte no se me está dando el tiempo, porque no hace el frío que tiene que hacer, y eso me está haciendo demorar un poquito el tema. Entonces hago otras cosas para que…para no quedarme en mi casa.

E: en estos últimos minutos de la entrevista, ¿te gustaría comentar algo más?

S: eeeh…no. Si tuviera que agregar algo, sería que, bueno, que, no sé, sería por medio de alguna pregunta; si no, no sé qué agregaría.

Está claro lo que yo vengo a buscar. Está claro que soy drogadependiente y que trato de buscar una solución a mi problema. Y que si se puede…

COMENTARIOS: (fragmentos 1 a 4)

En este primer comentario tomaré en consideración los cuatro primeros fragmentos del material clínico, ya que la idea es ir tomando el resto de los ítems a medida que se vaya desarrollando el intercambio con los colegas que deseen participar. Este procedimiento tiene algo de artificial, ya que lo posterior de un texto (o de un discurso) resignifica lo que ha sido expresado con anterioridad, pero de todos modos, tiene la ventaja de que no hace tan extenso este primer comentario que deseo hacer.

Por lo demás, dicho comentario no pretendo abarcar todos los aspectos que pueden tomarse en consideración de estos fragmentos, sino solamente algunos de ellos, en función de mi punto de vista particular.

El comienzo de la entrevista me parece elocuente (y bastante habitual) en cuanto que para que fuera posible la consulta, Sigfrido tuvo que sufrir un colapso narcisista.

Durante bastante tiempo parece haber tenido vigencia en él una fantasía omnipotente (lo que él llama “autopoder”) según la cual podía controlar la ingesta a voluntad.

Esa fantasía suele tener diversas raíces, una de las cuales considero que consiste en la desmentida (Verleunung) de un juicio que proviene de la instancia autoobservadora y que decreta una distancia insalvable entre el yo y su ideal (Freud, Introducción del Narcisismo). Una vez refutado ese juicio, el Yo y el Ideal coinciden y se plasma la fantasía omnipotente mencionada.

Pues bien, parece ser que esta defensa claudicó y Sigfrido pudo tomar conciencia de que no existía tal “autopoder”. Entonces (y recién entonces) aparece la posibilidad de pedir ayuda (“lo que me trae es tratar de conseguir una ayuda profesional para poder dejar la droga”).

Es interesante que junto con la caída de esta defensa aparece la posibilidad de pensar. Sigfrido dice: (dijimos, me puse a consi…a pensar bien cómo es el tema.

Ya no soy ningún nene para seguir dando vueltas, más que tengo una familia arriba que es como que…queda un hilo, ¿viste?

Pero no pienso tanto en eso, sino yo ya quiero pensar en mí, en tratar de mejorarme yo y a partir de eso posiblemente ya se empiecen a mejorar las demás cosas).

Una de las cosas que piensa S. tiene que ver con el paso del tiempo, con la toma de  conciencia de que “ya no es ningún nene”, pensamiento que parece no haber estado presente mientras tenía vigencia la fantasía omnipotente. La referencia al “dar vueltas” (que reaparece en su comentario sobre la “gira” (en 2)) parece aludir también a un eterno presente, ya que muchas veces el tiempo queda traspuesto en representaciones espaciales y quien “da vueltas” suele decir que está siempre en el mismo lugar.

También resulta elocuente el modo de hacer referencia a este hecho: aludiendo a una vivencia previa de sí mismo como “nene”, cuestionada por un trabajo de pensamiento. La fijación a esta representación de sí como “nene” parece guardar relación con traumas tempranos, de los que hablaremos más adelante.

Es interesante el “dijimos” que menciona, ya que si bien refiere el “pensar” en primera persona y dice que quiere pensar en él, esa palabra parece aludir a la presión de la esposa, o de algún miembro de su familia, de una familia que le pesa (ya que la tiene “arriba”).

Por esa razón, no me parece clara la motivación, esto es, si está basada fundamentalmente en su toma de conciencia o incide de una manera importante la presión del entorno. En esta línea, la expresión “no pienso tanto en eso” podría tomarse como una negación (Verneinung, Freud “La negación”).

Esta oscilación se retoma en 2) cuando dice: (la última que me mandé fue el fin de semana pasado, me mandé una gira de dos días, y ya, viste, era como que se pudría todo. Y bueno, sin embargo, ya eso ya es como que a mí mismo también me rebalsó, viste, y ya no daba para más. Ya no me puedo ni controlar ni mantener). La expresión “se pudría todo” se refiere a la familia, mientras que después dice a él mismo lo rebalsó.

La relación que refiere con la familia no parece ser muy creíble (“la relación es buena, el único corte es ése”) por su comentario de que “se pudría todo”.

A continuación, un pasaje elocuente: (Es como que le estoy ni dando un poquito de importancia a ellos. Para qué carajo los formé si de repente no me importa nada de mí. No tengo tampoco por qué estar haciéndole quilombo a los demás).

En esta frase se evidencia la relación conflictiva y problemática con su familia, que incluye dos aspectos: a) la desinvestidura (no dar importancia); b) la agresión (haciéndole quilombo a los demás).

Por otra parte, es interesante la expresión: Para qué carajo los formé si de repente no me importa nada de mí. La primera parte de la frase daría a pensar que iba a concluir en “si no me importa nada de ellos” y que fue rectificada sobre la marcha. Como la idea de no darles importancia a ellos ya había sido expresada, no cabe pensar que este cambio se deba a una inhibición seguida de una sustitución. Más bien podríamos pensar que con su decir alude a una identificación con los hijos abandonados, en un doble movimiento que incluye tanto la desinvestidura de aquéllos como la suya propia (cf. más adelante) y que se lleva a cabo por medio del acto de la ingesta.

Con este subrayado del acto estoy haciendo una alusión al segundo de los dos modelos que podemos encontrar en la obra de Freud: el de la primera y el de la segunda tópica, que implican dos modos de funcionamiento mental diferentes.

El primer modo de funcionamiento (el modelo del sueño), supone un tejido representacional constituido (formado por representaciones-cosa, representaciones-palabra, fantasías) y sujeto a las leyes de los procesos primario y secundario, motorizado por el deseo inconsciente. La represión es el mecanismo de defensa predominante y en este modelo hay una triple coherencia dada por la relación entre neurosis infantil – psiconeurosis – neurosis de transferencia.  El modelo para la comprensión es el de la perversión (la neurosis como negativo de la perversión). Un elemento esencial en este modelo es que la representación es un dato de partida (el inconsciente consiste en un conjunto de representaciones investidas, y las pulsiones son exteriores al aparato psíquico).

En el segundo modelo (el modelo del acto), en cambio, que tiene lugar a partir de 1920 (Más allá del principio del placer) los referentes teóricos son otros: el inconsciente es sustituido por el Ello, lo cual implica que la pulsión no tiene de entrada un representante representativo (representación-cosa, fantasía) al cual se encuentre ligada, sino que debe conquistar dicha ligazón mediante un trabajo (para el cual es requerido el objeto), que la incluirá entonces en la dimensión de lo simbolizable. Caso contrario, lo que prevalece es la expulsión por el acto o por el soma.

Los ejes teóricos prevalentes giran en torno al peso del objeto, el narcisismo, la pulsión de muerte, la repetición, defensas como la forclusión (Verwerfung), la desmentida (Verleunung), la negación (Verneinung), la escisión del yo (Ich Spaltung), etc. (André Green: El tiempo fragmentado).

La clínica que requiere para su comprensión de estos referentes no es ya la de la neurosis, sino la de los pacientes fronterizos, entre los que podemos situar a Sigfrido.

Volviendo entonces al material, y teniendo en cuenta lo que sigue a continuación en el relato de Sigfrido, conjeturo que podemos ver en esta serie de actos, una repetición pasivo-activa de la desinvestidura y la hostilidad de la que se sintió objeto (cf. más adelante). Esta repetición es congruente con lo previamente mencionado acerca de la defensa de la desmentida y la vigencia del narcisismo.

Asimismo, esta actitud hacia la familia es concordante con sentirla “arriba” (tengo una familia arriba), como peso, como carga.

Cuando se le interroga acerca de cuándo comenzó a consumir (3) Sigfrido lo refiere a una discusión con el padre. Pero antes de relatar lo nuclear de la misma, refiere un acto de autoexpulsión (me fui de casa) que lo deja en una situación de desamparo, consistente en encontrarse en la calle. El entrevistador no explora cómo vivió Sigfrido esta situación, pero cabe conjeturar que tuvo lugar en él un hundimiento anímico considerable. La posición pasiva en que se encuentra parece formar parte de dicho hundimiento, ya que la “salida” de esa situación acontece mediante la actitud activa de un amigo que “le da techo”. Sigfrido, en posición pasiva, lo acepta.

Por lo demás, podemos ver nuevamente en esta situación la vigencia del modelo del acto y la imposibilidad de pensar que padece Sigfrido.

Yendo ahora a la discusión mencionada, podemos ver que lo nuclear de la misma consistió en que el padre le dijo: “que no era mi viejo”. No sabemos cuáles fueron las palabras del padre, pero la frase “no soy tu padre” equivale a “no sos mi hijo”, lo que implica una expulsión de la relación de filiación que Sigfrido suponía poseer.

La referencia a la madre en ese momento del relato tiene el sentido manifiesto de buscar en su expresión una refutación, que no encuentra. Más bien encuentra en ella lo contrario (mi vieja me mira, agacha la cabeza como consintiendo lo que él me estaba diciendo).

Pero podríamos conjeturar que tal vez sea posible encontrar un sentido más profundo en esta referencia. En efecto, Sigfrido comenta que se trató de una navidad y por más que ese dato sea correcto, podemos preguntarnos cuál es el sentido de esta aclaración.

En la medida en que en esa fecha se celebra un nacimiento (el de Cristo, o el niño Jesús), la condensación entre dicho nacimiento, la expulsión y la referencia a la madre nos permite conjeturar que tal vez se trate en este fragmento de una referencia a una situación muy anterior, vivida en relación con la madre, por quien se sintió igualmente excluido en el momento de su nacimiento (la desinvestidura y la hostilidad mencionadas más arriba).

Por lo demás, los problemas de Sigfrido habían comenzado antes de esa discusión (cuando…yo me peleo con mi viejo, yo ya venía a las volteadas desde hacía mucho tiempo. Aparte surgían las separaciones de mis viejos, y todo).

Las separaciones de los padres parecen haber sido vividas como traumáticas, a lo cual agrego la conjetura ya mencionada.

Esta conjetura, por lo demás, es congruente con el funcionamiento mental de Sigfrido (modelo del acto, desmentida, narcisismo, dificultad para pensar, posición pasiva), ya que en los pacientes que tienen este modo de funcionamiento la experiencia muestra una y otra vez que los traumas más decisivos tienen lugar en la temprana infancia en relación con la  madre. También es congruente con la autoexpulsión del entrevistado en ese momento, situación que se prolongó al menos por ¡tres años!.

Si volvemos ahora a la revelación que le hizo el padre, confirmada por la madre, advertimos fue a todas luces traumática (Para mí fue, viste…para mí fue un choque grandísimo (…) me mató. Eso me arruinó la cabeza).

La autoexpulsión que le siguió y que derivó en que terminara en la calle (de la que fue sacado por su amigo) podría ser pensada entonces como una repetición (en el sentido de la compulsión de repetición) de aquella escena anterior que he conjeturado.

Por lo demás, la repetición produce, al decir de Green, un “asesinato del tiempo” (Ibid, p. 104), por eso es interesante que Sigfrido haga referencia al paso del mismo (lo cual implica que el tiempo está “vivo”) cuando aparece la posibilidad de pensar, e intenta poner un tope a dicha repetición mediante el pedido de ayuda.

De todos modos, cabe considerar ciertos aspectos que fueron previos a dicha revelación por parte del padre, como el que Sigfrido no hubiera podido pensar acerca de la diferencia entre los padres (es gringo, de ojos celestes, gringo. Mi vieja es morochona…), que si le resulta en ese momento significativa sólo puede ser porque él tiene un color como el de la madre.

A este hecho, el entrevistado le llama “confiar” (Confiaba tanto, hasta tal punto, que nunca me daba cuenta (…) De cómo se podía haber dado la cosa. También hasta eso me sorprendió también, de que alguna vez poder, poder haber pensado de que no era).

O sea, desde siempre Sigfrido desmintió el juicio que podría haber extraído de los datos perceptivos que registraban esa diferencia y que lo hubiera llevado a “darse cuenta” que su supuesto padre, no lo era. Por eso se sorprende. La sorpresa tiene lugar (en situaciones como ésta) cuando la desmentida de una realidad cae bruscamente, como en este caso.

Una segunda posibilidad, complementaria de la anterior, es que el entrevistado haya tenido siempre una desinvestidura parcial del mundo de las percepciones, correlativa de un cierto grado de retracción y de un vacío mental. En esas situaciones, las cualidades del mundo sensorial externo se desdibujan y el sujeto puede transitar entre ellas sin tomar mayor conciencia de las mismas. Y cuando algunas de ellas se impone (en este caso debido a la revelación brutal del padre) tiene siempre un carácter de sorpresa, de choque o golpe, de trauma.

Algunos comentarios que Sigfrido realiza en 6) parecen concordantes con esta hipótesis.

De momento llego hasta este punto con mis comentarios (que serán proseguidos posteriormente).

COMENTARIOS II (párrafo 5 en adelante)

En el párrafo 5 Sigfrido relata cómo empezó a buscar “la identidad de mi viejo”: se entera así que éste vive y que tiene un restaurante en Lanús, a donde va a verlo, sin animarse a hablarle (Fui a comer y todo al lugar, lo marcaba y todo…nunca me animé. Fui dos, tres veces, pero no).

Posiblemente haya incidido en su “no animarse” la conjunción de su hostilidad y la anticipación de la respuesta rechazante o indiferente de su progenitor.

Creo que la hostilidad se puede inferir de la frase en la que imagina que va a verlo con sus hijos (Por lo menos para decirle: “Mirá, me parece que vos sos mi progenitor, no mi padre, pero, hacete cargo por lo menos, éstos hubiesen sido tus nietos, yo hubiese sido tu hijo”) y le reprocha lo que hubiese sido, pero no fue. El “hacete cargo” parece una exigencia hostil que S. no puede sostener, ya que en él la hostilidad revierte inmediatamente hacia sí mismo (como se ve en sus conductas adictivas y autodestructivas) y sólo indirectamente puede dirigirse hacia los demás. O, mejor dicho, es sólo por intermedio de la autodestrucción que puede agredir al otro, no de modo directo.

Otra consideración que hace en relación a ir a verlo y hablarle es: (¿Para qué? Si el tipo no se calentó en ningún momento de la vida de él como para poder llegarme a ver, encontrar, por lo menos, yo qué sé…algo…No sé para qué)

En esta frase se observa nuevamente la desinvestidura de su persona atribuida al progenitor, el desinterés del mismo en el hijo que había engendrado. Algunos resultados de la misma parecen ser la hostilidad ya mencionada (vuelta sobre sí) y el dolor, que aparece en el párrafo siguiente.

En ese párrafo ocurre algo muy llamativo (Quizás esa persona también esté con algo adentro de él que no puede sacarlo y quizás yo sí pueda ayudarlo a hacerlo. Eso creo que es muy importante. Muchas veces una persona se cierra tanto en su dolor que, que no lo puede, que no lo puede transmitir y quizás una persona lo puede sacar de eso).

Me refiero a que después de haber hablado de la indiferencia de su progenitor, le atribuye un dolor y un encierro en sí mismo que son claramente una proyección de lo que le ocurre a él (como se ve claramente en el fragmento 6, en que dice que es él quien está cerrado).

Parece haber en este momento de la entrevista una confusión entre el adentro y el afuera, entre lo que le pasa a él y lo que construye como teniendo lugar en la mente del otro, que queda convertido en un “doble” de sí (similarmente a lo que Pierre Marty y colaboradores llamaron “reduplicación proyectiva”).

Por lo demás, esta construcción del otro es totalmente contradictoria con la anterior, en donde ponía el acento en la indiferencia del progenitor.

Sin embargo, Sigfrido no parece tomar conciencia de esta contradicción, lo que indica trastornos en su capacidad para pensar.

Un aspecto interesante de este párrafo -si pensamos que tiene que ver con él- es su creencia de que “una persona lo puede sacar de eso”, expresión que posee dos aspectos: a) por un lado, cierta confianza o expectativa de que alguien lo puede ayudar (y justamente está buscando ayuda en la institución a la que concurrió);

b) por otro lado, el rol pasivo en el que se ubica, ya que no dice, por ejemplo, que alguien lo puede ayudar a que él salga, sino que él esperaría que la otra persona, como sujeto de la acción “lo saque de eso”, ubicándose él en posición objeto, pasiva.

En el párrafo 6) Sigfrido habla de su retracción (“totalmente cerrado” “no puedo hablar”), que se halla en consonancia con la desinvestidura del mundo exterior señalada con anterioridad, sólo que en este caso parece haberse incrementado en los últimos tiempos.

Esta retracción conlleva la desinvestidura señalada y, por tanto, la pérdida del contacto con el otro, que se expresa en la dificultad para hablar (si hablase, saldría de sí y se conectaría con el objeto).

Por lo demás, esta desinvestidura del objeto externo no se ve reemplazada por una sobreinvestidura de la vida de fantasía (como en las neurosis), ni del propio yo (como en la megalomanía de las psicosis), ni del propio cuerpo (como en la hipocondría), sino que parece reflejar más bien lo que André Green denomina “narcisismo negativo”, que implica un rebajamiento de las investiduras sin contrapartida en una reinvestidura que se desarrolle en otro lugar.

El dolor que queda en el interior de Sigfrido (Muchas veces una persona se cierra tanto en su dolor) -y tal también vez la hostilidad- que no puede ser sentido, ni expresado, ni pensado, parece derivar en un despliegue motriz sin mayor objetivo (caminar para todos lados) que lleva luego a una sucesión de actos que lo conducen de un bar a otro, en un raid que implica una abolición de la conciencia en la ingesta de alcohol, como así también lo que parecería ser una búsqueda de hacerse desaparecer, que expresa bajo la forma de “desaparecerle” a la esposa, quien sufre por ello.

Éste sería un ejemplo de lo mencionado anteriormente, en el sentido de que la agresión hacia el otro se mediatiza a través de la autodestrucción.

El párrafo 7), por último, en el que el entrevistado relata cómo estuvo desde los 17 años trabajando “en la calle”, parece ilustrar nuevamente la expulsión mencionada con anterioridad y el “no lugar” en el que se encuentra desde siempre (el primer “lugar en el mundo” que tiene un niño, aún antes de nacer o de ser concebido, es ese conjunto de representaciones maternas -investidas por el deseo- denominadas “niño imaginado”; lugar del que -aparentemente- careció Sigfrido).

Su pasividad se expresa nuevamente cuando el entrevistador le pregunta si le gustaría comentar algo más y Sigfrido responde “sería por medio de alguna pregunta; si no, no sé qué agregaría”; en concordancia con la expectativa que tiene de que alguien “lo saque” de la situación en que se encuentra.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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15 Respuestas a Reflexiones sobre el material clínico de un paciente adicto

  1. sonja stein says:

    Me pregunto cuánto las actitudes de los padres habrán influído para que tuviese que defenderse así de su pensamiento,de los datos de la realidad, ya que el padre da cuenta de lo fallido de su posición parental con semejante “devolución”,a la que se suma su madre.;y cuánto de este conflicto con el hijo ha estado en relación a las sucesivas separaciones-curiosamente aparecen “unidos”en la escena de la expulsión. Creo como vos que no pudo tener S. una relación de apego seguro con su madre,con la sensación de tenerla,pero unido a ella “con un hilo”y de allí a las dificultades para “darse cuenta”hay un solo paso.También parece sentir al momento de la consulta que su familia propia pende de un hilo,con el consecuente temor a que se le repita el desamparo,amenaza que procede tanto desde la desinvestidura como desde la situación real-presión familiar-.Qué bueno leer en sólo dos párrafos lo central de los dos modelos freudianos!podrás ampliar tu idea de la doble desinvestidura -respecto de sus hijos,y de él mismo-que se lleva a cabo a través del acto de la ingesta?

    • Administrador says:

      Sonia, gracias por tus comentarios. Te comento, a mi vez, en relación a los mismos lo siguiente: en lo que hace a las actitudes de los padres que pueden haber influido, considero que resulta útil tener en cuenta que Sigfrido parece haber sido el producto de una infidelidad de la madre.
      No sabemos si el hombre con el que dicha infidelidad tuvo lugar era alguien amado por ella, o significó una aventura básicamente sexual. En todo caso, las separaciones entre los padres a las que hace referencia el paciente (y en donde también vos ponés el acento) parecen tener que ver con la captación por parte del padre de esta infidelidad de su mujer.
      En ese contexto, la llegada al mundo de Sigfrido parece haber consistido para la madre en la prueba palpable de su infidelidad (su bajar la mirada ante la mirada interrogativa de S. parece aludir a una confesión avergonzada), por lo que su relación con el mismo puede haber estado marcada por una combinación de rechazo hostil y desinvestidura (¿habrá pensado abortarlo?).
      Para el padre, el nacimiento de ese “hijo” parece haber sido el testimonio del engaño que padeció, por lo cual es esperable que la relación con el mismo haya sido siempre hostil (la forma brutal en que le reveló este hecho, parece ser expresión de dicha hostilidad)
      Creo que éste es el trauma inicial que marca la vida de Sigfrido y que se encuentra en las circunstancias de su nacimiento.
      No deja de ser llamativo que en el nacimiento de Cristo (Navidad) también encontramos una configuración en cierto sentido similar, en la que su padre (Dios) es otro que el marido de la madre (José, el carpintero), si bien en la saga religiosa el significado de este hecho aparece embellecido y transformado en la deificación del fruto del vientre de María y en el amor incondicional (por parte de ambos padres) del que fue objeto.
      En lo que hace a la teoría del apego, considero que por más que ha aportado sin duda múltiples elementos importantes para la comprensión de la relación madre-hijo, sus lazos con la etología y el énfasis en la observación empírica de esta relación (situación extraña de Mary Ainsworth) hace que quede muy atada a lo observable empíricamente y que no tome suficientemente en cuenta la significación que tiene el hijo en el deseo, en la mente de la madre, aún antes de su nacimiento, lo que de un modo tan notable Piera Aulagnier desarrolló bajo la denominación “niño imaginado”. Esta representación materna acerca del niño, anterior al nacimiento del mismo, que condensa una compleja serie de variables que se juegan en la historia de aquélla (y en su situación actual), tendrá la mayor importancia en la dialéctica de la relación entre ambos, como así también en el conjunto de sentimientos que la madre experimente en relación a su hijo (amor, odio, culpa, vergüenza, etc.) y en la investidura que dirija (o no) hacia el mismo.
      Me parece muy interesante tu mención de las separaciones de los padres y tus referencias al “hilo” que unía a Sigfrido con su madre, como así también a aquél del que pende la relación con su familia actual, cuya rotura lo arrojaría a una nueva situación de desamparo, a la que tal vez lo empuja la compulsión de repetición de los traumas.
      Lo de la doble desinvestidura lo tomo de una de las frases del paciente, como ya señalé. Para dar cuenta de sus implicancias teóricas haría falta un desarrollo bastante extenso, que -si te parece bien- prefiero diferir para más adelante.
      Un cariño,
      Gustavo

  2. Itziar says:

    Encuentro muy inspirador este posible intercambio de diferentes marcos conceptuales y modos de entender a un mismo paciente y, al igual que Sonia, he celebrado y disfrutado leyendo una exposición tan clara y nítida de los modelos de la primera y segunda tópica.
    Por si acaso pido disculpas, de antemano, si no he interpretado bien las palabras de Sigfrido. Sus modos de expresarse han sido, en varios momentos, no comprendidos bien por mí (entiendo que son expresiones de allí y aquí no las conocemos); he intentado deducirlos por el contexto, pero quizás en momentos no lo he conseguido hacer bien.
    Voy a tomar, en mi caso, aspectos como el “objeto”, el narcisismo, etc. (aunque hoy voy a empezar por el primero).
    Inicio con tu interesante consideración de la participación de la desmentida y la primera idea con la que la asocio es el modo de la “mentida” en la que Sigfrido ha crecido durante sus primeros 17 años; “mentida” como representación verbal, ya que se le brinda una representación (hijo de un padre biológico) que no es verdad. Explicito mentida como representación verbal, porque me pregunto “cómo y cuál” fue el lenguaje que expresó a los afectos sentidos por esta pareja, al hilo de este hijo, y que quedaron sin ser ligados ni representados a la formulación verbal que diera cuenta de ellos en un modo congruente.
    Recojo tus hipótesis de que:
    “….por lo que su relación con el mismo puede haber estado marcada por una combinación de rechazo hostil y desinvestidura (¿habrá pensado abortarlo?). Para el padre, el nacimiento de ese “hijo” parece haber sido el testimonio del engaño que padeció, por lo cual es esperable que la relación con el mismo haya sido siempre hostil (la forma brutal en que le reveló este hecho, parece ser expresión de dicha hostilidad). Creo que éste es el trauma inicial que marca la vida de Sigfrido y que se encuentra en las circunstancias de su nacimiento…..”
    y en ese sentido, propongo que el tipo de relación de objeto que quizás Sigfrido fue internalizando correspondió a la ligada a ansiedades persecutorias (“el peligro que corre el yo frente a los ataques que son atribuidos al objeto”) y que posiblemente su psiquismo funcione, sobre todo en situaciones de estrés, en modos más de posición de corte esquizo-paranoide con el uso de las defensas que se dispone en esta posición, es decir, la disociación, la negación, la idealización, el control omnipotente, etc.
    Incluyo el “posiblemente funcione, sobre todo, en situaciones de estrés” porque creo que también hay indicios de modos que remiten más a la posición depresiva y a las posibilidades reparatorias que ésta brinda: “…quiero pensar en mí, en tratar de mejorarme yo, y a partir de eso posiblemente ya se empiecen a mejorar las demás cosas”. He entendido también en este modo su referencia a su esposa: “tiene demasiado huevo como para bancarme”, no sé si lo he comprendido bien pero me ha parecido una comunicación en la que puede haber un indicio de referencia (a través de otra persona, la esposa) a una integración entre pulsiones libidinales y agresivas. Incluyo también en la presencia de modo “posición depresiva” en su mente, a su comentario con respecto a los hijos “Es como que le estoy ni dando un poquito de importancia a ellos. Para qué carajo los formé si de repente no me importa nada de mí. No tengo tampoco por qué estar haciéndole quilombo a los demás.
    Me pregunto también si estas palabras de Sigfrido expresan su sufrimiento como hijo en su doble filiación (biológica y funcional), es decir: “Para qué carajo me formó si de repente no le importa nada de mí”.
    Resulta significativo que la entrega que se le hace de la “dolorosa verdad” sea en un clima de enfado, es decir, en un clima de intercambio vincular donde están de nuevo primando ansiedades de corte persecutorio y donde no hay espacio a cuidar cómo pueda sentirse él con esa noticia. Los afectos dolorosos no pueden ser metabolizados en un modo depresivo, en un modo donde pueda darse una buena integración entre pulsiones libidinales y agresivas, donde pueda aparecer la ambivalencia, la culpa y la reparación. La verdad de su concepción y engendramiento es vivido como “me tiró ese flechazo” y el gesto de su madre como “…me mató. Eso me arruinó la cabeza”.
    Hay un trabajo sobre adicción en Aperturas de Brian Johnson, en el que ofrece conceptualizaciones que articulan la adicción con la falta de habilidad para tolerar los afectos y en uno de sus párrafos aparece algo que me ha parecido muy atinado a lo sucedido en Sigfrido:
    “Dodes (1990, 1996) sugiere que las personas adictas tienen una vulnerabilidad narcisística a sentirse abrumados por experiencias de impotencia/indefensión. El papel central de la impotencia/indefensión en la creación del trauma psíquico es citado por Freud (1926, pp. 166-167), y Wurmser (1978) cita la impotencia/indefensión como una dinámica adictiva central creada por una vergüenza abrumadora. Dodes cree que la puesta en funcionamiento de la conducta adictiva sirve para restaurar un sentimiento de potencia contra la vivencia de impotencia/indefensión. Afirma que el intenso impulso agresivo para restablecer esta potencia que surge de una herida narcisista de impotencia/indefensión es idéntico al de la rabia narcisista”.
    Cuando expresas cómo el Yo y el Ideal coinciden en referencia a la presencia de la desmentida, ello me permitía pensar sobre lo difícil para Sigfrido de poder salir del Yo Ideal y poder acceder a un Ideal del Yo. Me refiero a que esa posibilidad requeriría un sólido, maduro y benevolente Superyo creado a través de unas buenas internalizaciones objetales y una buena resolución de la triangulación edípica. El escenario edípico que parece ser ha sido ofrecido a Sigfrido no ha estado al servicio de favorecer en su mente la noción de la intimidad de la escena primaria amorosa, sino del secreto de lo mentido.
    Sigo con atención e interés tus reflexiones sobre aspectos que has nombrado como: fijaciones, desinvestiduras, identificaciones, operaciones en su psiquismo a través del acto de la ingesta, sus acting out, etc.
    Paro por ahora y gracias por ofrecer este trabajo. Un beso.

    • Administrador says:

      Itziar, me resultan muy interesantes tus comentarios sobre Sigfrido. En lo que hace a la pregunta que te hacés sobre la “mentida” en la que vivió y cómo habrá sido el lenguaje en el que la pareja expresó sus afectos, considero -respecto de esto último- que dado que no tenemos esa información (que en un trabajo analítico habría que explorar), el medio para realizar alguna conjetura al respecto es a partir de la relación que mantiene con sus hijos, ya que imagino que en ella se reedita el trauma que vivió, pero haciendo activo lo pasivo. Por eso pienso que los sentimientos que la pareja tuvo hacia él fueron la hostilidad y la “falta de importancia” (que más que un afecto es la ausencia del mismo, por vía de desinvestidura).
      Me resulta enriquecedora la propuesta de pensar lo que le ocurre a Sigfrido en base a la teoría kleiniana de las posiciones, las ansiedades y las defensas. Creo que sería interesante hacer un cotejo detenido de las hipótesis teóricas con las que nos manejamos, pero no sé si con este material sería posible…
      Coincido también en que bien podríamos atribuirle a Sigfrido las palabras “Para qué carajo me formó si de repente no le importa nada de mí”.
      Respecto al modo en que la pareja de la madre le comunica la verdad, coincido en la violencia que se expresa allí. La expresión de Sigfrido “Entonces yo la miro a mi vieja, mi vieja me mira, agacha la cabeza como consintiendo lo que él me estaba diciendo, y bueno, me mató. Eso me arruinó la cabeza”se presta para diversas conjeturas. Lo de “me arruinó la cabeza”supongo que se refiere al efecto que tuvo este hecho en su capacidad para mentalizar, para poder procesar representacionalmente este impacto traumático. Hubiera sido muy interesante que el entrevistador le preguntara qué quiso decir con esa expresión, ya que es demasiado sintética.
      Sea como sea el mecanismo en juego (ataque al pensar, como plantea Bion, desinvestidura de la propia actividad mental, como propone Green) lo que vemos es que esta capacidad no funciona adecuadamente en Sigfrido, lo que es concordante con la primacía del acto que ya mencioné con anterioridad.
      Lo que mencionás de Dodes me resulta interesante, aunque la expresión impotencia/indefensión que utiliza me parece que queda un poco corta respecto de las “agonías primordiales”(Winnicott) que es frecuente encontrar en estos pacientes, como así también respecto del grado en que su yo suele encontrarse escindido, fisurado, vacío o destruido. Sí coincido con que la ingesta tiene (al menos inicialmente) la función de restañar el narcisismo herido del sujeto y producirle un sentimiento de elación ficticio…pero necesario para él.
      Asimismo, respecto a la agresión, coincido con la equiparación que hace con la rabia narcisista en los casos en que predominan los rasgos psicopáticos o las actuaciones violentas. En otros casos, como el de Sigfrido, lo habitual es que la agresión se dirija hacia el interior y que el sujeto se autodestruya (como vemos que hace). Cuando sucede esto, la agresión hacia los demás suele combinarse con la dirigida hacia sí mismo, pero no como rabia narcisista, sino como abandono, desconsideración, arruinamiento económico, etc.
      Coincido en que es posible que el Ideal del Yo de Sigfrido tenga perturbaciones importantes en su constitución. Respecto a su identificación con el Yo Ideal, posiblemente es la que logra mediante la ingesta y apelando a la desmentida que mencioné al comienzo de mis comentarios.
      Un cariño, Gustavo

      • sonja stein says:

        Hola Itziar,hola Gustavo!Muy interesante el punto de vista kleiniano ,Itziar con que encaras la reflexión sobre el caso.Yo coincido con Gustavo también en que S. se presenta más como un paciente que dirige la hostilidad a sí mismo,principalmente abandonándose y aplicando el mismo trato a sus hijos.Dudo que las alusiones que hace sobre ésto tengan que ver con una profunda preocupación por el otro,me pareció en realidad que cuando quiso referirse a sus hijos,mostró que está centrado en sí mismo,como corresponde al trastorno narcisista que presenta.Creo que su frase”mi mujer tiene demasiado huevo como para bancarme” es ambivalente,se presta a interpretarse como un rechazo por parte de la misma,englobando una alusión al padre que fue quien no tuvo huevo para bancarlo . Y me llamó la atención el modo de presentarse la repetición ,pensando en lo vincular; como si diese cuenta de tres estados vinculares que son los que se han dado en su vida: tomado con un hilo por su madre (el rechazo y la desinvestidura que señala Gustavo) ,el hilo a punto de cortarse(esto se ve en lo actual con su familia,de la cual dice que se llevan bien, como que queda un hilo,pero que ya se le complicó todo,el único “corte” ése ) y habiéndose cortado(el padre,el amigo).Con respecto a éste último,que lo acogió durante un significativo lapso de tiempo,podría ser que su excesiva dependencia terminó generando un rechazo,dada la fuerza con la que se impone la repetición del trauma vincular temprano. Si bien desea una reparación en cuanto al vínculo con su progenitor,de entrada se ubica en la exclusión… Cuál será el destino de su terapia?porque también en ésta oportunidad,es otro quien lleva adelante el intento de mejorar su situación,siendo un amigo el que obtiene la admisión.Toda una vida “en la vía”…tanto interna como externamente.
        Cariños a los dos!
        Sonia

        • Administrador says:

          Hola, Sonia. Me resultaron muy interesantes tus comentarios. Coincido con la primera parte y no encuentro mucho que podría agregar. En cuanto a lo de la repetición, me parecen interesantes los tres momentos que señalás.
          A la vez, introducís un tema de la mayor importancia: si te he entendido bien, proponés que en la repetición hay que incluir la actitud del objeto, esto es, la respuesta del mismo debida a una inducción (inconsciente) de la que fuera objeto en función de las actitudes de Sigfrido (podría ser que su excesiva dependencia terminó generando un rechazo).
          Da para pensar acerca de este complejo y apasionante tema!
          Un cariño, Gustavo.

  3. sonja stein says:

    Un comentario más,acerca del Yo ideal al cual se han referido ambos y que pareciera ser una estructura preponderante en el paciente:llama la atención la fuerza de la escena del mítico nacimiento del” niño divino,el salvador” para desencadenar como decís Gustavo la expulsión de S. en una suerte de reverso de aquélla idealizada escena.Esta,por así decir,dimensión de lo mítico se halla también presente en el nombre ,dado que Siegfried es el protagonista de una de las leyendas míticas más populares en Alemania,siendo que el padre de crianza es “gringo”,se puede pensar que es de ascendencia alemana…Siegfried representa la encarnación del héroe juvenil,siendo que su padre,hijo de los dioses, muere es adoptado por Mime,quien en algunas versiones lo utiliza para la venganza y para hacerse con el tesoro de los Nibelungos.Esta relación culmina con la muerte de Mime ,trabado en lucha con Siegfried quien no permite que aquél le arrebate el tesoro.Aquí tenemos al niño maravilloso-terrible al que hace referencia Leclaire,el niño de las expectativas de los padres y que,según su desarrollo debe “morir”,en el sentido de elaborar esa primitiva omnipotencia,para poder “acceder a una vida.”Por un lado,la desinvestidura y el rechazo-será morochón como la madre?-por el otro,el ropaje del héroe ,pero marcado por la hostilidad en su relación con el padre.Aunque aquí también se da al revés que en la leyenda,ya que es el padre quien “lo mata de un flechazo”, esta lucha-sólo queda vivo uno de los dos- también acontece durante la adolescencia de Siegfried… Quién habrá elegido el nombre?Tendrá hermanos? Bueno,quizás me excedí un poco en estas asociaciones…

    • Administrador says:

      Sonia, me resultan de lo más interesantes tus ideas sobre el nombre y el mito, articuladas con los desarrollos de Leclaire en torno al representante narcisístico primario.
      Estas ideas tuyas nos llevan de nuevo, por este camino a uno de los núcleos del caso: el narcisismo.
      En relación a las expectativas de los padres, que mencionás, vale la pena recordar las palabras de Freud al respecto:
      “El narcisismo primario que suponemos en el niño, y que contiene una de las premisas de nuestras teorías sobre la libido, es más difícil de asir por observación directa que de comprobar mediante una inferencia retrospectiva hecha desde otros puntos. Si consideramos la actitud de padres tiernos hacia sus hijos, habremos de discernirla como renacimiento y reproducción del narcisismo propio, ha mucho abandonado. La sobreestimación, marca inequívoca que apreciamos como estigma narcisista ya en el caso de la elección de objeto, gobierna, como todos saben, este vínculo afectivo. Así prevalece una compulsión a atribuir al niño toda clase de perfecciones (…) y a encubrir y olvidar todos sus defectos (…) Enfermedad, muerte, renuncia al goce, restricción de la voluntad propia no han de tener vigencia para el niño, las leyes de la naturaleza y de la sociedad han de cesar ante él, y realmente debe ser de nuevo el centro y el núcleo de la creación. His Majesty the Baby, como una vez nos creímos. Debe cumplir los sueños, los irrealizados deseos de sus padres; el varón será un grande hombre y un héroe en lugar del padre…” (Introducción del Narcisismo, Ed Am, T XIV, pp. 87-88).
      Pero podríamos preguntarnos si esta constelación que Freud encuentra en la neurosis es aplicable también al entrevistado. ¿encontramos en su historia algo similar a esta descripción de Freud? ¿o no hemos conjeturado más bien una conjunción de rechazo y desinvestidura desde los padres hacia él? (que inferimos desde dos lugares: a) por las circunstancias de su engendramiento y nacimiento (infidelidad de la madre, hostilidad del padre, peleas, separaciones); b) por la actitud con sus propios hijos, en la que creímos ver una transformación pasivo-activa del trauma).
      Si esto es así, ¿qué lugar nos queda para el héroe maravilloso? ¿O habremos de ver en la historia de Siegfried el anverso en positivo de lo que observamos en Sigfrid como reverso en negativo?
      Creo que lo que planteás nos ayuda a pensar el rol del objeto en la constitución del narcisismo primario (que en otras formulaciones aparece como un estadio del desarrollo posterior al autoerotismo, que ocurre casi inexorablemente), como así también la diferencia entre el objeto en la neurosis (objeto fantasmático al que se anuda el deseo y que es lo más variable de la pulsión) y el objeto en los pacientes no neuróticos.
      Al respecto, dice André Green: “La teoría que se apoya en la experiencia del análisis de la neurosis de transferencia sitúa el objeto en la mitad de su reflexión como objeto fantasmático, o también como objeto de deseo. Por su parte, la teoría nacida del análisis de los casos fronterizos se sigue apuntalando en el objeto fantasmático, pero no puede abstraerlo de sus relaciones con el objeto real. A menudo se comprueba, en efecto, que la participación de los objetos de la realidad desempeñó su papel en la psicopatología del sujeto” (Narcisismo de vida, narcisismo de muerte, pp. 20-21).
      Un cariño, Gustavo.

  4. Itziar says:

    ¡Hola a ambos! Estoy disfrutando y aprovechando vuestras propuestas y reflexiones (mucho!!). Paso a seguir ofreciendo las mías.
    He introducido las posiciones como un posible modelo de comprensión de los afectos. Cuando propongo que el tipo de relación de objeto que Sigfrido fue internalizando quizás correspondió en un modo importante a la ligada a ansiedades persecutorias eso me lleva a preguntarme por cómo se pudo dar (a lo largo de su historia infantil) la regulación de los afectos enlazados a las mismas y las representaciones de segundo orden de las experiencias fisiológicas, cognitivas y conductuales que acompañaron a dichos afectos.
    Supongo que lo traumático se reeditará en forma de representación primaria, es decir, en forma de “experiencia fisiológica, cognitiva y conductual” y, comparto contigo Gustavo, que en la forma de relación con sus hijos podríamos rastrear la reedición de modos intersubjetivos de su propia historia infantil transformados en intrapsíquicos.
    Contemplo que lo primero, es decir la representación primaria, quizás la vemos en la escena que él identifica como “a partir del momento que tuve la discusión grande”. En su relato finaliza con: “yo la miro a mi vieja, mi vieja me mira, agacha la cabeza como consintiendo lo que él me estaba diciendo, y bueno, me mató. Eso me arruinó la cabeza”…. “…yo ahí me fui de casa, empecé a andar por la calle….”. Me parece entender que aparecen los componentes que hacen referencia a conducta, cognición y experiencia fisiológica: me fui de casa, empecé a andar por la calle, me mató, me arruinó la cabeza. Él no identifica emociones, lo expresa verbalmente en una acción que entiendo trata de graficar lo que sintió (me mató, me arruinó la cabeza) y que como tú señalas muestra la incapacidad de mentalización.
    Comparto tu consideración de la primacía del acto en Sigfrido; algo que hasta ahora no hemos nombrado es que ese suceso aconteció en su adolescencia. Sabemos que la adolescencia representa un segundo momento de separación-individuación en el desarrollo y que una de sus tareas es dotarse de una identidad separada de los padres y la conquista de su propia independencia; sabemos también que el acting out es una de las defensas relevantes durante este período. En ese sentido a mí no me ha resultado tan sorprendente que él se marchara, lo que me ha resultado muy llamativo es que no fuera buscado y recogido por sus padres. Sabemos que las angustias durante este período son intensas, que el psiquismo del adolescente estaría haciendo múltiples trabajos: diferentes duelos (duelo por el cuerpo infantil, duelo por los padres, duelo por los “objetos infantiles”…), reelaboración de las diversas pulsiones parciales preexistentes, responder a los conflictos esenciales inherentes a la adolescencia.
    También me parece que esto está presente en lo que has anotado Sonia, aludo a: “el hilo y el corte” en tres estados vinculares que son los que se han dado en su vida. Me refiero a que me parece que en ellos está presente la temática de la separación-individuación, en forma de de-pendencia (pender de un hilo), corte o logro de una buena diferenciación que no conlleva ni dependencia ni corte vincular. En este sentido es donde había introducido que creo que en Sigfrido hay modos en su mente de posición depresiva (comparto contigo lo de la ausencia de preocupación profunda por el otro, difícilmente se la podrá ofrecer a alguien si él no la ha recibido de sus figuras). Al nombrar posición depresiva aludía a “la experiencia depresiva vinculada al conocimiento de la existencia de un mundo interno y de la posesión de un objeto valorado al que se necesita”, creo que estos aspectos sí están en Sigfrido: “Quizás esa persona también esté con algo adentro de él que no puede sacarlo y quizás yo sí pueda ayudarlo a hacerlo. Eso creo que es muy importante. Muchas veces una persona se cierra tanto en su dolor que, que no lo puede, que no lo puede transmitir y quizás una persona lo puede sacar de eso”.
    Todo esto me lleva a interrogarme en cómo interactúan y construyen psiquismo el tipo de ansiedades y el interjuego entre ellas, el tipo de defensas que las acompañan, la posibilidad o imposibilidad de construir en un modo congruente las representaciones mentales de los afectos, la tolerancia al dolor psíquico y cómo se juega todo ello en los diferentes sistemas motivacionales (modelo modular-transformacional:sistema narcisista, sistema de apego, etc.) y en los diferentes intersistemas (sistema paterno-filial, sistema pareja, etc.).
    A la vez, desde el constructo mentalización: cómo, a lo largo del desarrollo, han incidido todo ese conjunto de interacciones en que los modos prementalistas pudieran dejar paso (o no) a modos mentalizadores o que los modos mentalizadores regresen a modos pre-mentalistas.
    Repasando las palabras de Sigfrido en la conversación con el entrevistador, apenas aparecen momentos de una buena afectividad mentalizada. Sí identifica estados mentales pero básicamente son juicios sobre sí mismo, pensamientos, deseos, relato de acciones, etc. En la ocasión en que se le pregunta directamente sobre cómo son sus vínculos afectivos con su familia, su respuesta no ofrece diferenciación: “¿Qué familia hablás? ¿Todos? Bien, la relación es buena, el único corte es ése. Con todos, con todos.” Es una respuesta que muestra un nivel muy bajo de identificación y diferenciación de afectos y diferenciación de vínculos. Cuando hay referencia a afectos los grafica en forma de acción y en la única ocasión que explicita lo interno (polaridad interno versus externo), lo formula de la siguiente manera: “esté con algo adentro de él que no puede sacarlo”, la palabra es “algo”.
    Algo evidente es que Sigfrido no pudo mentalizar el impacto de ese suceso vincular (quizás un suceso que lo podríamos calificar con el término de Bion de “cambio catastrófico”), él expresa que ahí se inicia su dependencia de las drogas. Parece claro que Sigfrido no pudo lograr en un modo bueno y maduro “la capacidad de estar solo” (Winnicott) y estas patologías de la capacidad para estar a solas en presencia del otro suelen estar presentes en las adicciones a sustancias. Una pregunta que me hago es cuál ha sido la droga consumida por él, la elección del objeto tóxico nos podría dar luz a qué tipo de ansiedad interna fue la que él trató de contrarrestar (creo, quizás me equivoque, que se trataban de ansiedades depresivas).
    Sí sería un ejercicio interesante hacer un cotejo detenido de las hipótesis teóricas, pero una vez más el material clínico quizás no permite tener suficiente información y sólo podemos jugar a hacer conjeturas. Pero incluso las conjeturas pueden ser un buen ejercicio intelectual (sabiendo que son sólo eso). La vía que abre Sonia con su reflexión sobre el nombre elegido para un hijo es también muy rica, lo que ello apunta a las proyecciones de las figuras parentales en la idealidad de un hijo, etc.
    ¡Un beso a ambos! ( estimula y enriquece este ejercicio!!!)

    • Administrador says:

      Itziar, en relación a tus comentarios sobre la adolescencia, me resulta un aporte interesante que no habíamos tomado en cuenta. De todos modos, en lo que hace al privilegio del acto, no lo relacionaría con esa variable sino que me parece que es algo más de base.
      Según los desarrollos de André Green en relación con los pacientes no neuróticos, él dice que el psiquismo tiene dos fronteras o límites que son el soma y el acto. Dentro de lo psíquico, a su vez, hay dos defensas fundamentales: la escisión y la desinvestidura.
      Esto va acompañado por perturbaciones en la capacidad de simbolizar (de mentalizar), por lo que el empuje pulsional del Ello no alcanza a ligarse y “psiquizarse” a través de su nexo con la representación-cosa (lo que Bion denomina “ideogramas”, que cualifican los datos sensoriales o sensibles, los afectos en crudo). De ahí que sólo le quede el camino del soma o del acto para su descarga.
      Creo que este enfoque está fuertemente influido por Bion, para quien se trata de simbolizar (inicialmente a través de los ideogramas) o evacuar fuera de la mente. El funcionamiento evacuatorio es una modalidad que (en estos pacientes) alcanza a todos los procesos psíquicos (también a los sueños, por ejemplo, cuya función se vuelve evacuatoria). En un sentido análogo, Green dice que en estos casos el modelo del acto domina el acontecer mental global, también las fantasías y los sueños.
      Creo que todas las escenas relatadas por Sigfrido están dominadas por el acto. De ahí que considere que va más allá de una cuestión adolescente, ya que en la adolescencia, si bien es cierto que aparece el acting out, cuando es un proceso “normal” (o neurótico) el que está en juego, vemos que se trata de otro tipo de acting out, el cual tiene un guión fantasmático que subtiende la acción [por lo cual hay un tejido representacional que liga el empuje pulsional, aunque no logre inhibir la acción] cosa que no ocurre con los actings del entrevistado. Estos últimos precipitan en la acción con el objetivo de puentear la realidad psíquica, incapaz de procesamiento alguno: la expresión “me arruinó la cabeza” parece aludir a esta perturbación profunda en la posibilidad de dar figurabilidad, representación y procesamiento mental a los empujes pulsionales y a la compulsión de repetición (que no puede ser, por tanto, ligada ni simbolizada).

      Me resulta interesante tu propuesta de relacionar lo traumático con la “representación pimaria”, ya que en estos traumas tempranos parece haber también una falla en la capacidad de revérie de la madre, que es la que podría ayudar a que el niño transforme las representaciones primarias en secundarias.

      Tu observación de que lo que te llama la atención es que los padres no lo hayan ido a buscar, me resulta de lo más interesante, ya que creo que es la exteriorización del deseo expulsivo que ambos alimentan hacia Sigfrido y que él detecta, introyecta y le da curso a través del acto, mediante la autoexpulsión ya mencionada. Todo este proceso se desarrolla sin que el entrevistado pueda procesarlo representacionalmente, simbolizarlo, mentalizarlo. Hay un pasaje al acto directo, sin mediaciones representacionales!!

      Si lo vemos desde el punto de vista de la teoría de la mentalización, creo que podríamos decir que -tal como señalás- no se ha producido un pasaje adecuado de las representaciones primarias a las secundarias, las cuales se encuentran en la base de la capacidad de mentalizar.
      La mentalización no se alcanza y queda sustituida por la equivalencia psíquica y el modo teleológico, según el cual la acción constituye el criterio mayor que rige los intercambios interpersonales.

      Coincido también en la importancia de la capacidad de estar a solas en presencia de la madre, ya que es una de las condiciones para el surgimiento de la capacidad de simbolizar.
      Un cariño, Gustavo

  5. sonja stein says:

    Hola Itziar,hola Gustavo!
    Qué bueno poder pensar el caso desde distintos enfoques,me resultaron muy ilustrativos tus señalamientos Itziar respecto de las dificultades en relación a la mentalización y la regulación afectiva de S., ligadas a las actitudes concretas de los padres,presentes a lo largo de toda su historia vincular y sin que en apariencia hubiese gravitado alguna otra figura significativa que pudiese haber contrarrestado los efectos devastadores de la expulsión y desinvestidura presentes desde entrada que marcó Gustavo. Muy buena la “clase”sobre narcisismo primario,articulando este concepto con los aportes de Green para este tipo de paciente; por supuesto coincido con vos Gustavo en que no encontramos en la historia de Sigfrido esa magistral descripción de Freud sobre la sobreestimación del bebé; justamente por eso me llamó la atención la elección del nombre y creo que lo expresás muy bien al decir que quizás debemos considerar a Sigfrido como el reverso negativo del anverso positivo de Siegfried.Algo similar al anverso-reverso de las escenas de nacimiento(navidad)-expulsión que planteaste.Me quedan por leer tus últimos comentarios sobre el caso,y vuelvo.Gracias y cariños a ambos!
    Sonia

  6. sonja stein says:

    Hola! resulta muy claro en este material la observación de la vuelta contra sí mismo,que has remarcado Gustavo : este paciente puede mostrar la agresión al otro sólo a través de la autoagresión ; cuántos actos de
    autoabandono,autoexclusión y autodescalificación vemos en este paciente,al mismo tiempo que hemos podido ligarlos muy claramente con las concretas y sostenidas actitudes de los padres (ese “no lugar”).También podríamos pensar en una identificación con el agresor,en las dos modalidades que tiene este mecanismo-tanto pasiva como activa,ya volviendo contra sí mismo,ya identificando proyectivamente lo agresivo en el otro-por ej. en el caso de los hijos,en su anticipación de la respuesta o actitud del padre biológico hacia él-. Me pregunto si frente a sus síntomas autoagresivos,la adicción,su exponerse en la calle,etc. podemos hablar de pulsión de muerte,pensando este concepto como en la teoría clásica ,una fuerza biológicamente determinada,que conlleva un inherente placer en su descarga…Qué pasaría con el edipo en un caso como éste? Cariños a los dos y hasta pronto!
    Sonia

    • Administrador says:

      Coincido con vos, Sonia, y agregaría lo siguiente:

      Me parece interesante lo que decís de la identificación con el agresor y creo que podría pensárselo así.
      Respecto a la agresión vuelta contra sí mismo, querría reiterar un párrafo que puse en el texto del post y agregar una cita de André Green que me parece pertinente.
      En el texto yo había dicho (en relación al fragmento 6)

      El dolor que queda en el interior de Sigfrido (Muchas veces una persona se cierra tanto en su dolor) -y tal también vez la hostilidad- que no puede ser sentido, ni expresado, ni pensado, parece derivar en un despliegue motriz sin mayor objetivo (caminar para todos lados) que lleva luego a una sucesión de actos que lo conducen de un bar a otro, en un raid que implica una abolición de la conciencia en la ingesta de alcohol, como así también lo que parecería ser una búsqueda de hacerse desaparecer, que expresa bajo la forma de “desaparecerle” a la esposa, quien sufre por ello.
      Éste sería un ejemplo de lo mencionado anteriormente, en el sentido de que la agresión hacia el otro se mediatiza a través de la autodestrucción.

      La cita de Green es la siguiente:
      “Los pacientes de los que voy a hablar acá presentan aproximadamente en el centro de su cuadro clínico, un síntoma que es vivido tanto como un mecanismo que padecen y que les escapa, tanto como una aspiración a un deseo que toma, paradojalmente, la forma de una autodesaparición.
      Estos pacientes han vivido traumatismos caracterizados por un abandono, una separación de la madre, separación físicamente realizada o aún de la clase que he descripto en mi trabajo sobre la madre muerta. En los casos en que no ha habido una separación efectiva, parecería que el niño experimenta una madre inaccesible, que yo denominaría, con una palaba que condensa múltiples situaciones, la madre en otro lugar (la mere ailleurs). Ahora bien, esta madre “en otro lugar” deviene progresivamente para el niño el objeto de una fijación ambivalente, perpetuamente reivindicativa, infiltrada de “hainamoration (Lacan)”, sin que se reconozca el sentimiento de amor apasionado que se encuentra detrás de las recriminaciones” (Idées directrices pour une psychanalyse contemporaine, pp. 295-296).

      Creo que sí podemos hablar de la pulsión de muerte, aunque habría que hacer tal vez algunos agregados a lo que plantea Freud.
      Respecto al Edipo, tal vez sería interesante caracterizar lo que Green llama la bi-triangulación, que forma parte del núcleo psicótico de los fronterizos (al menos tal como lo conceptualiza en sus primeros trabajos y como puede verse en fronterizos graves).
      En mi próxima participación intentaré hacer aunque sea un bosquejo de ambos temas. Un cariño.

  7. sonja stein says:

    Hola Gustavo! Cada vez más interesantes tus reflexiones sobre este caso, y ya se ve porqué estás retomando con tanto entusiasmo a Green; en cuanto a este deseo de autodesaparición que él señala como central en estos casos,se refiere a una autoaniquilación suicida? como una réplica del deseo de “desaparición” de ese hijo no deseado-posiblemente temido -propio de la madre /padres ? Quedo a la espera de tus comentarios sobre edipo y pulsión de muerte que anticipaste en tu respuesta,buen fin de semana y hasta pronto!
    Sonia

  8. Itziar says:

    Hola Sonia! Hola Gustavo! Leo vuestras intervenciones y me son muy fructíferas.
    Con respecto a la adolescencia, en mi caso tampoco entiendo el privilegio del acto en Sigfrido con relación exclusivamente a lo que acontece en la suya, creo que este modo en su psiquismo es muy previo a este momento; lo que trataba de introducir es el nombrar la variable de cuál es el momento del desarrollo en el que se da el acontecer traumático que él sitúa como el inicio de su consumo.
    Este momento es de nuevo un punto donde toman una notable presencia aspectos que están siendo nombrados: empuje del Ello (todos los cambios en el cuerpo), las ansiedades y angustias que se movilizan, la posibilidad de ligadura y representación, las defensas que se ponen en marcha, la temática de la separación-individuación, la revisión de las imagos parentales de la niñez, etc. Difícil y complicada tarea para un latente sobre quien estamos hipotetizando un escenario edípico tan complejo y en el que suponemos fallos importantes en la triangulación edípica y a ello se añade que tiene que metabolizar y elaborar ese “conocimiento” dado con violencia.
    Tu inclusión, para la comprensión del caso, del concepto de “bi-triangulación” me ha resultado muy interesante. Es un caso clínico en el que conceptos tales como terceridad, el lenguaje y su potencial elaborativo, me parece que son muy sugerentes y enriquecedores.
    Sonia, tu propuesta de contemplar la identificación con el agresor la comparto.También me parecería muy atractivo e interesante si Gustavo pudiera recoger la gestión de la temática agresiva en Sigfrido desde los conceptos de Green de la destructividad y lo negativo. Parece que Sigfrido no pudo poner en marcha esa destructividad sana y necesaria, tal y como la concebía Winnicott, para lograr la separación del objeto primario y la constitución de un sujeto con sentimiento de integración e individualidad.
    Un cariño, Sonia. Un cariño, Gustavo.

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