Los sueños en la obra de Freud VI

Los pensamientos latentes del sueño

En una serie de ocasiones Freud dice que el sueño soñado es un sustituto de otra cosa, la cual no aparece de manera directa y explícita sino de modo indirecto, esto es, mediante el sueño manifiesto. Por esa razón es necesario el trabajo de interpretación, para, partiendo del sueño recordado, llegar a aquello de lo cual éste es un sustituto.

Ese elemento no manifiesto al que se llega mediante el trabajo mencionado, es lo que Freud llama contenido latente. De él suele decir que “…se discierne tras el sueño mediante el trabajo de interpretación” (1900, p. 154) [negritas agregadas].

Creo que esta expresión “tras” es importante, porque tiene relación con la consideración del sueño manifiesto como una fachada detrás de la cual se oculta el contenido latente.

Vistas las cosas de esta manera, ambos contenidos (manifiesto y latente) parecen ser radicalmente distintos y no tener conexión entre sí. Distinto es pensar la relación entre ambos de un modo más estrecho, como por ejemplo que el contenido latente no sólo puede encontrarse tras el sueño, sino también en el sueño. Este punto posee la mayor importancia para la forma de entender el sueño. Hemos venido haciendo referencia a él desde el primer post, al hablar del valor del sueño manifiesto. De todos modos, dada la complejidad e importancia del tema, seguiremos enfocándolo desde otros puntos de vista.

Si tomamos ahora en consideración las series de asociaciones que es posible obtener a partir de los diversos componentes del sueño, cabe decir que en toda una serie de casos es a través de ellas como accedemos al contenido latente. Esto nos indica una primera e indispensable diferenciación: el contenido latente no es lo mismo que las asociaciones. Estas últimas son una de las maneras para llegar hasta aquél. Esta diferenciación estaba ya expresada en le primer post cuando dijimos que las asociaciones correspondían al segundo estrato en la arquitectura del sueño, mientras que el contenido latente correspondía al tercero. Los diversos ejemplos que hemos consignado en los posts anteriores muestran con claridad esta diferenciación (un ejemplo particularmente elocuente es el sueño presentado en el primer post).

En lo que sigue nos plantearemos una serie de preguntas en relación al contenido latente. La primera de ellas es: ¿en qué consiste este contenido latente, cuál es ese “contenido”?

Una de las respuestas más habituales es que el contenido latente consiste en un deseo, o mejor aún, en el cumplimiento de un deseo.

Ya en el primer sueño sometido a una interpretación detallada que Freud publicó, esto es, en el sueño de la inyección a Irma, concluye -cuando compara el contenido del sueño y los pensamientos oníricos ocultos tras él- de la siguiente forma: “El sueño cumple algunos deseos que me fueron instilados por los acontecimientos de la tarde anterior (el informe de Otto, la redacción de la historia clínica). El resultado del sueño, en efecto, es que yo no soy culpable de que persistan los padecimientos de Irma, sino Otto; éste, con su observación acerca de la incompleta curación de Irma, me ha irritado y el sueño me venga de él devolviéndole ese reproche. El sueño me libera de responsabilidad por el estado de Irma atribuyéndolo a otros factores; produce toda una serie de razones. El sueño figura un cierto estado de cosas tal como yo desearía que fuese; su contenido es, entonces, un cumplimiento de deseo, y su motivo, un deseo” [cursivas en el original; negritas agregadas] (Freud, 1900, p. 139).

La ocasión de la víspera que contribuye a la producción del sueño consiste en la visita que Otto le hiciera a Freud, en la que le comenta que ha visto a Irma y que no está del todo bien. Estas palabras irritan a Freud quien cree ver en ellas un reproche, como si le hubiera prometido demasiado a su paciente. Esa tarde redacta la historia clínica con el objetivo de enviársela a M, que era le personalidad descollante en el círculo médico.

La noche que siguió a esa tarde tiene el sueño de la inyección a Irma, en el que acusa a Irma de no haber aceptado la solución que le propuso; también aparece en el sueño que la enfermedad es orgánica, por lo cual no se le puede reprochar no haberla curado; de igual forma, el sueño dice que la culpa es de Otto, quien le ha puesto una inyección y le ha producido una infección. Con estos (y otros) argumentos, Freud se libera mediante este sueño, de todo sentimiento de culpa, ya que en él se muestra que no es culpable del no restablecimiento de Irma. Éste es por tanto, el deseo que aparece cumplido en el sueño: no ser culpable.

El breve capítulo siguiente a aquél en que figura este sueño, cuyo título es “El sueño es un cumplimiento de deseo”, consiste en lo esencial en una serie de ilustraciones de esta afirmación. También el capítulo 4 “La desfiguración onírica” prosigue con los ejemplos, agregando un problema: ¿cómo puede entenderse como cumplimiento de deseos un sueño que es displacentero, o que produce angustia?

Este planteo lleva a Freud a diferenciar entre dos instancias psíquicas o sistemas, uno de los cuales produce el sueño, mientras que el otro hace las veces de censura, lo que explicaría lo displacentero de muchos sueños, ya que el deseo que en ellos se expresa estaría condenado por la censura.

La introducción de esta problemática y de esta diferenciación de instancias, permite un cambio de la mayor importancia en la manera de entender el deseo del cual el sueño es cumplimiento.

Tanto en el sueño de la inyección a Irma, como en varios de los ejemplos de estos capítulos, se trata ciertamente de deseos preconscientes (como el de no querer ser culpable del no restablecimiento de Irma), mientras que con la introducción de las dos instancias y de la censura, la idea cambia y Freud entonces dice: Ahora bien, daremos razón de todo lo que el análisis de displacer ha traído a la luz si modificamos como sigue la fórmula destinada a expresar la esencia del sueño: El sueño es el cumplimiento (disfrazado) de un deseo (sofocado, reprimido)” [cursivas en el original] (1900, p. 177).

Esta conclusión posee la mayor importancia, ya que sitúa al deseo que se expresa en el sueño en lo Inc. (en tanto reprimido), y ya no en el Prec.

A partir de aquí cabe entonces hacerse la siguiente pregunta: ¿qué contenidos psíquicos son aquellos elementos preconscientes que contribuyen a formar el sueño? (ya que no hay un pasaje directo desde el deseo inconsciente reprimido al contenido manifiesto, sino que en la construcción del sueño participan también contenidos preconscientes con los cuales aquél entra en contacto). ¿Se trata también de deseos, o puede haber otro tipo de actos psíquicos en juego?

Una frase de Otto Rank, que Freud cita, se inclina por la primera opción: “El sueño sobre la base y con el auxilio de un material infantil-sexual reprimido, figura disfrazados y con ropaje simbólico unos deseos actuales, por lo general también eróticos” [cursivas agregadas] (Freud, 1900, p. 177, Nota).

Pero otros ejemplos muestran otro modo de ver las cosas. Cito ahora uno particularmente elocuente, que refiere Freud:

“Una mujer joven, pero casada desde hace muchos años, sueña: Está sentada con su marido en el teatro, un sector de la platea está totalmente desocupado. Su marido le cuenta que Elise L. y su prometido también habían querido ir, pero sólo consiguieron malas localidades, 3 por 1 florín y 50 kreuzer, y no pudieron tomarlas. Ella piensa que eso no habría sido una calamidad.

Lo primero que nos informa la soñante es que la ocasión del sueño es rozada en su contenido manifiesto. Su marido le había contado realmente que Elise L., una conocida que tenía más o menos su misma edad, acababa de celebrar su compromiso matrimonial. El sueño es la reacción frente a esa comunicación.

Ya sabemos que con respecto a muchos sueños es fácil rastrear una ocasión así de la víspera y que estas derivaciones suelen ser indicadas por el soñante sin dificultad alguna. Informaciones de igual índole pone a nuestra disposición la soñante, asimismo, respecto de otros elementos del sueño manifiesto.

¿De dónde proviene el detalle de que un sector de la platea está desocupado? Es una alusión a un acontecimiento real de la semana anterior. A ella se le había puesto en la cabeza asistir a cierta función teatral, y para eso tomó entradas muy tempranamente, tanto que debió pagar un adicional por reservación. Cuando llegaron al teatro se demostró lo superflua que había sido su precaución, pues un sector de la platea estaba casi vacío. Habría bastado con adquirir las entradas el mismo día de la función. Además, su marido no dejó de burlarse de ella por este apresuramiento.

¿De dónde viene la cifra de 1 florín 50 kreuzer? De un contexto por entero diverso, que nada tiene que ver con lo anterior, pero igualmente alude a una noticia del día previo. Su cuñada había recibido como obsequio de su marido la cifra de 150 florines, y no había tenido nada más urgente que hacer, esa pavota, que correr al joyero y trocar el dinero por una alhaja.

¿De dónde viene el 3? Sobre eso ella no sabe nada, a menos que quiera considerarse la ocurrencia de que la novia, Elise L., es sólo 3 meses más joven que ella, mujer casada ya desde hace casi diez años.

¿Y el disparate de que se tomen tres entradas cuando sólo eran dos? Sobre eso nada dice, nos rehúsa toda ocurrencia e información ulteriores.

Pero ella, en sus pocas ocurrencias, nos ha aportado material suficiente para que sea posible a partir de él colegir los pensamientos oníricos latentes.

Tiene que llamar la atención que en sus comunicaciones sobre el sueño aparezcan en varios pasajes unas precisiones temporales que fundamentan la existencia de una relación de comunidad entre diversas partes del material. Ella se procuró demasiado temprano las entradas al teatro, las tomó apresuradamente, y tuvo que pagarlas más; la cuñada se apresuró de manera parecida a llevar su dinero al joyero para comprar una alhaja, como si fuera a perderlo. Sumemos a esas expresiones tan destacadas “demasiado temprano” y “apresuradamente”, la ocasión del sueño, la noticia de que la amiga, 3 meses más joven que ella, había conseguido no obstante un hombre de altas cualidades, y la crítica expresada en el regaño a la cuñada: “Es un disparate apurarse tanto”. Si tal hacemos nos surge de manera casi espontánea la siguiente construcción de los pensamientos oníricos latentes, de los cuales el sueño manifiesto es un sustituto harto desfigurado:

“¡Fue sin duda un disparate de mi parte apurarme así con el casamiento! Por el ejemplo de Elise veo que aun más tarde habría conseguido marido” (El apresuramiento es figurado por su conducta hacia la compra de las entradas y la de su cuñada hacia la compra de la alhaja. El ingresar en el teatro aparece como sustituto del casarse)” (1915-1916, pp. 111-112).

Si bien habría muchas cosas para considerar en este sueño (como el tema del desplazamiento, entre otros), lo más importante para nuestro tema es que vemos en él con claridad que los pensamientos oníricos no consisten en un deseo, sino en una autocrítica y tal vez en un lamento.

Retomando la pregunta formulada más arriba, podríamos decir que este ejemplo nos muestra que dichos pensamientos latentes no tienen por qué ser siempre deseos, sino que pueden ser otros actos psíquicos muy diversos de ellos, y que en la interpretación del sueño no habremos de buscar (o esperar encontrar) necesariamente un deseo, sino que nos será dable hallar los más variados procesos psíquicos. 

¿Cómo se relacionan los pensamientos latentes con el deseo inconsciente y/o reprimido?

Podríamos plantearlo de la siguiente manera: cuando el sujeto se duerme se produce un quite de las investiduras de los procesos de pensamiento vigentes en la vigilia, con lo cual éstos se desactivan. Pero no con todas las hilaciones de pensamiento ocurre lo mismo, sino que algunas de ellas, provistas de una investidura mayor, continúan durante la noche y entran en conexión con el deseo inconsciente [más adelante, en otro post, veremos en detalle este proceso], que les presta la energía suficiente como para que recorran el camino hasta el polo perceptivo y penetren en la conciencia como sueño.

Estos procesos de pensamiento (que Freud denomina “restos diurnos”) pueden tener, por supuesto, las mismas características que el pensamiento vigil. De este modo, pueden ser deseos o temores no procesados, pero también confesiones, reflexiones, proyectos, advertencias, fantasías, intentos de adaptación a determinada situación vital, recuerdos, representaciones del estado de cosas de la mente (al modo de una autoobservación), etc.

Estos procesos conforman el tercer estrato de la arquitectura del sueño consignada en el primer post de esta serie. Son los pensamientos oníricos o contenido latente.

La autocrítica y el lamento que encontramos en el sueño comentado más arriba, ilustran esta concepción.

De todos modos, estos restos diurnos o pensamientos oníricos no constituyen todavía el sueño. Hace falta el factor que para Freud es el más esencial: el deseo inconsciente; por regla general uno infantil, reprimido en la actualidad que se enlaza con el material mencionado y se expresa en él. De este modo, le presta una fuerza tal que le permite recorrer el camino hasta el polo perceptivo y penetrar en la conciencia como sueño (Freud, 1913).

“Es muy posible que un pensamiento onírico desempeñe para el sueño el papel del empresario, pero el empresario que, como suele decirse tiene la idea y el empuje para ponerla en práctica, nada puede hacer sin capital; necesita de un capitalista que le costee el gasto, y este capitalista, que aporta el gasto psíquico para el sueño, es en todos los casos e inevitablemente, cualquiera que sea el pensamiento diurno, un deseo que procede del inconsciente”. (1900, p. 553).

El nexo que los pensamientos latentes establecen con el deseo inconsciente hace que sufran una regresión mediante la cual se traducen en imágenes visuales y son sometidos al trabajo del sueño (condensación, desplazamiento, elaboración secundaria). Nos enteramos de este material a través de la interpretación del sueño y en toda una serie de casos el análisis del sueño llega hasta este punto, sin acceder al deseo reprimido. Por lo demás, muchos de estos pensamientos se encuentran en lo profundo del preconsciente, por lo cual el sujeto puede no saber nada sobre ellos, o inclusive pueden haber sufrido también cierto grado de represión.

En los distintos sueños es variable el grado en que participan en la construcción del sueño manifiesto los pensamientos latentes y la realización del deseo. Basado en esta diferencia es que Freud distingue entre “sueños de arriba” y “sueños de abajo”.

Los primeros son aquellos que consisten en formaciones de ideas que podrían haberse formado tanto durante la vigilia como durante el dormir. Adquieren muchas veces una forma abstracta, poética o simbólica y pueden ser en gran medida interpretados por el soñante mismo (Freud, 1929, p. 201). El deseo inconsciente se hace presente sólo en algunos elementos o en detalles de los mismos.

Por el contrario, los sueños “de abajo” son aquellos en los que su contenido se halla dominado por las representaciones en las que se representa y satisface el deseo (cf. el sueño del post 2, de la mujer que viajaba en un taxi).

Desearía citar ahora un texto de la mayor importancia en el que Freud se refiere a la relación entre el sueño manifiesto y el contenido latente.

Dice así: “Pensamientos del sueño [contenido latente] y contenido del sueño [sueño manifiesto] se nos presentan como dos figuraciones del mismo contenido en dos lenguajes diferentes; mejor dicho, el contenido del sueño se nos aparece como una transferencia de los pensamientos del sueño a otro modo de expresión, cuyos signos y leyes de articulación debemos aprender a discernir por vía de comparación entre el original y su traducción” [negritas agregadas] (1900, p. 285).

Este párrafo de Freud posee la mayor importancia en relación al problema planteado al comienzo de este post, esto es, si el contenido latente se encuentra tras el sueño, o en el sueño.

Creo que estas afirmaciones de Freud no avalan la idea de un sueño como una fachada totalmente ajena a lo que se esconde “detrás” de ella. Por el contrario, es un mismo contenido el que se halla presente en ambos estratos (manifiesto y latente), sólo que ha mediado una traducción entre uno y el otro. Y, por otra parte, el sueño manifiesto posee un modo de expresión muy diferente a los pensamientos latentes (que, una vez descubiertos, tienen la estructura del pensamiento de vigilia, como se ve en el ejemplo del sueño del teatro). Es este modo de expresión el que hay que aprender a conocer, las leyes y modalidades de la traducción de lo latente a lo manifiesto, a los efectos de poder desandar el camino y, partiendo del sueño soñado y relatado, llegar hasta los pensamientos latentes del mismo.

Desearía ahora ilustrar estas ideas mediante un sueño breve y sencillo:

El sueño pertenece a un paciente de 40 años, psicólogo, que se ha recibido hace poco tiempo, de ahí que esté haciendo su formación como analista, a la vez que da clases en una Facultad.

El sueño es el siguiente (pertenece a la noche previa al día de la sesión en que lo relata):

Me encontraba en mi consultorio y acostada en el diván estaba mi paciente Mónica. Lo raro del sueño es que yo estaba enfrente de ella, parado, y escribía las interpretaciones en un pizarrón que tenía al lado mío. Eso era todo.

T: ¿Qué te surge con esa paciente?

P: “Me acuerdo de la sesión de ayer con ella. Fue una sesión muy difícil…no entendí mucho de lo que me decía. Ella seguía hablando y yo no encontraba qué decirle. Faltaba poco para el final de la sesión, así que decidí comentarle algo que me parecía que se podía deducir de sus ocurrencias, pero ella me dijo que no sentía para nada lo que yo le decía.

Me sentí mal y me callé, porque pensé que ella tenía razón y que yo no había entendido nada. Cuando terminó la sesión me sentí peor y me quedé pensando si la paciente volvería y si yo estaba capacitado para atender pacientes. Fue una situación que me puso realmente mal”

T: ¿Te surge algo con el pizarrón?

P: “Sí, a la noche fui a dar clase a X y ahí estuve explicando un tema que había preparado bien. Cuando terminó la clase, se me acercó un alumno y me dijo: “estuviste brillante””.

Hasta acá el material del paciente, que permite reconstruir con bastante facilidad los pensamientos latentes que han sido traducidos a un modo de expresión particular.

En el sueño vemos una condensación entre la situación analítica y la situación de docencia en una escena por demás singular. Nos encontramos en presencia de un aspecto de la traducción (la escena mixta).

El texto original, previo a la traducción, podemos deducir que es: “soy un analista brillante”

En este caso (como con tanta frecuencia ocurre) la condensación implica una relación de predicación. El sueño lo muestra como analista (en tanto está en su consultorio y su paciente está en el diván) y predica de él algo que le fue dicho en relación a su desempeño docente: que había estado “brillante”. De ahí que debamos articular -de la forma mencionada- ambos aspectos a los efectos de la interpretación.

Podemos advertir también que en este sueño se cumple un deseo (el de ser un analista brillante), pero que este cumplimiento está al servicio de neutralizar una vivencia penosa en donde la autoestima del soñante se vio conmovida. El sueño lo consuela así de esa experiencia perturbadora.

Nuevamente podemos ver que no es posible entender este sueño sin las asociaciones del paciente, pero que no son éstas por sí mismas las que nos indican su sentido, sino que su utilidad consiste en que, en la medida en que las articulamos con el sueño soñado y relatado, podemos reconstruir el original desde la traducción.

Por último, desearía hacer una síntesis de lo que hemos visto hasta ahora (en este post y en posts anteriores) en relación a esta traducción a que nos estamos refiriendo:

En la traducción que los pensamientos latentes sufren para llegar a convertirse en sueño manifiesto, estos pensamientos pueden:

a) Aparecer directamente en el sueño soñado (en este caso, él como analista)

b) Figurar en el sueño por medio de una alusión o de un elemento conectado con ellos (así, el concepto “brillante” no aparece directamente, sino representado por un elemento que se encuentra en contigüidad con él: el pizarrón en el que el paciente dio la clase, tras la que fue calificado de esa forma).

c) Ser representados en el sueño por medio de símbolos (ej sueño del taxi en post 2)

d) Ser representados por medio de una construcción léxica de doble sentido (cf. post 3)

e) Si consisten en una fantasía, aparecer directamente en el sueño, o en forma parcial (cf. post anterior).

f) Aparecer desdoblados en el sueño manifiesto (sueño del taxi en post 2).

g) Que sólo un fragmento de ellos aparezca en el sueño manifiesto (ej sueño post 1)

h) Aparecer condensados en el sueño manifiesto (como en este ejemplo)

i) Que en lo manifiesto aparezca lo contrario del pensamiento latente (como en el sueño del robo consignado en el post anterior).

Este listado no agota los procesos que operan en la traducción de lo latente a lo manifiesto.

En posts posteriores agregaremos algunos otros procesos, a los efectos de construir un listado más completo.

Por último, para agregar un aspecto muy importante de la relación entre lo manifiesto y lo latente, cito un párrafo de Freud que será retomado en otro post (al hablar de la condensación).

“…la relación entre elementos manifiestos y latentes no es simple, no responde en absoluto al tipo en que un elemento manifiesto sustituirá siempre a uno latente. Más bien tiene que ser una relación de masas entre ambos campos, dentro de la cual un elemento manifiesto pueda subrogar a varios latentes, o uno latente pueda estar sustituido por varios manifiestos” (Freud, 1915-1916, pp. 113 y 158).

 

Autor: Gustavo Lanza Castelli

www.mentalizacion.com.ar

gustavo.lanza.castelli@gmail.com

 

Referencias:

 

Freud, S (1900) La interpretación de los sueños. Ed Amorrortu, T IV y V

Freud, S (1913) Un sueño como pieza probatoria. Ed Am, T XII

Freud, S (1915-1916) Conferencias de introducción al psicoanálisis. Ed Am T XV

Freud, S (1929) Carta a M. Leroy sobre un sueño de Descartes. Ed Am, T XXI

 

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4 Respuestas a Los sueños en la obra de Freud VI

  1. sonja stein says:

    Leyendo recientemente una reseña en “Aperturas…” sobre The clinical exchange,de Lichtenberg,veo que se señala la existencia-basados en los últimos descubrimientos sobre sueños REM y No- Rem -de distintas clases;los primeros expresarían estados afectivos profundos y complejos,en cambio los sueños no-Rem presentan mucho proceso secundario,con procesamientos cercanos a los propios de la vigila;me pareció notable la anticipación de Freud que traés acá sobre los sueños de arriba y los sueños de abajo,como en otras varias temáticas,la neurociencia le “da la razón!”

    • Administrador says:

      Interesantísimo tu comentario, Sonia. Siempre es estimulante que la tecnología actual (y las investigaciones basadas en ella) estén en concordancia con los planteos de Freud, a la vez que nos da la pauta -una vez más- de su genio y de su notable capacidad de observación y anticipación.
      Un cariño, Gustavo

  2. José Antonio Mendéz Ruíz says:

    Estimado Gustavo. He leído con atención el artículo y de él se podrían comentar muchos aspectos, por ejemplo el de la relación entre sueño latente y manifiesto. Una línea, que desde mi punto de vista, ya no es tan nítida como pudo serlo en tiempos de Freud. Sin embargo, quiero ahora hacer hincapié en una aspecto que me interesa particularmente y sobre el que venimos trabajando un grupo de compañeros de la Asociación FORUM. Se trata de los efectos que, sobre la interpretación de los sueños y, de modo más general, sobre su significación, ha tenido la irrupción del modelo bipersonal o relacional en psicoanálisis. En este sentido, para algunos autores, como Kantrowitz, los sueños continúan siendo la vía regia a los procesos inconscientes del individuo, pero son también una fuente de información fundamental sobre la representación inconsciente de la relación paciente-analista. En este sentido, y en relación con el tema de los sueños, Bollas afirma que “por psicología unipersonal queremos referirnos a todos aquellos pensamientos y sentimientos que derivan fundamentalmente del trabajo del sueño de un self. Por psicología bipersonal creo que nos referimos a todas aquellas ideas y emociones que derivan del trabajo dialéctico de dos subjetividades comprometidas”. Pienso que ponernos en esta perspectiva abre una vía enormemente prometedora en el trabajo clínico con los sueños. Una herramienta que, me parece, ha sido injustamente relegada en los últimos años cuando sigue teniendo una potencia terapéutica enorme. Desde mi punto de vista no es ajeno a esta postergación el que no se haya producido en la Teoría y Técnica de los sueños un desarrollo en paralelo al que vamos viendo en otros terrenos de la Teoría y de la Técnica. Este artículo y el que acabas de publicar en Aperturas Psicoanalíticas sobre sueño y mentalización me parece que van en esa buena línea.

    • Administrador says:

      Estimado José; agradezco tu interesante participación en el blog.
      Respecto a las ideas que enuncias, quiero comentarte algunas cosas: lo que dices del contenido manifiesto y latente me interesa muy particularmente. Habrás visto que lo habitual es que los analistas hoy en día no pidan muchas asociaciones y que interpreten los sueños en función de una lectura analógico-simbólica de su contenido manifiesto. Es interesante este proceder, aunque habría que poder justificarlo teóricamente (en el sentido de indicar el por qué de esta modalidad) y caracterizar qué sueños pueden ser interpretados de esa manera y cuáles no (ya que no todos se prestan a este enfoque. Basta probarlo con el sueño de la monografía botánica de Freud para convencerse de sus limitaciones). En fin, todo un tema!
      En lo que respecto a la dialéctica intersubjetiva que tiene lugar en la sesión y su relación con los sueños, coincido en que es un vector que hoy en día es imposible desconocer. También opino que hay analistas que exageran, por así decir, este vector, de modo tal que todos los sueños son entendidos primordialmente (o exclusivamente) en su vertiente transferencial.
      Por mi parte, creo que es necesario diferenciar entre “conflicto activado” y “dimensión relacional” (transferencia/contratransferencia). Esta distinción ayuda a puntualizar que hay veces en que ambas coinciden y entonces es pertinente centrar la intervención en el “aquí-ahora-conmigo”, pero en muchas otras ocasiones no es así, por lo que el conflicto activado del paciente tiene relación con un tercero que no está presente en la sesión, y es en ese sentido que hay que tomarlo.
      Me doy cuenta que lo que te digo es demasiado esquemático y que todo esto habría que desarrollarlo mucho más. Pero valga al menos como para comenzar el intercambio.
      Un saludo!

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