Los sueños en la obra de Freud IV

Los sueños típicos.

En el primer post de este seminario trazamos un esquema de la arquitectura del sueño, de sus distintos estratos y de la relación entre ellos.

También ilustramos con un breve ejemplo el planteo técnico inicial de Freud, según el cual es necesario contar con las asociaciones del soñante para desentrañar el significado del contenido manifiesto del sueño, en la medida en que se considera que éste ha sido construido desde una serie de recuerdos de situaciones altamente personales, que establecen nexos asociativos con los pensamientos latentes a los que representan en dicho contenido manifiesto.

A partir de este ejemplo consideramos que tenían una importancia central las representaciones intermediarias entre los pensamientos latentes y el contenido manifiesto, y que de sus características dependería la técnica que deberíamos emplear para analizar el sueño.

De este modo, en los posts dos y tres, pusimos el acento en que en toda una serie de casos dichas representaciones intermediarias no consistían en recuerdos de situaciones individuales, sino en representaciones colectivas.

En el post dos caracterizamos una categoría de esas representaciones colectivas: el simbolismo, del cual dijimos que trascendía geografías y épocas históricas y se reencontraba en diversos soñantes al modo de un “lenguaje fundamental”.

En el post siguiente caracterizamos a otra de estas representaciones colectivas: las construcciones léxicas comunes a una determinada cultura, compartida por analista y paciente. Estas construcciones se transforman en imágenes visuales en el sueño por lo que resultan incomprensibles a primera vista, a menos que estemos advertidos de su presencia y función.

En estos casos el método de asociación libre no brinda resultado alguno y se hace necesario apelar entonces a otra técnica para descifrar el sueño, basada en el conocimiento (por parte del analista) del simbolismo onírico y de las expresiones léxicas socialmente compartidas, a partir de los cuales es posible inferir directamente el contenido latente de aquellos fragmentos del sueño que han sido construidos de esta manera.

Cabe agregar ahora que en estos dos últimos casos, los temas de los sueños eran totalmente personales, aunque las representaciones intermediarias entre los pensamientos latentes y el sueño manifiesto fueran colectivas, tal como acaba de ser dicho.

En el caso que veremos en este post, el de los sueños típicos, nos encontramos con una diferencia fundamental, ya que -como su nombre indica- el contenido de los mismos no es personal, sino que es general, lo cual quiere decir que son sueños soñados por muchas personas.

Freud los define diciendo que “…son aquellos en que idéntico contenido onírico manifiesto emerge con frecuencia en soñantes diversos” (1900, p. 398). “…hay una cierta cantidad de sueños que casi todos han soñado del mismo modo y de los que solemos suponer que también tienen en todos el mismo significado. Estos sueños típicos suscitan un interés particular, además, porque puede conjeturarse que en todos los seres humanos brotan de las mismas fuentes” (Ibid, p. 252).

El tema, entonces, es común, aunque los detalles de su figuración en el sueño manifiesto puedan variar en función de las características personales del soñante.

Otra característica de esos sueños es que en ellos tampoco es posible utilizar el método de las asociaciones libres, ya que en el soñante no surgen ocurrencias relacionadas con el sueño o, si lo hacen, no resultan de utilidad para su comprensión.

Posteriormente Freud diferencia dos clases de sueños típicos: aquellos que tienen siempre el mismo significado (en soñadores distintos) y aquellos que a pesar de su contenido similar o idéntico, admiten significados diversos según el soñante de que se trate.

Comenzamos con aquellos que tienen siempre un sentido idéntico:

1) Sueños típicos cuyo significado es siempre el mismo:

1.A) El sueño de turbación por desnudez:

Hay veces en que se sueña que se está desnudo delante de alguien desconocido, pero sin que tal cosa produzca vergüenza o perturbación alguna. En este caso no se trata del sueño típico que nos ocupa.

En él el soñante se ve desnudo, o con una vestimenta incompleta o inapropiada (estar en camisón, en pijama, con poca ropa, etc.) ante personas a las que no conoce, cuyos rostros suelen quedar indeterminados.

El sentimiento que se experimenta es de vergüenza y turbación, debido a lo cual el soñante intenta ocultarse o escapar, pero sin conseguirlo, ya que sufre una inhibición motriz que le impide moverse del lugar en el que se encuentra.

Lo llamativo de esta escena es que aquellos delante de los cuales se siente vergüenza suelen mostrar una total indiferencia ante el hecho de la propia desnudez, lo cual contrasta fuertemente con el sentimiento experimentado.

Los componentes del sueño típico, entonces, son: a) desnudez o vestimenta inapropiada; b) vergüenza e intento de ocultarse; c) imposibilidad de hacerlo; d) indiferencia de los extraños presentes en la escena (que contrasta con el propio sentimiento de vergüenza).

Freud refiere un ejemplo propio de este tipo de sueños:

Con una toilette muy incompleta salgo de una vivienda de la planta baja y trepo por la escalera hasta el piso superior. Voy saltando los escalones de tres en tres y me regocijo de poder subir las escaleras con tanta agilidad. De pronto veo que una mujer de servicio baja por la escalera y entonces viene a mi encuentro. Me avergüenzo, quiero apresurarme, y ahora aparece aquella parálisis, me quedo clavado en los escalones y no me muevo del sitio  (1900, p. 249-250).

Freud postula que en la base de este sueño típico se encuentra un recuerdo infantil, ya que fue en la infancia cuando nos fue permitido andar sin ropa, sin ser reprendidos ni sufrir vergüenza, antes bien, experimentando un vivo placer ante este hecho.

Pero el sueño no consiste meramente en recuerdos, sino que a través de ellos se satisface el deseo exhibicionista de la infancia, que en la edad adulta queda sofocado, o se encuentra en la base de la formación de ciertos síntomas (el cubrirse exageradamente, el excesivo pudor, etc.). Es este deseo el que se abre paso en el sueño típico que estamos considerando, después de haber sufrido la correspondiente desfiguración debida a la obra de la censura (*).

Cabe preguntarse por qué, si en este sueño se satisface el deseo exhibicionista infantil, el sentimiento que lo acompaña es siempre penoso. La respuesta consiste en que dicho desarrollo de afecto es obra de la censura ante el hecho de que el deseo por ella prohibido se ha abierto paso de todos modos, conquistando figurabilidad en el contenido manifiesto del sueño.

Por lo demás, la inmovilidad que se experimenta en la escena mencionada es la expresión del conflicto de la voluntad, del poder del “no”. “De acuerdo con el propósito inconsciente, la exhibición debe continuarse, y de acuerdo con la exigencia de la censura, debe interrumpirse” (1900, p. 256).

Por último, otro rasgo llamativo de este tipo de sueños, esto es, la indiferencia de las personas presentes en la situación (en lugar de lo que sería de esperar: que miraran asombrados, se burlaran, criticaran, etc.), puede ser explicada mediante el cumplimiento de deseos, que ha suprimido este aspecto penoso.

La combinación paradójica del afecto de vergüenza y la indiferencia ajena se explica entonces por el triunfo relativo de la censura y del deseo. La primera en la presencia del sentimiento de malestar, el segundo en la indiferencia de los allí presentes.

1.B) Los sueños de la muerte de personas queridas:

Lo que caracteriza a estos sueños como típicos es que ante la escena onírica de la muerte del ser querido de que se trate (padre, madre, hermano/a, hijo/a, etc.) el soñante siente profundo dolor por la pérdida y rompe eventualmente a llorar mientras aún duerme.

Por el contrario, cuando en la escena del sueño manifiesto tiene lugar dicha muerte, pero el sentimiento no es acorde a lo que ocurre, el sueño no ha de ser considerado dentro de la categoría de típico y podrá tener un significado muy diferente.

Freud menciona el caso de una mujer cuyo sobrino había muerto poco tiempo antes. En ocasión del velorio le fue dado ver a un hombre del que estaba secretamente enamorada. Poco después soñó que su otro sobrino moría también, pero sin que este suceso la apenase en lo más mínimo. La fuerza impulsora de este sueño era su deseo de volver a ver al hombre amado y por eso los afectos del sueño (que no estaban ligados al contenido manifiesto sino al latente) no tuvieron carácter penoso.

Cuando sí se trata de sueños típicos el significado de los mismos es el deseo (cumplido) de que esa persona muera.

Tras sentar esta afirmación, Freud se apresura a agregar que este deseo no tiene por qué ser actual, sino que bien puede ser un deseo que se tuvo muchos años antes, concretamente en los años de la infancia, y que ha quedado archivado o reprimido. Por lo tanto, el que tenga lugar un sueño así no significa que el soñante le desee la muerte a esa persona en lo actual.

Por lo demás, en la temprana infancia el concepto de muerte es muy diferente al que tenemos los adultos y significa solamente el alejamiento de aquél que muere, de forma tal que no moleste ya a los sobrevivientes.

Por esa razón, dicho deseo se despierta en una serie de ocasiones en los primeros años de la vida.

Una de ellas, de particular importancia, tiene que ver con el nacimiento de un hermano que viene a poner en cuestión el sitial preferencial en el que el mayor suponía encontrarse. Ante esta llegada poco deseada es habitual que surjan expresiones como “que vuelva a donde estaba”, “que se lo lleven” y otras manifestaciones que implican el anhelo de la desaparición (muerte) del recién llegado.

El egoísmo del niño -dice Freud- lo lleva a maltratar al menor, a denigrarlo, tiranizarlo, quitarle sus juguetes, etc. (ya que no ha logrado que desaparezca) con lo cual canaliza la hostilidad que por él siente.

A su vez, el menor que padece este trato, teme a su hermano y se consume en furia impotente contra el opresor. Los ecos de este complejo fraterno infantil son fuente de síntomas diversos y de sueños en la edad adulta.

Cuando el objeto de este deseo de muerte es uno de los padres, vemos por regla general que es el padre del mismo sexo del sujeto aquél cuya muerte se desea. La razón de ser de ello radica en que es vivido como competidor en el amor que se siente por el del sexo opuesto.

“Llegamos a saber que los deseos sexuales del niño -si es que en ese estado germinal merecen tal nombre- despertaron muy temprano, y que la primera inclinación de la niña atendió al padre y los primeros apetitos infantiles del varón apuntaron a la madre. Así, para el varón el padre y para la niña la madre devinieron competidores estorbosos, y ya respecto de los hermanos puntualizamos cuán poco se necesita para que este sentimiento lleve al deseo de muerte” (1900, pp. 266-267).

[Estas opiniones iniciales de Freud respecto a los deseos sexuales infantiles serán desarrolladas en 1905 y continuadas en textos posteriores; sus opiniones respecto al Complejo de Edipo encontrarán una formulación más compleja en 1923, y sus ideas respecto a la elección de objeto infantil en la mujer cambiarán sustancialmente a partir de 1925].

En la obra de 1900 que estamos comentando, Freud dedica largas e interesantes páginas a estos dos complejos (fraterno y de Edipo), tan sustantivos para entender la clínica de las neurosis. Lo hace desde la p.260 ala p. 274.

Por último, en relación a los sueños de la muerte de personas queridas se puede advertir que en ellos el deseo reprimido ha alcanzado su representación en el contenido manifiesto sin desfiguración alguna. Esto se debe a que suele combinarse con un resto diurno consistente en el cuidado por la vida de la persona querida, o la preocupación por ella.

Por lo demás, el sentimiento de dolor enmascara el que se trate en dicho sueño de un deseo, aunque su contenido de representaciones no haya sufrido disfraz alguno.

1.C) El sueño de exámen:

Se trata de un sueño en el que somos reprobados en exámenes importantes que hemos aprobado, como aquél con el que logramos terminar el último año del colegio, o aquél con el que nos licenciamos o doctoramos. También puede referirse a exámenes de materias específicas, en los que nos fue bien.

Lo propio de este sueño típico es que aparece en personas que han aprobado el exámen de que se trate y no en quienes han fracasado en él. Es esto lo que lo caracteriza.

Según Freud, este sueño tiene doble significado: autocrítica y consuelo.

La primera se relaciona con que en esos exámenes aprobados el sujeto temió ser reprobado, y este temor al fracaso es un indicio de que no se habían hecho las cosas bien, de ahí el castigo recibido en el sueño (esas cosas criticadas suelen ser actos sexuales objetados).

El consuelo se infiere porque este sueño suele tener lugar cuando al día siguiente nos espera un desempeño importante que conlleva la posibilidad de fracasar. De este modo, el sueño busca en el pasado una ocasión en la que afloró un temor equivalente, que resultó injustificado.

Sería como si nos dijéramos “No temas mañana; mira la angustia que tuviste antes del exámen de suficiencia y después nada malo te sucedió. Hoy ya eres doctor, etc.” (1900, p. 282).

1.D) Los sueños en que no alcanzamos un tren:

Freud los equipara en algunos aspectos con el sueño del exámen, ya que implican sentimientos angustiosos, pero entrañan un consuelo.

Dado que “partir” es uno de los símbolos de la muerte más habituales, el no poder hacerlo por perder el tren conlleva un consuelo “Sosiégate, no morirás (no partirás)”

La dificultad que ofrece este sueño y el del exámen radica en que el consuelo se une a sentimientos de angustia (en este caso, la angustia ante la muerte).

[NOTA: por mi parte, he visto en más de una ocasión que este sueño poseía otro sentido, referido a la pérdida de una oportunidad importante para el soñante. La expresión popular “perder el tren” se refiere también a este significado. De todos modos, esta situación no hace más que afirmar el hecho de que los símbolos admiten más de un significado, según fue consignado en el post 2. Para determinar cuál sea el apropiado hay que tomar en cuenta el resto del sueño, así como el contexto vital del soñante].

1.E) Los sueños por estímulo dentario:

Son aquellos en los que el soñante mismo se extrae con facilidad un diente.

El significado de este acto se refiere a la masturbación. De hecho, algunos de estos sueños van acompañados de una polución.

En cambio, cuando quien extrae el diente es otro, el significado es el de castración

2) Sueños típicos cuyo significado varía según el soñante:

2.A) El sueño en que volamos:

Freud comenta que como antecedente de esta vivencia onírica se encuentran los juegos infantiles en los que un adulto tomaba al niño entre sus brazos y lo lanzaba al aire, para luego tomarlo nuevamente, lo que era fuente de intensa satisfacción para éste.

Con el paso del tiempo el soñante se procura la repetición de esta vivencia en el sueño, pero como ahora faltan los brazos que lo sujeten, flota o cae libremente.

“Los sueños en que se vuela o se flota, teñidos casi siempre de placer, reclaman las más variadas interpretaciones: por completo especiales en algunas personas o idénticamente típicas en otras” (1900, p. 396).

Freud refiere el caso de una paciente que soñaba habitualmente que volaba a baja altura. A dicha paciente la horrorizaba toda contaminación que el trato con los demás podría producirle.

Otras veces este sueño puede representar la erección (en las mujeres implicaría un complejo de masculinidad).

2.B) Los sueños de caída:

Suelen ir acompañados de angustia. En las mujeres el significado acostumbra ser el de ceder a una tentación erótica.

[NOTA: por mi parte, he encontrado este sueño, en el que se cae sin fin y con intensa angustia, con un significado más próximo al que refiere Winnicott hablando de las agonías primordiales. En estos casos, el soñante tenía un trastorno narcisista o borderline importante].

3.B) Otros sueños típicos:

Freud menciona brevemente una serie de otros sueños típicos, como el nadar, el penetrar por espacios estrechos y abrir puertas cerradas, el permanecer en el agua, rescatar a alguien del agua, ser asaltado en la noche, sufrir el asedio de fantasmas, etc. (pp. 397-406).

En todos estos casos se observa que el recurso a la asociación libre no brinda mayores esclarecimientos. De ahí las dificultades que surgen en la comprensión de estos sueños, particularmente cuando su significado es variable.

Ya hemos comentado que lo mismo ocurre en aquellos sueños en los que juega algún papel el simbolismo (cf. post 2), o en los que utilizan formaciones léxicas para su construcción (cf. post 3).

Esta circunstancia hace que si queremos analizar un sueño utilizando de un modo mecánico el pedido de asociaciones, nos encontremos muchas veces con importantes limitaciones para lograr su comprensión. De ahí que se vuelva tan importante conocer las leyes de construcción de los sueños para contar con otros recursos que complementen el trabajo con las asociaciones.

Una vez finalizada la primera parte del seminario, y antes de entrar en la parte más metapsicológica del mismo, es mi propósito reseñar en un post todos los recursos complementarios al trabajo con las asociaciones, que refiere Freud en forma dispersa en distintos lugares de su obra, ya que considero que poseen la mayor utilidad en el trabajo clínico con los sueños.

[El próximo post será subido al blog el 30 de septiembre]

(*) El tema de la censura será tratado en detalle más adelante.

Autor: Gustavo Lanza Castelli

www.mentalizacion.com.ar

gustavo.lanza.castelli@gmail.com

 

Referencias:

Freud, S (1900) La interpretación de los sueños. Ed Amorrortu. T IV y V

Freud, S (1905) Tres ensayos de teoría sexual. Ed Amorrortu, T VII

Freud, S (1923) El yo y el ello. Ed Amorrortu, T XIX

Freud, S (1925) Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica entre los    

      sexos   Ed Amorrortu, T XIX

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