Los sueños en la obra de Freud II

 

El contenido manifiesto del sueño II (continuación)

 

En el post anterior describí una de las maneras de entender el sueño manifiesto que encontramos en la obra de Freud: como mera fachada, cuyo sentido explícito hay que desconsiderar porque es engañoso. Dado que esta fachada consiste en un conglomerado de elementos, se trata de dejar de lado su sentido y su trabazón aparentes y pedir al soñante que aporte -para cada uno de ellos- una serie de ocurrencias. Estas últimas se revelan como alusiones a los pensamientos latentes y al deseo infantil, por lo que es por su intermedio que podemos acceder a los mismos. La relación entre contenido latente (pensamientos oníricos y deseo infantil) y contenido manifiesto es, por tanto, indirecta. Los elementos latentes deben mediatizarse a través de las series asociativas para acceder al sueño manifiesto.

Ahora veremos una segunda forma de comprender el contenido manifiesto, en la cual sí se otorga valor a lo que éste dice. En esta variante, la relación entre los pensamientos latentes y el contenido manifiesto también es también indirecta, pero de una manera distinta, ya que no se mediatiza a través de una serie relatos personales (que aparecen como asociaciones en las verbalizaciones del paciente), sino que el pensamiento latente aparece en el sueño soñado a través de su representación simbólica. El tema es, entonces, el simbolismo en el sueño.

La representación simbólica en el sueño:

Cuando Freud publica La interpretación de los sueños, en 1900, se muestra muy renuente a las interpretaciones simbólicas. Justamente en el capítulo II de esa obra, donde explica su método -según el cual para interpretar el sueño hay que dividirlo en fragmentos y solicitar al soñante las ocurrencias que le surjan con cada uno de ellos- critica los métodos de interpretación simbólica. Dice que hay dos clases de estos métodos.

El primero de ellos considera el sueño como un todo y busca sustituirlo por otro contenido, comprensible y en algún sentido análogo al sueño manifiesto.

“Un ejemplo de ese procedimiento es la explicitación que según la Biblia hizo José del sueño del Faraón. Siete vacas gordas, después de las cuales vendrían siete vacas flacas que se las comerían: he aquí el sustituto de la profecía de siete años de hambruna en Egipto, que consumirían todos los excedentes dejados por siete años de buenas cosechas (…) Desde luego no puede darse enseñanza alguna del camino que  ha de lleva a semejante interpretación simbólica. El buen resultado queda librado a la ocurrencia aguda, a la intuición directa, y por eso la interpretación de los sueños mediante el simbolismo pudo elevarse a la condición de práctica de un arte que parecía unido a dotes particulares” (1900, p. 119).

Como Freud señala con razón, una interpretación de esta índole se halla expuesta a toda clase de arbitrariedades, en tanto distintos intérpretes podrán tener distintas ocurrencias en relación al mismo texto onírico.

El segundo método es el “método del descifrado”, que trata al sueño como si fuera una escritura cifrada. Procede descomponiéndolo en partes y buscando -para cada una de ellas- el significado que le corresponde según una clave fija y universal (Ibid, p. 119). Freud considera que este método es inservible para un trabajo que sea “científico” sobre el sueño.

Pero una década después, la publicación del notable libro de Stekel (1911) lo convenció de la importancia del simbolismo en el sueño.

De hecho, en las sucesivas ediciones de La interpretación de los sueños, en las que Freud fue agregando ejemplos y pasajes, la sección que más creció fue justamente la referida al simbolismo, con lo cual lo contenido en ella vino a modificar lo consignado en la primera edición.

Tomando cierto recaudo respecto a Stekel, dada su tendencia a interpretar intuitivamente, Freud fue corroborando una serie de símbolos por él propuestos, a la vez que aclaraba que “Este simbolismo no pertenece en realidad al sueño, sino al representar inconsciente, en especial del pueblo; y más completo que en el sueño lo hallaremos en el folklore, en los mitos, sagas y giros idiomáticos, en la sabiduría del refranero y en los chistes que circulan en un pueblo” (1900, p. 357).

Hablando de sueños figurados como tales en el folklore, dice “Es mucho más fácil estudiar el simbolismo en el folklore que en los sueños reales. El sueño se ve constreñido a esconder y sólo libra sus secretos a la interpretación; en cambio estos chascarrillos que se visten como sueños se quieren comunicar por el placer del expositor y oyente, y por eso no temen agregar al símbolo su interpretación” (Freud, Oppenheim, 1911, p. 184).

En otros trabajos también se explaya sobre este tema, por ejemplo en (1913; 1916-1917, entre otros).

La preocupación de Freud por no incurrir en las arbitrariedades de las interpretaciones simbólicas antiguas, lo llevó a valorar en mucho las investigaciones experimentales sobre el simbolismo. De dos de ellas dice lo siguiente:

“Parece que el simbolismo sexual ha encontrado ya una corroboración experimental directa. En 1912 el doctor en filosofía K. Schrötter, por inspiración de H. Swoboda, produjo sueños en personas bajo hipnosis profunda; por sugestión les instiló un encargo que establecía buena parte del contenido del sueño. Cuando el encargo consistía en soñar con un comercio sexual normal o anormal, el sueño lo cumplía reemplazando el material sexual por los símbolos ya familiares en la interpretación psicoanalítica de los sueños. Por ejemplo, tras la sugestión de que se soñase un comercio homosexual con una amiga, apareció ésta en el sueño llevando en la mano una raída maleta de viaje de la cual pendía un cartelito; ahí se leían estas palabras: “Sólo para damas” (…) Ahora bien, particular interés presentan los experimentos de Betlheim y Hartmann (1924) porque en ellos se dejó de lado la hipnosis. Estos autores contaron a enfermos que padecían el síndrome de Korsakoff historias de grosero contenido sexual, observando la desfiguración con que después reproducían lo contado. Quedó demostrado que los símbolos ya familiares en la interpretación de los sueños, salían a la luz (montar escaleras, pinchar y tirar al blanco como símbolos del coito; cuchillos y cigarros como símbolos del pene)” (1900, pp. 387-388).

Una característica realmente notable del simbolismo es que por su intermedio la persona que sueña utiliza modos de expresión simbólica de los que no dispone en la vida de vigilia y que tampoco puede reconocer en ella (por ejemplo que el subir por una escalera simbolice la relación sexual). De este modo, podemos decir que el conocimiento del simbolismo es inconsciente, que pertenece al pensar inconsciente, el cual es totalmente diferente al pensamiento despierto.

También es notable que estos símbolos sean utilizados por personas que hablan distintos idiomas y habitan diversas geografías, o que han vivido en épocas muy anteriores a la actual.

El simbolismo parecería ser un modo de expresión antiguo, una especie de “lenguaje fundamental” común a todos los seres humanos (1916-1917, p. 152), si bien hay una creación constante de nuevos símbolos entre personas que comparten determinado patrimonio tecnológico y cultural (por ejemplo, el avión como símbolo fálico).

El símbolo consiste en una representación indirecta de lo simbolizado, que debe distinguirse de la comparación, la metáfora, la alegoría o la alusión (*).

Se despliega en el territorio del pensamiento primitivo y del pensamiento inconsciente, y permanece ajeno a la comprensión de que es capaz el pensamiento consciente.

Se caracteriza porque implica una relación constante entre el símbolo y lo simbolizado, basada en la analogía (de forma, tamaño, función, ritmo, etc.).

La significación del símbolo suele ser constante, a pesar de que puede albergar varios significados. Por esta razón, en cada caso un soñante puede privilegiar uno de ellos y otro, otro diferente.

En el folklore, los mitos, las sagas, los refranes, chistes, etc. la cantidad de cosas que pueden simbolizarse son múltiples, mientras que en los sueños son pocas: el propio cuerpo y partes de él, los padres, los hermanos, los hijos, el nacimiento, la muerte, el pecado y la virtud, la masturbación, las relaciones sexuales y pocas cosas más. El sueño se sirve de este simbolismo para la figuración disfrazada de los pensamientos latentes y la inmensa mayoría de los símbolos son en él, símbolos sexuales.

Respecto al listado de símbolos que propone Freud, lo principal del mismo se encuentra en La interpretación de los sueños (p. 356 y ss.) y en las Conferencias de introducción al psicoanálisis (p. 136 y ss.).

La lista es  muy larga, pero consigno algunos de ellos como ejemplos:

La casa simboliza a la persona como un todo (en nuestro medio la azotea representa la cabeza), las columnas representan las piernas y los balcones el pecho femenino.

Los padres son representados por personajes encumbrados (el rey y la reina, el emperador y la emperatriz, etc.) (Freud, 1909), mientras que el soñante mismo se representa como el príncipe o la princesa (Muchos cuentos infantiles comienzan: “Había una vez un rey y una reina”; o sea, “Había una vez un padre y una madre”). También se representa al padre por medio de grandes hombres (Freud, por ejemplo, en nuestro medio psi; el Papa entre los católicos, etc.).

Los hermanos son simbolizados como animales pequeños o insectos (ser atacado por una sabandija suele aludir al embarazo).

Los hijos suelen ser representados simbólicamente como animales de corta edad y poco tamaño, cachorritos, bichitos, etc.

El nacimiento suele ser representado por el agua, sea que uno se arroje al agua o salga de ella, o rescate otra persona o sea rescatado por ella del agua (Rank, 1909).

Si una mujer sueña que rescata a un niño del agua es que se convierte en madre.

La existencia intrauterina en el líquido amniótico, vuelve comprensible este simbolismo.

El morir queda simbolizado en el sueño por el partir, el hacer un viaje. En la literatura aparece muchas veces -con este significado- la referencia al que viaja a tierras desconocidas.

El estar muerto se representa por la palidez, la mudez, la frialdad y otras referencias análogas.

El pecado o lo prohibido suelen quedar representados por la “izquierda”. Así, tomar, por ejemplo, el camino de la izquierda, puede aludir a una relación prohibida, al incesto, la perversión, etc. Tomar el camino de la derecha, por el contrario, alude a una relación conforme a la ética del soñante (y, en general, de su ambiente social). También la mochila o el equipaje con que viajamos, suele simbolizar la carga de “pecados” que nos abruma.

Respecto a los genitales masculinos se utilizan como símbolos objetos que tienen una forma similar, como bastones, paraguas, ramas, árboles, lapiceras, corbatas, etc.

Asimismo, son usados los objetos que tienen la propiedad de penetrar en el cuerpo y herir: cuchillos, dagas, sables, lanzas. También fusiles, pistolas, revólveres, etc.

En este sentido, el sueño de angustia de una mujer, en el que se ve perseguida por un hombre con un cuchillo, se vuelve revelador de un sentido sexual.

De igual forma, son usados como símbolos objetos de los que sale líquido: mangueras, canillas, surtidores, regaderas, etc.

La capacidad del miembro masculino de poder erguirse contrariando la ley de gravedad parece ser la base de su simbolización por medio de aviones, dirigibles, pájaros, etc.

Dando un paso más, el sueño puede equiparar a la totalidad de la persona con su miembro viril y representar la erección mediante el vuelo (en las mujeres representaría el deseo de ser un hombre y tener, como él, un miembro viril).

Otros símbolos masculinos son los reptiles, los peces y la serpiente (tal vez el más habitual), así como el sombrero y el manto.

De igual forma, podemos incluir también a los parientes, particularmente cuando se trata de niños pequeños, ya que “el pequeño” simboliza al pene (en “Pegan a un niño” Freud interpreta esta fantasía de paliza también como una referencia a la masturbación).

El número 3 es un símbolo masculino, como lo son también cosas que en la naturaleza se presentan con 3 partes (como el trébol, la flor de lis francesa).

A su vez, los genitales femeninos suelen quedar simbolizados por objetos cóncavos que puedan recibir algo en su interior, como pozos, cuevas, cavidades, vasijas, frascos, cajas, baúles, valijas, cestas, bolsos, alhajeros (respecto a este símbolo cf. el primer sueño de Dora. Freud, 1905, pp. 57; 61-62), etc.

En cuanto al vientre materno suele quedar representado por el horno, un armario, una habitación. Si tomamos a la casa como símbolo de la persona, las puertas y aberturas de la misma se interpretarán como símbolos de la abertura genital, y tendrá un significado especial que dicha puerta esté abierta o cerrada, que alguien penetre por ella o que se introduzca una llave en su cerradura.

Pero también otros objetos son símbolos de la mujer, como los barcos, la madera, el papel, la mesa, el libro, y asimismo paisajes y jardines. En cuanto a la ropa, tienen este significado la ropa blanca y la ropa interior, así como zapatos y pantuflas

Entre los animales encontramos a los caracoles y los moluscos valvados con ese valor, y en los edificios la iglesia, capillas, la estación de tren, la ciudad, el castillo, la fortaleza y también la habitación.

Los pechos, a su vez, encuentran figuración en las manzanas, los limones y frutos similares. También en las hermanas.

El vello pubiano de ambos sexos suele representarse como bosque o matorral (Sobre la “geografía sexual simbólica” cf. el segundo sueño de Dora. Freud, 1905, pp. 83; 87-88).

De igual forma, toda una serie de símbolos pueden representar tanto el genital masculino como el femenino (como un hijo pequeño, una pequeña; el sombrero y todo lo que cubre la cabeza).

En cuanto a la masturbación es simbolizada por todo tipo de juegos, incluyendo el tocar el piano, el violín, jugar con un niño pequeño, etc.

La relación sexual misma es figurada mediante el subir escaleras y otras actividades rítmicas como cabalgar, trepar, bailar. También por el ser atropellado o aplastado, o padecer un ataque con armas (ser acuchillado, baleado, etc.).

La castración es figurada mediante la caída de un diente, o la extracción de él, por el corte de pelo, la decapitación y por diversas mutilaciones (también por la ceguera).

Si bien cuando Freud se aboca al tema de los símbolos dice que el conjunto de cosas que pueden simbolizarse en el sueño son pocas, en otros textos y trabajando otras temáticas, amplía estas posibilidades de lo que puede ser simbolizado, aunque posteriormente no incorpore este discernimiento a la presentación más formal del tema.

En su estudio sobre Gradiva, analizando el sueño del protagonista, en el cual éste ve a Gradiva cubierta por una lluvia de cenizas, la cual “…sepultó toda la figura bajo un manto uniforme, como una tormenta de nieve en el invierno nórdico” (Jensen, 1903, p. 54), Freud dice: “En sus conversaciones con Hanold, el doble sentido se establece principalmente por el hecho de que Zoé se sirve de una simbología que hemos encontrado siguiendo a Hanold en su primer sueño: la equiparación entre enterramiento y represión, entre Pompeya e infancia” [negritas agregadas](Freud, 1907, p. 339).

En otros pasajes de su estudio sobre esa obra de Jensen, Freud reitera esta idea: el proceso mental consistente en la represión de los recuerdos infantiles queda simbolizado en el sueño mediante la imagen del enterramiento de Pompeya.

El mismo Freud retoma en diversos pasajes de La interpretación de los sueños esta idea, a raíz de su mención de las propuestas de Silberer. De ellas dice que en este fenómeno “funcional” descripto por Silberer encontramos “…la “figuración” del mundo de los estados en vez del mundo de las cosas (…) figurar algo atinente al estado de la actividad anímica (…) en ciertas circunstancias está activa también una suerte de observación de sí que brinda su contribución al contenido del sueño” (1900, pp. 500-501).

Esta idea, consistente en que durante el soñar el aparato psíquico puede representar su propio estado y funcionamiento de manera simbólica, fue retomado posteriormente por diversos autores, que desconocieron en general estos pasajes del texto de Freud.

Considero que esta capacidad del sueño posee la mayor importancia clínica en toda una serie de casos, ya que brinda la posibilidad de tener un acceso muy privilegiado al estado de la mente del paciente y a los procesos que en ella tienen lugar, acceso que difícilmente puede lograrse a partir del material verbalizado en vigilia.

Ejemplo de un sueño: sueño de una mujer de pueblo, cuyo marido es policía, citado por Freud:

“Alguien entró con violencia en la casa y yo clamé angustiosamente por un policía. Pero éste, en compañía de dos pícaros, se ha ido a una iglesia a la que se sube por varios escalones. Tras la iglesia había un monte y en lo alto un bosque espeso. El policía tenía manto, alzacuello y casco. Llevaba barba entera, oscura. Los dos pillastres que van amigados con el policía tenían delantales recogidos a la cintura, a modo de bolsas. Frente a la iglesia pasa un camino que lleva al monte. A los lados había pasto y había malezas que se iban espesando hasta hacerse en la cumbre del monte un bosque en serio” (1900, pp. 371-372).

Los genitales masculinos están simbolizados por las 3 personas, los femeninos por el paisaje con iglesia, monte y bosque. Los escalones, así como el entrar con violencia en la casa son figuraciones del acto sexual.

Segundo ejemplo (sueño proporcionado por un colega en una supervisión).

A: Paciente mujer de 32 años. Hace 4 meses que está en análisis con un terapeuta hombre. Relata el siguiente sueño:

Soñé que tomaba un taxi, estaba apurada y el taxista tomaba mal las calles. Yo se lo decía y discutíamos. Me bajaba, y al bajar se me caían las cosas que llevaba en la mano, me agachaba a recogerlas y el tipo nada.

De repente una mujer le hace señas de levante, ahí sí el tipo se bajaba y venía, mientras hacía el levante con la mujer, hacia donde yo estaba, que estaba en cuclillas y me metía la mano en el ano, yo me levantaba con mucha ira.

Asociaciones:

1) “Taxi que tomaba mal las calles”

Paciente: Yo acostumbro a mandonear a los taxis diciéndoles por cuales calles tienen que ir. El del sueño tomaba por otro camino. Lo que más bronca me daba era la indiferencia del tipo cuando se me habían caído las cosas, y después lo del ano, era como una afrenta.

2) “Mujer de levante que hace señas”

Paciente: No sé, una mujer que le hacía señas así, de levante. No se me ocurre nada.

Como podemos ver, las asociaciones no aportan el suficiente material como para comprender el sentido del sueño. En este caso, como dice Freud, nos vemos autorizados a recurrir al simbolismo.

En primer término, podemos decir que el taxi suele simbolizar el tratamiento analítico. Considero que hay dos elementos que forman la base para la comparación: por un lado, que hay alguien que conduce. Por otro, que cada cierto tramo de recorrido o período de tiempo cae una ficha que indica un monto de dinero.

El taxista, entonces, es el analista, que parece no dejarse “mandonear” por la paciente, tal como ésta acostumbra hacer.

Pero para avanzar más decididamente en la comprensión del sueño tenemos que poder entender quién es la mujer que hace señas de levante. En este caso nos será de utilidad otra cita de Freud:

“…todo sueño versa sobre la persona que sueña (…) Hay sueños en que mi yo se presenta junto a otras personas que, resuelta la identificación, se revelan también como mi yo. Debo entonces, por medio de esa identificación, unir con mi yo ciertas representaciones a cuya aceptación la censura se opuso. Por lo tanto, puedo figurar mi yo en un sueño varias veces, una vez directamente, y otras por medio de la identificación con personas extrañas” (1900, p. 328).

Podríamos entonces conjeturar, a partir de esta idea de Freud, que la mujer que hace “señas de levante” es la paciente misma.

A partir de esta hipótesis, el tema de la mano en el ano parece cobrar otro significado, de índole sexual, y referirse a una fantasía de mantener una relación anal con el analista. Esta fantasía queda disfrazada, aunque los afectos que conlleva se expresan con mayor claridad, en tanto la ira de la paciente parece el equivalente de un orgasmo, vivido a nivel de fijación sádico-anal (Freud, 1931, p. 239) [NOTA: la relación -tan importante- entre el sueño y las fantasías será tratada más adelante, en otro post. De igual forma, también veremos en posts subsiguientes el tema del deseo infantil y su relación con las distintas fijaciones pulsionales]. 

El simbolismo y la técnica: 

Tal como comenté en el post anterior, el modo que tengamos de concebir el contenido manifiesto del sueño, su valor, tiene la mayor importancia a los efectos de determinar la técnica que utilizaremos en la interpretación del sueño.

Una vez que Freud ha dado pleno crédito a la existencia de un simbolismo en los sueños, relaciona este hecho con la observación de que en toda una serie de casos el soñante no puede asociar nada con tal o cual elemento del sueño. Es posible que se trate de una resistencia particularmente intensa respecto del pensamiento latente representado por ese elemento, pero de no ser así los aspectos “mudos” del sueño resultan ser símbolos a los cuales el soñante nada puede asociar, o si lo hace, el producto se revela como una asociación a posteriori que no agrega nada a la comprensión del sueño (1916-1917, p. 136-137).

Ante ese elemento mudo el analista tendrá el derecho -si conoce los símbolos que aparecen en los sueños- de sustituir dicho elemento por el significado que le corresponde.

La técnica que podría utilizarse entonces, queda resumida por Freud en los siguientes términos: “En ciertas circunstancias [los símbolos] nos permiten interpretar un sueño sin indagar al soñante, quien, por lo demás, nada sabe decir sobre el símbolo” (1916-1917, p. 138).

De todas formas, Freud considera que no puede dejarse de lado el recurso a la asociación libre, ya que eso implicaría volver a los métodos antiguos y arbitrarios de interpretación de los sueños, o trabajar de un modo muy similar al de Stekel (1911).

De este modo para el análisis de los sueños se hace necesario apelar a una técnica mixta, que combine el uso de la asociación libre con la interpretación de los símbolos (1900, p. 359).

Hay una serie de pasajes en los que Freud expresa esta idea. Uno particularmente elocuente es el siguiente: “La interpretación basada en el conocimiento de los símbolos no es una técnica que pueda sustituir a la asociativa o medirse con ella. Es su complemento, y únicamente insertada dentro de ella brinda resultados utilizables” (1916-1917, p. 138).

Esta afirmación le da la prevalencia a la asociación libre, quedando el uso del simbolismo en un segundo lugar, como complemento de la primera.

En los dos próximos posts seguiremos caracterizando los otros componentes del contenido manifiesto del sueño, lo que nos llevará a preguntarnos nuevamente por la mejor técnica a utilizar en el trabajo con los sueños.

Autor: Gustavo Lanza Castelli

www.mentalizacion.com.ar

gustavo.lanza.castelli@gmail.com

(*) El tema del simbolismo posee una gran complejidad que no es mi intención abordar acá, ya que sería necesario llevar a cabo una caracterización pormenorizada de los distintos sentidos que tiene esta expresión en la obra de Freud, así como compararla con el sentido que le han dado Jung y otros analistas, para lograr mayor claridad al respecto. En este post tomo el término con el sentido que Freud le dio en las reediciones de La interpretación de los sueños posteriores a 1910 y en las Conferencias de introducción al psicoanálisis, y remito para mayores desarrollos a los trabajos de Lorenzer (1970), Forrester (1980) y Petocz (2004).

Referencias:

Forrester, J (1980) El lenguaje y los orígenes del psicoanálisis. FCE, 1989

Freud, S (1900) La interpretación de los sueños. Ed Amorrortu. T IV y V

Freud, S (1905) Fragmento de análisis de un caso de histeria. Ed Amorrortu, T VII

Freud, S (1907) El delirio y los sueños en Gradiva de W. Jensen. Ediciones Grijalbo, 1977

Freud, S (1909) La novela familiar de los neuróticos. Ed Amorrortu, T IX

Freud, S (1913) Materiales del cuento tradicional en los sueños. Ed Amorrortu, T XII

Freud, S (1915-1916) Conferencias de introducción al psicoanálisis. Ed Am T XV

Freud, S (1931) Sobre la sexualidad femenina. Ed Amorrotu, T XXI

Freud, S, Oppenheim, DE (1911) Sueños en el folklore. Ed Am T XII

Jensen, W (1903) Gradiva. Una fantasía pompeyana

Traducción castellana en ediciones Grijalbo, 1977.

Jones, E (1916) La teoría del simbolismo. Cuadernos monográficos 3. Letra Viva, 1980.

Lorenzer, A (1980) Crítica del concepto psicoanalítico de símbolo. Ed Amorrortu, 2001

Petocz, A (2004) Freud, Psychoanalysis and Symbolism. Cambridge University Press

Rank, O (1909) El mito del nacimiento del héroe. Ed Paidós, 1989.

Stekel, W (1911) El lenguaje de los sueños. Exposición del simbolismo y de la interpretación de los sueños en sus relaciones con el alma enferma y sana.   Traducción castellana en Ediciones Imán, 1954.

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