Los sueños y la teoría de la mentalización II

En un post del 17-7-2012, “Los sueños y la teoría de la mentalización”, traduje parte de un trabajo de Peter Fonagy, titulado “Sueños de los pacientes borderline”.
En esa ocasión, tomando en consideración la secuencia de los sueños del paciente que utiliza para ilustrar su punto de vista, consigné que a medida que el paciente recuperaba la capacidad para mentalizar, sus producciones oníricas mostraban un mayor nivel de procesamiento, de trabajo del sueño.
Me pregunté por la razón de ser de este hecho tan interesante y, tomando como referencia un trabajo de Fonagy y otros autores, postulé que el motivo de esa correlación habría de verse en un incremento de las defensas de alto nivel como resultado del trabajo analítico llevado a cabo.
De todos modos, para no extenderme en demasía en ese post, dejé sin desarrollar otras ideas que me suscitó la lectura de dicho trabajo.
En este post intento completar mis reflexiones sobre el trabajo de Fonagy, poniendo el acento en otros aspectos que no pude tomar en consideración en el post anterior, cuya lectura considero casi indispensable para entender en profundidad lo que voy a plantear en éste. De todos modos, comienzo reproduciendo algunos de los pasajes del trabajo de Fonagy traducido en el post mencionado, que expresan lo esencial de sus ideas sobre los sueños. También consigno la síntesis que dicho autor hizo de la última sesión del paciente, que cita en su trabajo.
En primer lugar, reproduzco las opiniones de Fonagy respecto a que “…los sueños son residuos de una capacidad primitiva para reflexionar acerca de los estados mentales, en la que los pensamientos, ideas y sentimientos, el estado de cosas de la mente en determinado momento son representados en imágenes concretas, más que en ideas en tanto ideas” [negritas agregadas].
Podríamos complementar esa cita con esta otra: “…estos sueños deben ser considerados como reflexiones, si bien de una categoría primitiva. El paciente intenta representar la experiencia de sus pensamientos y sentimientos, aún si no es capaz de enriquecer elaborativamente esta reflexión. De hecho, en ausencia de una reflexión genuina como parte del discurso en análisis, los sueños pueden ser la única vía, en sentido clínico, a través de la cual el analista puede ganar acceso al mundo interior del paciente” [negritas agregadas].
En otro momento, hablando de los sueños de los neuróticos, dice: “De este modo, cuando el sueño es relatado al analista, raramente muestra alguna similitud con los procesos infantiles de autorreflexion que, en mi opinión, están en el núcleo de todos los sueños” [negritas agregadas].
Cabe señalar que ya otros autores postularon una idea similar. Por ejemplo Ronald Fairbain (1944), se expresa de la siguiente manera: “Hace muchos años tuve oportunidad de analizar a una mujer muy poco común, quien, retrospectivamente, reconozco como una personalidad esquizoide y que era una soñadora de lo más fecunda. Entre sus sueños, muchos desafiaron todos los esfuerzos tendientes a hacerlos estar de acuerdo con la teoría de la “realización de deseos”, y ella misma los describió espontáneamente como sueños de “estado de cosas”, intentando significar con ello que representaban realmente situaciones endopsíquicas presentes (…) los sueños no son realizaciones de deseos, sino esencialmente shorts (en la acepción cinematográfica) de situaciones existentes en la realidad interior” (p. 105).
También en la obra de Freud encontramos referencias en igual sentido. En su estudio sobre Gradiva, analizando el sueño del protagonista, en el cual éste ve a Gradiva cubierta por una lluvia de cenizas, la cual “…sepultó toda la figura bajo un manto uniforme, como una tormenta de nieve en el invierno nórdico” (Jensen, 1903, p. 54), Freud dice: “En sus conversaciones con Hanold, el doble sentido se establece principalmente por el hecho de que Zoé se sirve de una simbología que hemos encontrado siguiendo a Hanold en su primer sueño: la equiparación entre enterramiento y represión, entre Pompeya e infancia” (Freud, 1907, p. 339).
En otros pasajes de su estudio, Freud reitera esta idea: la represión de los recuerdos infantiles queda simbolizada en el sueño mediante la imagen del enterramiento de Pompeya.
Vemos entonces que esta idea, consistente en que el sueño puede representar el propio funcionamiento mental de manera simbólica, no era ajena a los planteos freudianos.
De todos modos, la diferencia está en que en la propuesta de Fonagy esta capacidad simbolizante es postulada como siendo el núcleo del sueño, de todo sueño. En los desarrollos de Freud esta simbolización que he mencionado y que relaciona con la capacidad de autoobservación es, en todo caso, un aspecto más en un conjunto de otros, pero no el nuclear. De ella no se postula -como sí hace Fonagy- que ha de encontrársela presente en todos los sueños.
En el post anterior también hice referencia a que cuando Fonagy se refiere a la elaboración onírica parece confundirla con la elaboración secundaria, que consiste en una actividad de pensamiento preconsciente.
En cambio, no toma en consideración los otros aspectos del trabajo del sueño (condensación, desplazamiento), propios del sistema Inconsciente y del proceso primario, que pueden, no obstante, detectarse en el tercero de los sueños que relata el paciente mencionado por él.
A estas consideraciones, quisiera agregar en el presente post, que los ejemplos con los que Fonagy ilustra sus propuestas no parecen concordar siempre con las mismas, por lo que se hace necesario buscar en otro lugar el núcleo de los sueños, al menos cuando tiene lugar esta no concordancia.
Para dar cuenta de esta afirmación, cito nuevamente la última parte del texto de Fonagy que consigné en el post anterior, en el que es reseñada la última sesión transcripta del paciente, incluyendo dos sueños:

“En una sesión Mr S. habló de sus padres que lo miraban desde el pasado y relacionó esto con una imagen de dos pares de ojos rojos observándolo en la oscuridad como perros. Al final de esa sesión Fonagy le pidió un par de pequeños cambios en los horarios de las sesiones a tener lugar dos semanas después.
Si bien el paciente aparentemente accedió a este pedido, en la sesión siguiente rehusó acostarse en el diván. Su descontento apareció prontamente a través de quejas acerca de gente que vivía en la negación, prefiriendo no saber. Por el contrario, él era incapaz de vivir en la mala fe. La gente miraba al costado y vivía en una mentira.
Mr S le dijo a Fonagy que iba a poner un diván para un amigo que iba a llegar para quedarse un par de semanas. Fonagy le respondió: “Parece que usted no sabe cuánta fe puede tener en mí. De momento parece más seguro construir su propio diván, más que confiar en mí sostén”
Fonagy agrega que tras un breve silencio, el paciente recordó dos fragmentos oníricos:

Uno era acerca de un león que, para su sorpresa, tenía en su casa.
El otro, más perturbador, era acerca de un hombre que era aparentemente ejecutado por alguien que había sacado dos balas rojas de su bolsillo, como si fuera a darle cambio a alguien. Y las había clavado en la cabeza del otro.
No pudo ver bien, pero supo que esto habría matado al hombre.

Fonagy prosigue diciendo que el paciente comentó que quien hacía la ejecución le recordó a su padre; asimismo, el león le recordaba a un león de juguete que había tenido en su infancia y sobre el cual él había realizado un “terrible abuso”. Recordaba que la melena del león había desaparecido completamente. Fonagy le dijo al paciente que éste deseaba que él supiera que los cambios que Fonagy llamaba pequeños, eran vividos por aquél como devastadores, y que si Fonagy, como el león, sufría un terrible abuso, entendería entonces cómo se sentía (Mr S), lo que le ayudaría a lidiar con su sentimiento de no ser importante. El paciente estuvo de acuerdo con lo que dijo Fonagy, pero continuó con la mirada fija en los pies del diván. Fonagy percibía la vergüenza y la rabia del paciente. Mr S dijo que el león había sido un regalo de su padre, que sus ojos eran rojos, pero faltaban en su sueño.
En relación a los ojos rojos mencionados en la sesión anterior, Fonagy preguntó si el paciente sentía que uno de los dos sería asesinado si eran forzados a ver las cosas desde el punto de vista del otro. El paciente miró a Fonagy por primera vez en la sesión, y se notaba que estaba llorando.
A través de sus lágrimas relató que su padre, al volver después de haber estado afuera, vio que el león que le había regalado estaba sucio y dañado, por lo que lo golpeó severamente (Mr S. tenía 6 años de edad). Mr S recordó los gritos de su padre “Golpearé algún sentido dentro de tu cabeza. Ahora puedes ver cómo se siente”
A esto, Fonagy dijo: “Pienso que le aterroriza que yo clave mis locas ideas en su interior. Si usted trata de ver las cosas desde mi punto de vista, se volverá loco” El paciente se incorporó súbitamente y se acostó en el diván. Hubo un silencio, pero también una mutua experiencia de comunicación. El paciente dijo que no imaginaba que ir a análisis podría hacerlo sentir feliz. Pero sí sentía que tenía más espacio.

El análisis de Mr S duró 9 años. Durante ese tiempo surgió que había sido abusado sexualmente por su padre, penetrado analmente por él, tal como lo había sido su hermana”.

En una de las expresiones de Fonagy que transcribí más arriba, éste dice: “…estos sueños deben ser considerados como reflexiones, si bien de una categoría primitiva. El paciente intenta representar la experiencia de sus pensamientos y sentimientos, aún si no es capaz de enriquecer elaborativamente esta reflexión”
Ahora bien, el primer fragmento onírico claramente no es una reflexión, sino el recuerdo de una parte de una escena efectivamente ocurrida en la infancia del paciente.
Por lo demás, el segundo sueño representa una relación entre dos personas (el soñante y su padre), en una escena compleja, pero tampoco simboliza ni representa “la experiencia de sus pensamientos y sentimientos”.
Por esta razón, creo que la afirmación de Fonagy no puede pretender un alcance general, si bien ha de ser cierta (y útil) en una serie de casos.
Si estos dos últimos sueños no son intentos de reflexión, podríamos preguntarnos por su significado.
El primero de ellos parece expresar de un modo más abreviado, el círculo de recuerdos, pensamientos y fantasías que se despliega con mayor claridad en el segundo sueño, como es habitual que suceda con los sueños de una misma noche (Freud, 1900, pp. 338-340).
En cuanto a este último, podemos ver que el contenido manifiesto del mismo está construido en base al recuerdo infantil en el que el padre le dijo: “Golpearé algún sentido dentro de tu cabeza” (“I’ll beat some sense into your head”).
Pero en la escena que aparece en el sueño advertimos la presencia de otros elementos, que no estaban presentes en esa situación de su infancia: las dos balas rojas y el que el sujeto de la acción (el padre) fuera a “clavarlas” (hammer into) en la cabeza del otro (que representa al paciente) (“…hammered them into the other’s head”).
El agregado de las balas y la sustitución de “golpear” (beat) por “clavar” (hammer into) nos da pie para conjeturar que esta escena infantil que el paciente recuerda se ha condensado con otra escena, que no recuerda en este momento pero de la que Fonagy nos informa: el paciente había sido penetrado analmente por su padre. Y es el fruto de esta condensación y de la desfiguración de los participantes de la escena, el que se abre paso hasta el contenido manifiesto del sueño.
Conjeturo, entonces, que estas balas que su padre le “clava” en el sueño simbolizan el abuso físico (penetración anal) del que el paciente fue objeto. También supongo que ese abuso tuvo lugar dos veces (es notable la reiteración del número dos en esta sesión y en la anterior: los dos pares de ojos, el par de semanas que se quedaría su amigo, los dos sueños y, particularmente, las dos balas), siguiendo la idea de Freud, según la cual “La repetición temporal de un acto se convierte en el sueño, por lo general, en la multiplicación del número de un objeto” [cursivas en el original] (1900, p. 377).
En esta misma línea de pensamientos, supongo que el “terrible abuso” que el paciente ejerció de niño sobre el león regalado por su padre, fue una transformación pasivo-activa del abuso que sufriera a manos de aquél.
El hecho de haber rehusado acostarse inicialmente en el diván, puede entenderse -desde la hipótesis que estoy proponiendo- como una defensa respecto a la fantasía que el paciente tenía, consistente en que sería atacado sexualmente y penetrado por Fonagy, tal como lo fue por su padre, y tal como queda representado en el contenido manifiesto del sueño, que parece haber sido construido en base a esta fantasía (y a los recuerdos en que se basaba), convenientemente desfigurada.
En cuanto al contenido de esta fantasía, podemos conjeturar que conjuga, tanto la reedición del trauma y el intento de simbolización del mismo, como el deseo de que dicha penetración tenga lugar nuevamente (por vía de una transferencia del padre hacia el analista).
Y es de este deseo del que el paciente se defiende con la actitud mencionada (no acostarse en el diván).
Continuando con esta línea de pensamientos, podríamos señalar que el paciente sólo accedió a acostarse en el diván una vez que Fonagy lo tranquilizó, diciéndole que lo único que clavaría en él serían “ideas” [A esto, Fonagy dijo: “Pienso que le aterroriza que yo clave mis locas ideas en su interior. Si usted trata de ver las cosas desde mi punto de vista, se volverá loco” El paciente se incorporó súbitamente y se acostó en el diván].
Los ojos que le faltan al león en el sueño es posible que tengan más de un significado. Por un lado, pueden referirse a la actitud del paciente de no querer ver sus propias fantasías transferenciales, y en este sentido cabría entender el texto del sueño en el que dice “no podía ver bien”, así como las referencias iniciales a la gente que prefiere no saber y mira para un costado.
Pero el color rojo de los mismos, igual al color rojo de las balas (que simbolizan el falo paterno) parece aludir a una relación más cercana con la escena de la penetración anal, para cuya elucidación tal vez sean necesarios más elementos.
En todo caso, las conjeturas que acá propongo (y más allá de la eventual exactitud que puedan, o no, poseer) permiten atribuir un significado al enactment del paciente, consistente en no acostarse inicialmente en el diván, así como inferir cuál pueda ser el núcleo del contenido latente del sueño, mientras que la propuesta de Fonagy no permite hacerlo, y éste es el punto central de mi argumentación.
A partir de ello, lo que sostengo básicamente en este post es que la teoría de la mentalización deja de lado aspectos muy importantes de la teoría psicoanalítica -según se patentiza en el análisis que Fonagy hace de los sueños- y de ahí que su valor explicativo sea limitado.
Los elementos que deja de lado son: lo Inconsciente y los procesos primarios presentes en el trabajo del sueño (cf. post anterior); la fantasía, la pulsión sexual, la capacidad simbolizadora y procesadora de los traumas que poseen los sueños.
La no inclusión de estos conceptos limita, a mi entender, el valor explicativo de esta teoría, así como el ámbito de fenómenos que puede abarcar. De este modo, no resulta llamativo que Fonagy no se haya ocupado casi de la vida de fantasía y de los sueños, y que no haya casi referencias en su obra a las fantasías de los pacientes borderline (a los que se ha dedicado de manera preferencial) y al modo de trabajar con ellas.
La pregunta acerca de una articulación posible de la teoría de la mentalización con determinados aspectos de la teoría psicoanalítica, como los mencionados (Inconsciente, proceso primario, trabajo del sueño, fantasía, pulsión sexual, procesamiento de los traumas a través de los sueños), es una pregunta que prefiero dejar abierta, cuya respuesta requeriría de nuevas y más complejas elucidaciones, que exceden lo que deseo consignar en este post.
Por último, quisiera mencionar que no se me escapa que no hay suficientes elementos como para concluir que en la fantasía mencionada había también un deseo de que se reeditase lo vivido con el padre. Si incluyo esta posibilidad es sólo para remarcar que muchas veces cuando se habla de trauma se alude exclusivamente al impacto que el hecho exterior ha tenido en quien lo padece. Se deja de lado que todo lo externo que llega al sujeto se inscribe en la serie de variables ya presentes en el aparato psíquico (previa activación de la zona erógena anal, en este caso, y fantasías previas relacionadas con dicha zona, otros aspectos del vínculo con el padre, riqueza representacional del niño y capacidades mentales para elaborar lo sucedido, organización defensiva, grado en que cuenta con otro familiar con quien compartir lo que le ocurre, etc., etc.).
A la vez, el aparato psíquico reacciona siempre de un modo activo (en particular cuando el trauma tiene lugar cuando ya está constituido el Yo) al trauma, y lo procesa y metaboliza de acuerdo a los recursos con los que cuenta.
En el tema del abuso sexual, el poner el acento exclusivamente en lo traumático del hecho y en la pasividad de la “víctima”, desconsiderando las variables que acabo de comentar, lleva a un empobrecimiento en la comprensión de lo sucedido, así como a limitaciones en la tarea clínica.

Referencias:

Fairbain, W.R.D. (1944) Las estructuras endopsíquicas consideradas en términos de relaciones de objeto, en (1952) Estudio psicoanalítico de la personalidad. Traducción castellana en ediciones Hormé, 1970.
Freud, S (1900) La interpretación de los sueños. Ed. Amorrortu, T IV y V
Freud, S (1907) El delirio y los sueños en Gradiva de W. Jensen. Ediciones Grijalbo, 1977.
Jensen, W (1903) Gradiva. Una fantasía pompeyana
Traducción castellana en ediciones Grijalbo, 1977.

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10 Respuestas a Los sueños y la teoría de la mentalización II

  1. sonja stein says:

    Frente a las ansiedades paranoides que se movilizaron dado el cambio de encuadre F. señala la pérdida de confianza -por lo tanto,de sostén-dado que queda ubicado en el lugar de los que tienen “mala fe”.Con los sueños, privilegia un enfoque que toma en cuenta los efectos que la intrusividad temida,proveniente ahora del terapeuta,tiene a nivel de los procesos mentales del paciente:no poder ver, pensar,ni saber:el ataque a sus funciones mentalizadoras es un”volverse loco”,un disparo en la frente,ya que las interpretaciones y señalamientos de F. pudieron ser vividas como peligrosas y forzadas reintroyecciones.Tal vez es un ej.de cómo el encarar primero esos temores frente a las devoluciones del terapeuta( dar el cambio?) facilite la posibilidad de recordar,producir nuevas asociaciones,etc. Y de allí a la recuperación del trauma infantil. Mañana lo vuelvo a leer y seguimos!

    • Administrador says:

      Sonia, te agradezco tu participación y tus interesantes comentarios.
      Es evidente que siempre se pueden tomar distintas líneas en una sesión y lo que vos decís de la intrusividad y las ansiedades paranoides es una de esas líneas, sin duda.
      Lo que yo me pregunto es ¿qué indicadores tenemos para elegir tal o cual línea en lugar de otra? Yo creo que los indicadores princeps son todo aquello que rompe la isotopía del discurso o de la conducta del paciente (en el caso del discurso, un lapsus por ejemplo). En este caso, el enactment de no acostarse en el diván me parece el principal.
      Articulando esa actitud con el contenido del sueño, me parece verosímil postular que no era el temor a las interpretaciones lo que hizo que no se acostara (ya que ese temor seguramente lo tenía cada sesión), sino que creo que era el temor a que Fonagy repitiera con él la conducta del padre (penetrarlo analmente; de ahí que tuviera que controlarlo visualmente sin “darle la espalda”).
      Por eso creo que Fonagy debió haber puesto el acento en el enactment, relacionándolo con el sueño y con ese temor del paciente. Me parece que el sesgo suyo tiene que ver con el énfasis casi excluyente en el mentalizar y el dejar de lado los otros aspectos que señalo en mi comentario del post.
      Hay otro tema en este punto (que puede verse en las otras interpretaciones de Fonagy en el material anterior) y es la interpretación transferencial sistemática, dejando de lado todo trabajo de “historización”.
      Creo que en un caso donde hay un trauma puntual (como en éste del abuso del padre) tal historización es indispensable. Y también en muchas otras ocasiones.
      Éste es un debate amplio y complejo, donde cada postura (como suele suceder) tiene sus argumentos.
      Un cariño, Gustavo

    • Administrador says:

      Sonia, me resulta de lo más interesante tu lectura del sueño (coincidente, creo, con la de Fonagy) donde tomás el “disparo en la frente” en sentido metafórico.
      Yo lo he tomado, en cambio, con un sentido simbólico (simbolizando el acto de abuso).
      No pienso que se contraponen, sino que creo que se complementan; es sólo que esa lectura metafórica de los sueños es la prevalente en la escuela inglesa, mientras que la otra es la que encontramos más presente en Freud.
      Más allá de esto, creo que encontramos distintos niveles en juego:
      1) el de lo real acontecido (el maltrato del padre y su abuso) evocable como recuerdo.
      2) Las fantasías y el sueño, construidos a partir del acontecimiento y su impacto en la subjetividad.
      3) Los estados mentales del terapeuta y los que éste le atribuye al paciente (temor de que Fonagy clave en él sus locas ideas).
      Fonagy subsume los niveles 1) y 2) en el nivel 3) y deja afuera al acontecimiento y sus efectos en la subjetividad del paciente.
      Sería largo de desarrollar, pero la escuela inglesa trabaja de esa forma los sueños (y no sólo los sueños). Como dice Fonagy, el paciente sueña con el analista in mente, de ahí que todo sueño se lea en clave transferencial.
      En otros lados las cosas se ven distintas y se hace hincapié (como hacía el propio Freud) en el trabajo de historización.
      Si uno le da lugar a este último trabajo, es cuestión de oportunidad, creo, ver qué nivel toma uno en primer término, es debatible y habría que hacer entrar en juego otras variables.
      Pero una cosa es eso y otra -como dije- desconsiderar niveles y subsumir todo en uno. Es en eso en lo que no coincido con Fonagy.
      Un cariño, Gustavo

  2. sonja stein says:

    Las elucidaciones que hacés sobre el material y lo que decís sobre el enacment son incuestionables,además parece poco probable que sin tomar las fantasías y recuerdos del paciente,pueda éste haber logrado una sustancial mejoría como se plantea en el relato del caso.No se trataría de tomar o el ataque a la mente del paciente-la destrucción de sus “sentidos”( el león sin ojos y sin melena,el hombre ejecutado) o el ataque anal.Podría ser que el material muestre los dos,apareciendo en primer plano lo relativo a las agresiones inoculativas del padre “ahora verás cómo se siente”, y los intentos del paciente de salir de la posición pasiva,es él quien pone en el diván al amigo,y quien permanece sentado en la sesión.Si bien siempre habrían de resultarle persecutorias las intervenciones ,la ruptura del encuadre rompe también las fantasías de control de Mr.S sobre el vínculo,F. pasa a ser el padre atacante,y él pasa a ponerse “en guardia”.Pero bueno,lo que trato de decir es que los dos enfoques tendrían que complementarse;respecto al deseo infantil,demasiada tela que cortar…

  3. Itziar says:

    Me parece una excelente idea la que has tenido al crear esta nueva sección. La presentación del blog explicando el por qué y el contenido que va a ir habitándolo, me parece muy atractivo y provechoso.
    Seguiré con interés lo que se vaya dando a conocer en él, ya sea en forma de tus escritos y reflexiones o aquellas que vayan aportando otras y otros colegas. Lo que he podido leer hasta ahora, así me lo está pareciendo.

    Leyendo tus posts me han surgido ideas e interrogantes, empiezo por compartir lo siguiente. Me parece interesante la propuesta de Fonagy en cuanto a:
    “Estoy sugiriendo que los sueños tal vez son residuos de un proceso primitivo e infantil de autoreflexión, que antecede en el desarrollo a la plena autoconciencia. La narración del sueño es una descripción de la constelación intrapsíquica que la mente primitiva registra, en el modo más adaptativo posible, dentro de sus limitadas capacidades”.
    Esta propuesta entiendo que está haciendo referencia a los modos primitivos en los que la mente está capacitada para el registro de los datos (percepciones, sensaciones,afectos, etc ) y a los formatos de representación en que pueda representarlos.
    A otro nivel, la posibilidad de que un psiquismo se organice a lo largo de su desarrollo en un modo que luego puede ser nominado como neurótico, borderline, psicótico etc. tendría que ver (desde el modelo mentalización) con la mayor o menor presencia de la consciencia en ese psiquismo de estar habitado por representaciones de estados mentales y poder “jugar” con ellas.
    Al hilo de tu reflexión acerca de la correlación entre nivel evolutivo de las defensas, nivel de mentalización y diferencia entre el contenido manifiesto y latente, me pregunto: el planteo de Fonagy de que en el núcleo de todos los sueños están los procesos infantiles de autorreflexion, ¿podría entenderse en el sentido de que lo que permite y da cuenta de que en un sueño exista un contenido manifiesto y latente es el grado de desarrollo y articulación en ese psiquismo, entre los formatos de representación (más o menos primitivos) en los que se “representa” el sueño del soñante (entiendo que según él en todo sueño y todo soñante) y la mayor o menor evolución en los formatos de representación de los que luego dispone el soñante para reflexionar y comprender “sus sueños en el formato en el que han sido representados”? (es el paciente el que comprende que el formato imagen de un león es “un círculo de recuerdos, pensamientos” (citando tus palabras), es decir, es un estado mental.
    A mí me parece que es una propuesta que, a un nivel, puede ir de la mano de lo que Freud expresa sobre la condensación “….más bien se preferiría reconducirla a factores mecánicos o económicos…” y que en ese sentido todo psiquismo (más allá de su estructura) puede laborar con ella en el soñar.
    Quizás (y lo estoy conjeturando ahora mientras escribo) sería precisamente la presencia del desplazamiento lo que ya introduce elementos diferenciales en la calidad de cuáles son los psiquismos que pueden usar de esa herramienta o no. ¿Cómo lo ves?
    Un beso

    • Administrador says:

      Me alegra que te haya parecido una buena idea lo del blog sobre sueños.
      En cuanto al desarrollo sobre los diversos formatos de representación, creo que habría que distinguir distintos momentos en la formación del sueño:
      1) Un primer momento en el que preexiste en el preconsciente (antes de la formación del sueño) una hilación de pensamientos que tiene una conformación igual al pensamiento de vigilia. Son los “pensamientos oníricos latentes” que buscan llegar a la conciencia, pero el estado del dormir se los impide
      2) Enlazados con el deseo infantil son llevados a lo Inconsciente donde sufren una regresión formal, según la cual los pensamientos se transforman en imágenes visuales “En el sueño la representación vuelve a mudarse en la imagen sensorial de la que alguna vez partió” (1900, p. 537)
      3) En el tercer momento, emprenden nuevamente un camino progrediente hasta llegar a la percepción y la consciencia (el momento de soñar)
      El desplazamiento y la condensación operan en el segundo momento.
      Cuando el soñante despierta y recuerda su sueño, asocia, por ejemplo, con el león soñado, el león que le regaló su padre, sobre el que él cometió un terrible abuso, tal que cuando el padre volvió, etc., etc.
      Cuando el paciente reflexiona sobre estos recuerdos lo hace con un formato de pensamiento similar al que estuvo presente al comienzo (en el momento 1) en los pensamientos oníricos (con anterioridad a la regresión del momento 2).
      La diferenciación entre latente y manifiesto tiene que ver principalmente con el momento 2, donde se produce la desfiguración onírica.
      No sé si con esto respondo en parte a tu pregunta. No me queda clara la parte sobre la condensación y el desplazamiento en tu comentario.
      Por último, estos 3 momentos que he diferenciado acá son mucho más complejos de lo que acabo de decir. Ha sido sólo una esquematización a los efectos de referirme a los distintos formatos de representación y cómo intervienen en la construcción del sueño.
      Un cariño, Gustavo

  4. sonja stein says:

    Hola Gustavo,me doy cuenta que todo el post se trata de la idea de complementar,entre otras que vos señalás;en cuanto al punto de vista de F., me parece que lo que él trata de integrar es el desarrollo sobre mentalización con la teoría del apego,que no toma las fases pulsionales,ni el Edipo tal como están formulados en la teoría clásica ,al menos hasta donde yo sé.No me queda clara su idea sobre la sexualidad infantil,por ej.Toma algunas cosas del psicoanálisis,otras las deja de lado,podrás hacer en algún momento mención de los conceptos psicoanalíticos que sí toma en cuenta?La I.Proyectiva de Klein,sí;la idea de las posiciones de ésta autora también?Bueno,te sigo como pueda-la respuesta a Itziar tengo que releerla varias veces! Cariños,Sonja.

    • Administrador says:

      Hola, Sonia. En relación a que Fonagy integra la teoría de la mentalización con la del apego, sin duda que es así. Él parte de la teoría del apego y toda su teorización sobre la mentalización se enraíza en las primeras relaciones de apego (así como piensa la patología en relación a la perturbación de estas relaciones).
      Es claro que no toma en consideración las fases pulsionales ni el Edipo, ni recuerdo texto alguno de él donde hable (dándole importancia) de la sexualidad infantil.
      Éste me parece otro déficit importante de su teoría (que señalé al pasar en mi comentario del sueño).
      Otros autores, como Hugo Bleichmar, por ejemplo, hablan de diversos “sistemas motivacionales” entre los que integran tanto el apego como la sexualidad (y otros). Un enfoque así me parece más rico y complejo que el sólo tener en cuenta el apego.
      Tu pregunta sobre qué conceptos psicoanalíticos sí toma en cuenta, no es sencilla, ya que hoy en día hay una dispersión muy grande dentro del psicoanálisis, al punto que muchos autores se preguntan si se puede seguir hablando de “un” psicoanálisis.
      Cuando yo hice el cuestionamiento de que Fonagy dejaba de lado aspectos importantes de la teoría psicoanalítica, me refería a la teoría freudiana, poniéndola de forma implícita como base de todo lo demás.
      Pero dado que todo esto es demasiado amplio como para tratarlo ahora, te contesto sucintamente. Creo que toma del psicoanálisis (además de la identificación proyectiva) la noción de transferencia-contratransferencia; la idea de defensa (no tanto referida a contenidos cuanto a funciones); la importancia de la infancia; la intersubjetividad (enfatizada en las corrientes psicoanalíticas actuales); el énfasis en la vida emocional (también jerarquizada en muchos autores en detrimento de la pulsión); la importancia de interpretar la transferencia (como se ve en el sueño), en línea con lo que propone la escuela inglesa….y seguramente me estoy olvidando de algunas cosas.
      Un cariño,
      Gustavo

  5. sonja stein says:

    Qué lío,recién veo tu segunda respuesta ahora!Gracias por tus aclaraciones-me quedo con más preguntas que antes,pero eso es bueno.Y gracias por la paciencia,cariños nuevamente!

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