Los sueños y la teoría de la mentalización

En la obra de Fonagy hay un único trabajo dedicado expresamente al tema de los sueños. Dada la importancia teórica y clínica del fenómeno onírico, resulta del mayor interés tomar conocimiento de cómo lo enfoca este autor, desde el punto de vista de la teoría de la mentalización.
Peter Fonagy propone una manera de entender los sueños de los pacientes borderline que resulta del mayor interés teórico y clínico. En lo que sigue transcribo la traducción de un extenso fragmento de un trabajo sobre los sueños de dichos pacientes (Fonagy, 2000), tras lo cual realizo algunas consideraciones al respecto.

“La Función Reflexiva es la adquisición del desarrollo que permite al niño comprender el comportamiento de los demás en términos de estados mentales –sentimientos, actitudes, esperanzas, conocimiento, imaginación, intenciones, etc. Mediante la atribución de estados mentales a los demás el niño torna significativo y predecible el comportamiento de los otros. Esto está crucialmente conectado con su habilidad para denominar y encontrar significativas sus propias experiencias psíquicas. Una habilidad que subyace a las capacidades para la regulación emocional, el control de impulsos y la experiencia de la agencia del self, los ladrillos de la organización del self.
¿Qué es lo que la mente hace con su experiencia, sin embargo, antes del desarrollo de la función reflexiva o metacognitiva? Mi tesis en este escrito es que los sueños son residuos de una capacidad primitiva para reflexionar acerca de los estados mentales, en la que los pensamientos, ideas y sentimientos, el estado de cosas de la mente en determinado momento son representados en imágenes concretas, más que en ideas en tanto ideas.
Estoy sugiriendo que los sueños tal vez son residuos de un proceso primitivo e infantil de autoreflexión, que antecede en el desarrollo a la plena autoconciencia. La narración del sueño es una descripción de la constelación intrapsíquica que la mente primitiva registra, en el modo más adaptativo posible, dentro de sus limitadas capacidades.
Este agregado a una teoría del soñar es consistente con una serie de desarrollos muy importantes en la teoría de los sueños, desde los extraordinarios insights de Freud referidos a la función realizadora de deseos de los sueños (Freud, 1900). Desearía dirigir vuestra atención hacia tres desarrollos muy importantes en la teoría clínica de los sueños
1. Muchos no consideran que los sueños sean invariablemente realizaciones de deseos. Los consideran tanto intentos para resolver conflictos, como expresiones de ello. Muchas contribuciones recientes han enfatizado la función adaptativa de los sueños, junto a la función libidinal o agresiva, más tradicionalmente aceptada
2. Hoy en día se acepta de modo general que el acto de soñar es un acto significativo de re-presentación o simbolización. Numerosos autores, comenzando con Lewin, consideraban que el soñar era equivalente a la proyección de una imagen en una superficie neutral (la pantalla del sueño) que el paciente se encuentra en libertad de observar de un modo muy similar a cómo, en la vida despierta, puede mirar una película en el cine o en la televisión. Muchos han ligado esta noción al concepto winnicottiano de espacio transicional.
3. Hoy en día es ampliamente reconocido que hay un aspecto transferencial de importancia fundamental en la interpretación de los sueños en psicoanálisis. Los sueños no son producidos en el aislamiento, sino que son soñados “con el analista en mente”. Como consecuencia de esto hay sueños típicamente jungianos, freudianos y kleinianos. Del mismo modo que para Freud había sueños típicos de exámen, caída, separación, escape y de encontrarse inadecuadamente vestido en un lugar público.
Tomando estos desarrollos en forma conjunta, desearía sugerir que algunos sueños son intentos honestos de parte del paciente para adaptarse a la situación analítica, en la que la reflexión es la demanda primordial. Como parte del aspecto “sano” de la transferencia, o de lo que tradicionalmente se denomina alianza terapéutica, los pacientes producen, y entonces observan, sus sueños, en los que representan tan efectivamente como son capaces el estado de cosas que experimentan como actualmente pertenecientes a su mente. Creo que esto es válido para todos nosotros en análisis. Sin embargo, en este nivel hay una diferencia crítica entre los pacientes que son capaces de un funcionamiento reflexivo, como los pacientes neuróticos tradicionales, y pacientes en los que esta capacidad está parcial o completamente ausente.
Con el paciente neurótico, los sueños prontamente devienen un aspecto del despliegue de su narrativa. Cuando la capacidad reflexiva es accesible al soñante podemos anticipar que aún si el sueño mismo es rudimentario en términos del grado de mentalización puesto en juego, a través de la elaboración secundaria el soñante agregará significado a la acción del protagonista y entonces la secuencia del sueño será imposible de diferenciar, en esencia, de las fantasías diurnas.
Además, hay una reacción consciente hacia los sueños y estas reacciones son reflejadas en el contexto de la relación analítica. De este modo, cuando el sueño es relatado al analista, raramente muestra alguna similitud con los procesos infantiles de autorreflexion que, en mi opinión, están en el núcleo de todos los sueños.
La situación es muy distinta para los pacientes cuya capacidad reflexiva se encuentra comprometida. Sus sueños tienden a estar mucho más cerca de la primitiva raíz reflexiva y no se benefician de la elaboración secundaria mentalizadora.
Los pacientes con desórdenes de la personalidad severos no tienen un acceso confiable a una representación precisa de su propia experiencia mental, de su mundo representacional. Son incapaces de dar un paso atrás y responder flexible y adaptativamente a las cualidades simbólicas, significativas del comportamiento de los otros. En vez de ello, se encuentran apresados en patrones fijos de atribución, estereotipos rígidos de respuesta, usos del afecto no simbólicos, instrumentales -patrones mentales que no son pasibles ni de reflexión ni de modulación. Inhiben su capacidad para pensar en términos de pensamientos y sentimientos prototípicamente como una adaptación a experiencias de maltrato crónico y severo. El niño vulnerable confrontado con un cuidador que alberga sentimientos e ideas francamente malevolentes hacia él, puede tener poca opción en relación a inhibir o rechazar el pensar en términos de estados mentales.
Diversos autores han notado que los sueños de los pacientes borderline se caracterizan por una serie de diferencias cualitativamente importantes. La frecuente representación de objetos no humanos, no intencionales. La figuración de animales (por ej. reptiles, invertebrados como gusanos, etc.) a los que tendríamos dificultades en atribuirles estados mentales, lo bizarro de sus sueños, todo esto apunta a la ausencia de una elaboración mentalizadora, como consecuencia de un fallo parcial de la simbolización.
Sin embargo, estos sueños deben ser considerados como reflexiones, si bien de una categoría primitiva. El paciente intenta representar la experiencia de sus pensamientos y sentimientos, aún si no es capaz de enriquecer elaborativamente esta reflexión. De hecho, en ausencia de una reflexión genuina como parte del discurso en análisis, los sueños pueden ser la única vía, en sentido clínico, a través de la cual el analista puede ganar acceso al mundo interior del paciente. En mi opinión, para los pacientes borderline, si bien no para los casos neuróticos, la “via regia” freudiana permanece como una metáfora apta (Freud, 1900).
La parte ajena del self -la introyección de un otro que refleja inadecuadamente y que es experimentado como parte del self- a menudo alcanza representación en los sueños de los pacientes borderline. Muy a menudo la imagen es de una penetración del cuerpo (o self físico) por un ser parásito. Las narrativas de los sueños pueden semejar las historias de Roald Dahl. Los avances tecnológicos no han dejado sin tocar tampoco este aspecto de la vida. Un paciente borderline severo y violento, soñó que:
Su computadora había sido invadida por un virus que había “comido” su camino hacia los programas

El mismo paciente soñó que:

Se encontraba en el interior de un tonel que podría controlar moviéndose en direcciones específicas, excepto que el tonel, en su sueño, “parecía tener una voluntad propia” y donde iba el tonel, tenía que ir él.

El frágil y vulnerable verdadero self estaba encajonado en una falsa estructura, más amplia y poderosa, que lo controlaba –una clara descripción del estado de cosas concernientes en su mente.
En el trabajo clínico con este tipo de pacientes el enfoque que estoy proponiendo tiene varias implicaciones críticas.
Primero y más importante: el paciente, al proveer al analista con su sueño, no está transmitiendo un impulso inaceptable repudiado. Si tuviese los recursos mentales para rechazar impulsos, reprimirlos y re-presentarlos en una forma desfigurada, su patología sería mucho menos severa. De este modo, el interpretar el impulso per se a partir del sueño, no sería de utilidad para disminuir o reducir la ansiedad del paciente. Un impulso puede ser representado en el sueño, pero la contribución fundamental por parte del paciente es la mera representación del impulso, no el trabajo implicado en la creación de un disfraz a los efectos de evitar la censura.
Un segundo punto, relacionado con éste, es que el relato del sueño por parte del paciente se encuentra muy próximo a ser su mejor intento de una autorreflexión. Si su capacidad reflexiva se halla disminuida por el conflicto habitualmente enraizado en múltiples y severos traumas, todo lo que puede ser accesible para él es esta capacidad reflexiva infantil. Es por esta razón que digo que el sueño consiste en un “honesto intento de reflexión”. Es parte del intento del paciente por colaborar con su comprensión del objetivo analítico y debe ser siempre interpretado de esa manera.
Un tercer punto -en parte discutible- es que los sueños de tales pacientes a menudo existen principalmente en el “nivel manifiesto”. Con los pacientes neuróticos estamos forzados a “excavar en las profundidades”, a “encontrar el verdadero sentido” detrás de la imaginería visual de los pacientes. Con los pacientes borderline los elementos del sueño se encuentran frecuentemente mucho más cerca de la superficie y son mucho más simples en estructura, representando aspectos de la mente del paciente (pensamientos, sentimientos, ideas) en formas que para los individuos neuróticos no sería necesaria interpretación onírica alguna a los efectos de poder acceder a ellos. De hecho, pueden -y lo hacen- alcanzarlos automáticamente y con mucha verosimilitud, sin la ayuda analítica.
Cuarto: como consecuencia de la ausencia de una elaboración secundaria, los sueños de los pacientes tienden a estar más cerca de su experiencia subjetiva y a poseer intensa valencia emocional. Los pacientes borderline son mucho más propensos a experimentar tanto un intenso placer, como una intensa ansiedad, asociadas con la experiencia de soñar. Esto se entiende fácilmente en virtud de la naturaleza primitiva del proceso reflexivo que reemerge como parte de la actividad mental nocturna.
Una razón independiente para que la experiencia que estos pacientes tienen de sus sueños sea tan intensa, proviene de la realidad psíquica disfuncional que caracteriza el funcionamiento mental de los individuos con desórdenes de la personalidad severos. El predominio de una forma primitiva de experiencia en la vida psíquica -la equivalencia psíquica- resulta en que las ideas del sueño son sentidas como si fueran experiencias actuales. El niño pequeño equipara los contenidos mentales con la realidad física. Lo que está en el afuera debe estar en la mente y lo que está en la mente, debe estar en el afuera. El mundo mental no es visto todavía como representacional, el aspecto “como si” todavía falta. De este modo, para el paciente borderline los sueños son a menudo realidad, simplemente en virtud del hecho de que son pensados. Son proclives a concebir los sueños como predictores del futuro, o simplemente como descriptores de realidades presentes de la cotidianeidad. El acto de la interpretación puede ser anatema para tales pacientes –el sueño es lo que es; es inconcebible que pueda estar en lugar de alguna otra cosa”.

Fonagy prosigue con un ejemplo, el paciente S, de 27 años, borderline violento que tenía ataques de furia en sesión, había tenido accesos psicóticos pasajeros y experimentaba una intensa ansiedad y una profunda depresión.
Había sido severamente maltratado de chico por un padre alcohólico.
A los dos meses de análisis llevó su primer sueño. Comenzó la sesión describiendo con el mayor detalle su recorrido desde la estación del subterráneo hasta el consultorio, incluyendo comentarios sobre las casas, las vías, las grietas del pavimento, etc. Fonagy dice haber notado que el paciente no había hecho mención de la gente que encontró en el camino, por lo que le dijo: “Pienso que quiere hacerme saber qué difícil que es para usted venir y verme” El paciente respondió que no había ningún esfuerzo en ello, sino que estaba cansado porque había tenido un mal sueño.

El sueño era acerca de un escritorio con muchos cajones. Tardaba un largo rato para encontrar la llave. Sabía que los cajones deberían estar llenos, pero cuando los abría uno por uno, estaban todos vacíos.

El paciente mencionó, explicando el sueño, que en el trabajo guardaba sus ideas en un fichero, no en los cajones del escritorio, donde estarían más accesibles. Hizo silencio un rato y comenzó a hablar de aspectos del edificio en el que se encontraban, que le llamaban la atención: su amplitud, su grandeza, sus muchos ambientes. Fonagy le dijo: “Pienso que usted está muy asustado de tener que buscar sus ideas y sentimientos acá, porque siente que sólo encontrará vacío en usted y en mí”. El paciente respondió que había mucha gente tratando de salir de la estación esa tarde y que temió que nunca llegaría a la sesión. Esto llevó a Fonagy a decir que también parecía temeroso de una cercanía mayor con él, ya que esto podría reemplazar su vacío de un modo tal que lo haría sentir confundido, sofocado y atrapado. El paciente no respondió y Fonagy sintió que éste no había entendido claramente lo que él tenía in mente.
Fonagy prosigue diciendo que ése fue un episodio que tuvo lugar cuando hacía todavía poco tiempo que trabajaba con ese tipo de pacientes. Continúa de la siguiente forma:
“Leyendo mis notas del caso, estoy impresionado en algún sentido, pero en otro sentido decepcionado con el modo en que trabajé el primer sueño de Mr S. Concibiendo su sueño como un intento rudimentario de reflexión, se vuelve más claro que Mr S. estaba representando su desesperación respecto del vacío que experimentaba en su mente. Sentía que los cajones deberían haber estado llenos. Sentía presión de mi parte para traer ideas, representada en la presión de la gente emergiendo de la estación. Pero era incapaz de encontrarlas, de hacerlas salir de su mente. Le faltaba la llave para la comprensión. El paciente estaba impresionado con todas las ideas que yo le ofrecía, pero impresionado meramente por el número o por su apariencia, no por su contenido. Mis afirmaciones le sonaban vacías. Yo me refería a sentimientos y pensamientos que eran contenedores vacíos que hacía tiempo habían perdido sus contenidos. Él estaba consciente que era él quien había encerrado sus ideas, pero estaba todavía más agudamente consciente de mi incompetencia para encontrarlas. El sueño hubiera sido más accesible si le hubiera comunicado mi comprensión acerca de su frustración por mi falla para proveerle de más que palabras vacías, más que límites (grietas y vías). El paciente anhelaba alivio de su experiencia de vacío, lo que en su mente sólo podía ser alcanzado a través de mi ofrecimiento de una real asistencia”
A continuación Fonagy relata un sueño del paciente de finales del primer año de análisis, que había sido activado por su tardanza (de Fonagy) en llegar a una sesión. En esa ocasión Mr S. se había enfurecido, le había gritado tildándolo de tener una conducta poco profesional, ser deshonesto, incapaz para ayudarlo, etc.
A la sesión siguiente llevó el siguiente sueño:

Estaba en una galería de arte. Pensó de un modo vago en que yo estaba también ahí.
Lo llamativo para él acerca del sueño era que la gente que él conocía estaba colgando como fotografías exhibidas.

Fonagy dice que el paciente asoció con algo que había visto en un programa para chicos: unos dibujos en la pared, que estaban frustrados por su posición fija. Fonagy le dice que posiblemente el sueño les decía (a ambos) que sus representaciones mentales -de Fonagy y del resto de sus conocidos- eran como fotos incapaces de reaccionar.
Fonagy agrega que pensaba que esto perturbaba al paciente, pero que no podía ser de otra forma, porque se aterrorizaba cuando su analista actuaba de un modo que no esperaba. El paciente dijo que se había asustado mucho el día anterior, porque pensó que Fonagy podría haber tenido un accidente en un auto y haber muerto.
Ese sueño fue útil para mostrar lo árido de la representación que el paciente tenía de la gente, su bidimensionalidad y su carácter inmodificable. Reflexionando al respecto, lo llamativo del sueño era esta experiencia que el paciente tenia de Fonagy, tan vaga más allá de una fotografía exhibida, que estaba pero no estaba, no representada con claridad pero intensamente necesitada. Esta necesidad no era, por supuesto, de un vínculo afectivo, como la que tendría un paciente neurótico. La necesidad era la de alguien más con quien mirar las imágenes, que lo ayudara a experimentar quiénes eran esas personas, en tanto personas, en vez de simplemente verlas como fotografías.

El último sueño de este análisis puede ilustrar el progreso que puede lograrse aún con alguien tan severamente perturbado como Mr S.
“A lo largo de dos años trabajé duramente con Mr S., no tanto intentando descubrir conflictos situados en las profundidades, no proveyéndole sutiles insights, sino más simplemente, reconociendo su caos mental, explorando aquellas cosas que gatillaban sus sentimientos, identificando pequeños cambios en sus estados mentales, subrayando las diferencias en las percepciones de uno y otro acerca de los mismos hechos, haciendo conscientes las complejidades de la relación entre la acción y el significado, y ubicando los afectos en una cadena causal de una experiencia mental simultánea. Adopté en general una posición mentalista no-pragmática, elaborativa, que demandaba de Mr S. focalizar en mi estado mental, en la medida en que yo luchaba por reflexionar y comprender los frecuentes y dramáticos cambios en sus percepciones y emociones”
Fonagy comenta que el paciente redescubrió en este proceso el impacto traumático que tuvo para él el intento de suicidio de su madre, como así también el impacto devastador del abuso físico que le infligió su padre.
En una sesión Mr S. habló de sus padres que lo miraban desde el pasado y relacionó esto con una imagen de dos pares de ojos rojos observándolo en la oscuridad como perros. Al final de esa sesión Fonagy le pidió un par de pequeños cambios en los horarios de las sesiones a tener lugar dos semanas después.
Si bien el paciente aparentemente accedió a este pedido, en la sesión siguiente rehusó acostarse en el diván. Su descontento apareció prontamente a través de quejas acerca de gente que vivía en la negación, prefiriendo no saber. Por el contrario, él era incapaz de vivir en la mala fe. La gente miraba al costado y vivía en una mentira.
Mr S le dijo a Fonagy que iba a poner un diván para un amigo que iba a llegar para quedarse un par de semanas. Fonagy le respondió: “Parece que usted no sabe cuánta fe puede tener en mí. De momento parece más seguro construir su propio diván, más que confiar en mí sostén”
Fonagy agrega que tras un breve silencio, el paciente recordó dos fragmentos oníricos:

Uno era acerca de un león que, para su sorpresa, tenía en su casa.
El otro, más perturbador, era acerca de un hombre que era aparentemente ejecutado por alguien que había sacado dos balas rojas de su bolsillo, como si fuera a darle cambio a alguien. Y las había clavado en la cabeza del otro.
No pudo ver bien, pero supo que esto habría matado al hombre.

Fonagy prosigue diciendo que el paciente comentó que quien hacía la ejecución le recordó a su padre; asimismo, el león le recordaba a un león de juguete que había tenido en su infancia y sobre el cual él había realizado un “terrible abuso”. Recordaba que la melena del león había desaparecido completamente. Fonagy le dijo al paciente que éste deseaba que él supiera que los cambios que Fonagy llamaba pequeños, eran vividos por aquél como devastadores, y que si Fonagy, como el león, sufría un terrible abuso, entendería entonces cómo se sentía (Mr S), lo que le ayudaría a lidiar con su sentimiento de no ser importante. El paciente estuvo de acuerdo con lo que dijo Fonagy, pero continuó instalado a los pies del diván. Fonagy percibía la vergüenza y la rabia del paciente. Mr S dijo que el león había sido un regalo de su padre, que sus ojos eran rojos, pero faltaban en su sueño.
En relación a los ojos rojos mencionados en la sesión anterior, Fonagy preguntó si el paciente sentía que uno de los dos sería asesinado si eran forzados a ver las cosas desde el punto de vista del otro. El paciente miró a Fonagy por primera vez en la sesión, y se notaba que estaba llorando.
A través de sus lágrimas relató que su padre, al volver después de haber estado afuera, vio que el león que le había regalado estaba sucio y dañado, por lo que lo golpeó severamente (Mr S. tenía 6 años de edad). Mr S recordó los gritos de su padre “Golpearé algún sentido dentro de tu cabeza. Ahora puedes ver cómo se siente”
A esto, Fonagy dijo: “Pienso que le aterroriza que yo clave mis locas ideas en su interior. Si usted trata de ver las cosas desde mi punto de vista, se volverá loco” El paciente se incorporó súbitamente y se acostó en el diván. Hubo un silencio, pero también una mutua experiencia de comunicación. El paciente dijo que no imaginaba que ir a análisis podría hacerlo sentir feliz. Pero sí sentía que tenía más espacio.

El análisis de Mr S duró 9 años. Durante ese tiempo surgió que había sido abusado sexualmente por su padre, penetrado analmente por él, tal como lo había sido su hermana.
En la época en que Fonagy escribe este trabajo el paciente se encuentra casado, tiene un hijo y cada tanto va a ver a su ex analista. Doce años después de haber comenzado su tratamiento nuevamente ha ido a verlo. Es un padre cariñoso y no hay ningún rastro de transmisión transgeneracional del maltrato.
“Lo que es más conmovedor en mis contactos recientes con él es su continuo y consistente intento para tratar de entender lo que está ocurriendo en su mente; por qué se está sintiendo triste o enojado, ansioso o culpable. Es interesante que, a menudo, utiliza sus sueños para que lo ayuden a entenderse. No busca en ellos ideas ocultas, sino claves acerca de cómo las cosas que le ocurrieron han impactado en sus sentimientos y pensamientos. Pienso que tiene mucho para enseñar a los clínicos acerca del trabajo con los pacientes borderline”.

Comentarios:

En este extenso e interesante texto, encontramos varias líneas para trabajar: la historia y la patología del paciente, sus cambios a través del trabajo analítico, la modalidad de trabajo de Fonagy, sus interpretaciones, el modo en que jerarquiza la transferencia, etc.
Pero dado que el objetivo de este post es reflexionar sobre el modo de entender los sueños desde el punto de vista de la mentalización, me ceñiré exclusivamente a este tema.
En primer lugar, parece claramente ilustrada la tesis de Fonagy según la cual en los sueños el estado de cosas de la mente es representado en imágenes concretas. Esto ocurre en tres de los cuatro sueños. A diferencia de Freud, Fonagy estima que durante el soñar se lleva a cabo una actividad reflexiva que le es propia y que no tiene lugar durante la vida de vigilia, por lo cual el sueño sí produce algo “nuevo”. La jerarquización de este aspecto del soñar, así como del contenido manifiesto de los sueños resultan del mayor interés clínico.
Podríamos llevar a cabo ahora algunas reflexiones sobre el material clínico presentado y sobre los comentarios de Fonagy previos al relato del mismo.

1) En primer término, podemos ver que si comparamos los sueños entre sí, parece haber una progresión desde los dos primeros hasta el tercero y el cuarto, acorde con el cambio en el paciente y con su mayor capacidad para la mentalización.
El tercer sueño (o fragmento onírico), a diferencia de los dos primeros, parece construido a la manera del sueño de un neurótico, ya que en él se ha abierto paso hasta el contenido manifiesto sólo uno de los muchos elementos contenidos en los recuerdos del paciente, en los pensamientos oníricos (el león), lo cual parece ser expresión del trabajo de condensación (Freud, 1900, p. 287 y ss.) y también del trabajo de desplazamiento, ya que lo que aparece como elemento central en el contenido manifiesto, no posee el mismo valor en los pensamientos oníricos (Freud, 1900, p. 311 y ss.). En efecto, el elemento “león” remite a una compleja historia infantil, relacionada con el abuso y la actitud violenta e intrusiva de su padre (y es ésta la parte emocionalmente sustantiva, que no aparece en el contenido manifiesto sino representada por el elemento “león”, que se encuentra entrelazado con ella en los hechos).
En este caso, debido al “trabajo del sueño” se establece una clara diferenciación entre el contenido manifiesto y el latente, y sólo es posible acceder al significado del primero mediante el despliegue asociativo que realiza el paciente.
Como tan a menudo sucede cuando hay más de un sueño en la misma noche, el segundo fragmento onírico muestra con mayor claridad y explicitación lo que estaba meramente aludido en el primer fragmento a través del león (Freud, 1900, pp. 338-340).

Querría ahora relacionar esta observación con un párrafo de Fonagy transcripto más arriba: “Un tercer punto -en parte discutible- es que los sueños de tales pacientes a menudo existen principalmente en el “nivel manifiesto”. Con los pacientes neuróticos estamos forzados a “excavar en las profundidades”, a “encontrar el verdadero sentido” detrás de la imaginería visual de los pacientes. Con los pacientes borderline los elementos del sueño se encuentran frecuentemente mucho más cerca de la superficie y son mucho más simples en estructura, representando aspectos de la mente del paciente (pensamientos, sentimientos, ideas) en formas que para los individuos neuróticos no sería necesaria interpretación onírica alguna a los efectos de poder acceder a ellos”.
Este estar cerca de la superficie, este existir del sueño principalmente en el nivel manifiesto, parece deberse a la ausencia de un trabajo de elaboración onírica (trabajo del sueño), que es el que determina la diferenciación entre lo manifiesto y lo latente.
Si bien Fonagy no lo dice de un modo explícito, a partir de este comentario suyo y de la progresión de los sueños mencionada, parecería que en la medida en que la mentalización es escasa, también se vuelve inoperante el trabajo del sueño, con sus diversos procesos (condensación, desplazamiento, miramiento por la figurabilidad, elaboración secundaria), en el sentido en que lo entendió Freud.
El primer sueño, soñado al comienzo del análisis, consiste sólo en una representación simbólica de un estado mental, pero en él no se observan la condensación y el desplazamiento que advertimos en el fragmento onírico en que aparece el león, según fue referido.
Asimismo, parecería que a medida que el paciente va recuperando su capacidad para mentalizar, también se vuelve operante el trabajo del sueño mencionado, lo que podemos observar comparando el primer sueño con los dos últimos (y, en particular, con el tercero), tal como acabamos de hacer.
Esta correlación resulta verdaderamente notable y creo que resultaría interesante interrogarnos por la relación que existe entre la serie de complejos procesos mentales que describe Freud en relación a la construcción de los sueños, y los procesos que tienen lugar en el mentalizar.
Fonagy menciona este hecho cuando habla del incremento en la elaboración secundaria (relaciona elaboración secundaria con mentalización). Pero no hace referencia a los otros procesos que forman el trabajo del sueño: desplazamiento, condensación, miramiento por la figurabilidad, que son los que más directa relación tienen con el trabajo del sistema Inconsciente, mientras que la elaboración secundaria posee relación con el Preconsciente.
En efecto, de ella dice Freud: “Esta función psíquica que emprende la llamada elaboración secundaria del contenido onírico parece idéntica al pensamiento de vigilia (…) preconsciente” (1900, p. 495). Busca configurar, con el material de los pensamientos oníricos, algo semejante a un sueño diurno. “Resultado de su empeño es que el sueño pierde su aspecto de absurdo y de incoherencia y se aproxima al modelo de una vivencia inteligible” (Ibid, p. 487).
La elaboración secundaria busca construirle al sueño una fachada inteligible y constituye una primera interpretación de los pensamientos oníricos. “No es, por tanto, otra instancia psíquica, sino nuestro pensamiento normal el que aborda el contenido onírico con la exigencia de que sea inteligible, lo somete a una primera interpretación y por esa vía origina el total malentendido del mismo” [cursivas agregadas] (Ibid, p. 496).
Es llamativo que Fonagy ponga el acento, al diferenciar los sueños de los neuróticos de los de los pacientes borderline, en el hecho de que en los primeros actúa una elaboración secundaria que “agregará significación a la acción del protagonista”. En cuanto a los segundos dice que “…no se benefician de la elaboración secundaria mentalizadora” [cursivas agregadas].
La equiparación entre elaboración secundaria y mentalización tiene sentido en tanto ambas son funciones preconscientes, que llevan a cabo una interpretación. La diferencia estriba, sin embargo, en que la primera origina “el total malentendido” del contenido onírico, siendo que la mentalización lograda ayuda al paciente a conectarse con sus deseos, creencias, emociones, etc. de una manera lo más genuina posible. Estos deseos, creencias y emociones están representados en los pensamientos oníricos, por lo que si son malentendidos por la elaboración secundaria que les crea una fachada lógica y coherente, a expensas de la adecuada aprehensión de los mismos, el resultado que obtenemos es lo opuesto de la mentalización.
A partir de estas y de otras citas del trabajo de Fonagy en que aparece mencionada la elaboración secundaria, parecería que por momentos este autor confunde dicha elaboración con el trabajo del sueño.
Por otro lado, no deja de tener su importancia que ponga el acento sólo en este aspecto preconsciente del trabajo del sueño, desconsiderando los procesos que pertenecen al sistema Inconsciente (desplazamiento, condensación), con lo cual mantiene su análisis en un plano más superficial y se pierde de pensar la relación posible entre mentalizar y trabajo del sueño.
Ya que Fonagy no lo ha hecho, desearía intentar ahora algunas reflexiones para tratar de echar alguna luz sobre este asunto tan interesante. La pregunta que hace de guía podría formularse en estos términos: ¿por qué, a medida que se recupera la capacidad para mentalizar, aparecen en los sueños los mecanismos del proceso primario (condensación, desplazamiento), de modo tal que hay mayor distancia entre el contenido manifiesto y el latente del sueño; qué relación podemos encontrar entre estas variables?
En primera lugar, cabe hacer hincapié en el papel que le cabe a la censura en la construcción del sueño. Es por ella que se hace necesario el desplazamiento. De él, Freud dice: “…sabemos que [el desplazamiento] es, en un todo, obra de la censura onírica” (Freud, 1915-1916, p. 168).
En lo que hace a la condensación, expresa lo siguiente: “Aunque la condensación hace impenetrable el sueño, no se recibe la impresión de que sea un efecto de la censura onírica. Más bien se preferiría reconducirla a factores mecánicos o económicos; pero, de cualquier modo, la censura se beneficia de ella” (Ibid, pp. 157-158).
En un texto posterior y desde la perspectiva de la segunda tópica, dice: “Echamos a andar por el camino hacia el entendimiento (“interpretación”) del sueño si suponemos que aquello por nosotros recordado como sueño tras el despertar, no es el proceso onírico efectivo y real, sino sólo una fachada tras la cual se oculta el verdadero proceso onírico. Es nuestro distingo entre un contenido manifiesto del sueño y los pensamientos oníricos latentes. Y llamamos trabajo del sueño al proceso que de los segundos hace surgir el primero. El estudio del trabajo del sueño nos enseña, mediante un destacado ejemplo, cómo un material inconsciente, un material originario y reprimido se impone al yo, deviene preconsciente y en virtud de la revuelta del yo experimenta las alteraciones que conocemos como desfiguración onírica” (Freud, 1938, pp. 163-164).
La revuelta del yo que menciona Freud, parece referirse a las actividades defensivas propias de esta instancia, en especial a la represión y a aquellas otras defensas relacionadas con la represión (formación reactiva, anulación, etc.). De este modo, visto desde la segunda tópica, podríamos decir que la censura es la forma en que se manifiestan las defensas del yo en la construcción del sueño.
Si, a su vez, es la censura la que pone en marcha el desplazamiento y la que se beneficia de la condensación, podemos pensar que la elaboración onírica utiliza mecanismos propios de lo Inc., del proceso primario (desplazamiento, condensación), en la medida en que se ve llevada a ello por la presión de las defensas del yo. O sea, no es el yo el que desfigura o disfraza pensamientos oníricos para transformarlos en contenido manifiesto, sino que esta desfiguración es llevada a cabo por los procesos propios de lo Inc., pero lo hacen motorizados por las defensas del yo. De no ser por éstas, no entrarían en actividad (o lo haría sólo la condensación, al menos en algunos casos).
Hasta aquí tendríamos una primera conclusión provisional: la puesta en juego de la represión en la construcción del sueño, obliga a que entren en juego los mecanismos del proceso primario, que trabajando sobre los pensamientos oníricos los transforman en el contenido manifiesto del sueño, el cual consigue ser aceptado por la censura (represión) y ganar acceso a la conciencia.
¿Y qué relación podemos encontrar entre estos procesos y la mentalización?
Para responder a esta pregunta nos será de utilidad recurrir a un trabajo de investigación que llevaron a cabo Fonagy y otros (Bouchard et al., 2008), que he reseñado en el post “Tres variedades de la mentalización comparadas”. En esa investigación, en la que se compararon tres medidas diferentes: la Función Reflexiva (mentalización); los estados mentales; la elaboración del afecto, se demostró que existía una correlación entre los estados mentales en los que prevalecían las defensas más evolucionadas (represión y sus derivados) y un alto nivel de mentalización. A su vez, cuando estas defensas eran sustituidas por defensas primitivas (como las que encontramos en los pacientes borderline), este estado de cosas correlacionaba con un bajo nivel de mentalización.
Entre otras frases significativas del trabajo, podemos citar las siguientes:
El hallazgo más significativo con el enfoque de los estados mentales enfatiza la importante contribución positiva de las defensas de alto nivel al proceso de mentalizar” (pág. 61).
Más adelante, relaciona el alto nivel de mentalización con “La capacidad para utilizar procedimientos regulatorios (defensivos) del afecto de alto nivel, en mayor grado que otros procedimientos defensivos de bajo nivel” (pág. 62).
Estas consideraciones nos permiten ahora responder a la pregunta que nos habíamos planteado: si la diferenciación entre contenido manifiesto y latente en los sueños se debe (al menos en parte) a la operación de las defensas de alto nivel, y estas defensas correlacionan con un alto grado de mentalización, se torna entendible que un incremento en el mentalizar vaya acompañado de sueños en los que encontramos una diferencia entre el contenido manifiesto y el latente (como en el sueño del león).
Por el contrario, cuando las defensas son de bajo nivel y no operan como censura poniendo en marcha la desfiguración onírica, no habrá mayor diferencia entre el contenido manifiesto y el latente y este último aparecerá con mayor claridad en el sueño efectivamente soñado. Una actividad simbolizadora, propia del sueño (y postulada por Fonagy) hará que estos contenidos aparezcan en forma simbólica.

Sin duda que estas consideraciones no agotan una serie de preguntas que podríamos hacernos a raíz del texto de Fonagy, como la relación del soñar con los afectos e impulsos, las condiciones del soñar que activan la capacidad de simbolizar (que no se halla presente en la vida de vigilia), la comparación con otros enfoques sobre los sueños de los pacientes borderline, etc.
Creo que puede resultar de interés retomar algunos de estos temas en el siguiente post.

Autor: Gustavo Lanza Castelli

www.mentalizacion.com.ar

gustavo.lanza.castelli@gmail.com

Referencias:

Bouchard, MA, Target, M, Lecours, S, Fonagy, P, Tremblay, LM, Schachter, A, Stein, H (2008)  Mentalization in Adult Attachment Narratives: Reflective Functioning, Mental States, and  Affect Elaboration compared. Psychoanalytic Psychology, vol 25, Nro 1, 47-66
Fonagy, P (2000) Dreams of borderline patients, en Perelberg, RJ (ed) Dreaming and  Thinking, Karnack Books, 2003.
Freud, S (1900) La interpretación de los sueños. Ed Amorrortu, T V, 1979.
Freud, S (1915-1916) Conferencias de introducción al psicoanálisis (partes I y II).  Ed Amorrortu, T XV, 1978.
Freud, S (1938) Esquema del psicoanálisis. Ed Amorrortu, T XXIII, 1980

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2 Respuestas a Los sueños y la teoría de la mentalización

  1. sonja stein says:

    Qué buen artículo sobre la mentalización y el trabajo del sueño.De Fonagy me gusta que rescata lo nuevo que el sueño aporta,aún en los casos en que se da un menor grado de mentalización,y el ej.clínico que es muy ilustrativo de la progresión en el trabajo de sueño que logra el paciente.Tu análisis de la relación entre las defensas y la capacidad de simbolizar es muy esclarecedor-”cuando las defensas son de bajo nivel y no operan como censura…”para mí ésto es clave ,al mostrar la mayor labilidad entre las fronteras de las instancias en el paciente borderline,lo que hace a la fragilidad yoica característica de ese cuadro.Cuando Fonagy se refiere a la función reflexiva primitiva infantil,alude a procesos similares a los que vos planteás respecto de la reflexión transformacional?Tengo que volver a leer tus artículos al respecto.Yo pienso que éste trabajo está como para “Aperturas Psicoanalíticas”,sobre todo sabiendo que no hay tantos aportes sobre este tema desde la perspectiva de la función reflexiva.
    Un gran saludo,seguimos en contacto!

    • Administrador says:

      Sonja, gracias por tus comentarios. Yo también creo que es interesante lo que plantea Fonagy, rescatando lo nuevo que el sueño aporta. También la utilidad clínica que muestra que éste tiene en estos casos.
      Coincido también con vos en cuanto a lo de la mayor labilidad entre las fronteras de las instancias en los borderline.
      Respecto a lo que dice Fonagy sobre la función reflexiva primitiva, sí, creo que se trata en realidad de un proceso transformacional, en la medida en que hay en juego una simbolización. En el segundo post volverés sobre este asunto.
      Un saludo grande!!!

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