El Manual de Peter Fonagy para evaluar la Función Reflexiva II

En un post anterior llevé a cabo una breve caracterización de la teoría del apego y de la Entrevista de Apego Adulto, como preliminares necesarios para la comprensión del Manual de la Función Reflexiva. A partir de este post comienzo ya con la reseña y comentario del mismo, anticipados en el post mencionado.

El Manual posee las siguientes siete partes:

1) Introducción y consideraciones teóricas sobre la FR (Función Reflexiva)

2) Explicación de por qué la FR es tan importante.

3) Relatos sobre las extensas investigaciones empíricas en las que fue validada la medida.

4) Descripción de los cuatro dominios de la FR

5) Consideraciones generales para la evaluación.

6) Ilustraciones de FR negativa o limitada

7) Evaluación de pasajes (fragmentos/párrafos de textos) y pautas para la evaluación.

 

En lo que sigue de este post y en sucesivos posts iré reseñando, glosando, traduciendo parcialmente y comentando cada una de estos siete partes.

 

1) Introducción y consideraciones teóricas:

 

Esta parte comienza con el siguiente párrafo que, dada su importancia, transcribo en forma textual.

 

1.1       Definición del término

 

“El término Función Reflexiva (FR) se refiere a los procesos psicológicos que subyacen a la capacidad de mentalizar; es un concepto que ha sido descrito tanto en la literatura psicoanalítica (Fonagy, 1991; Fonagy & Higgitt, 1989) como en la de la psicología cognitiva (Morton & Frith, 1995). El funcionamiento reflexivo o mentalización es la expresión activa de esta capacidad psicológica íntimamente relacionada con la representación del sí mismo (Fonagy & Target, 1995, 1996; Target y Fonagy, 1996).

La FR implica tanto un componente auto-reflexivo como uno interpersonal, que provee idealmente al individuo con una capacidad bien desarrollada para distinguir la realidad interna de la externa, el modo de funcionamiento en que “se hace de cuenta que” del “real”, los procesos mentales y emocionales intrapersonales de las comunicaciones interpersonales. Debido a los orígenes intrínsecamente interpersonales en base a los cuales la función reflexiva se desarrolla y expresa, este manual se refiere al funcionamiento reflexivo y no ya al funcionamiento auto-reflexivo (Fonagy, Steele, Moran, Steele & Higgitt, 1991b), en la medida en que este último término es reducido demasiado fácilmente a la auto-reflexión, la cual es sólo parte de aquello que se quiere significar con el concepto” (pág. 4) [resaltado agregado].

 

COMENTARIO: En este punto hay 3 conceptos importantes:

a) los procesos psicológicos que subyacen a la capacidad de mentalizar;

b) la relación entre la FR y la representación del self;

c) la posibilidad de diferenciar entre el sí mismo y el otro a partir de la polaridad autorreflexiva e interpersonal.

 

a) Fonagy alude en distintos textos a los procesos psicológicos que subyacen a la capacidad de mentalizar. En un texto significativo del año 2006 (Fonagy, 2006), dice:

“La mentalización implica un componente autorreflexivo y un componente interpersonal y está sustentada por un gran número de habilidades cognitivas específicas que incluyen  la comprensión de los estados emocionales, la atención y el control esforzado, y la capacidad para realizar juicios acerca de los estados subjetivos, así como para pensar explícitamente acerca de los estados mentales –lo que podemos llamar mentalización en sentido propio. En su combinación estas funciones proveen al niño de la capacidad para distinguir la realidad interna de la externa y los procesos mentales y emocionales de los eventos interpersonales” [cursivas agregadas] (pág. 54).

Si analizamos detenidamente este texto, vemos que en su primera parte el autor parece diferenciar la mentalización de las habilidades cognitivas específicas que la sustentan, en sentido análogo al párrafo que estamos comentando, donde habla de procesos psicológicos que subyacen a la capacidad de mentalizar.

Pero si proseguimos la lectura del texto de 2006, vemos que Fonagy nombra algunas de estas capacidades y concluye diciendo “…así como para pensar explícitamente acerca de los estados mentales –lo que podemos llamar mentalización en sentido propio”. Vale decir que la capacidad para “pensar explícitamente acerca de los estados mentales”, que es una habilidad cognitiva específica es, a la vez, “lo que podemos llamar mentalización en sentido propio”. O sea, habilidad cognitiva específica y mentalización coinciden.

Por esta razón, creo que resulta adecuado considerar que la mentalización está compuesta por un número de habilidades cognitivas específicas, o que consiste en ese grupo de capacidades.

Si, además, diferenciamos las capacidades de los objetos o contenidos sobre los que recaen, tendremos una diferenciación conceptualmente útil para comprender los distintos procesos que incluye el mentalizar, los distintos dominios del mismo, que son enumerados en el punto 4 del Manual (pp. 15 y ss.) y que serán comentados más adelante.

Así, en el caso de la capacidad para pensar explícitamente acerca de los estados mentales, advertimos diferencias clínicamente importantes según esta capacidad recaiga sobre los afectos (afectividad mentalizada), o sobre el comportamiento de los demás, o sobre el funcionamiento de la propia mente, etc.

Hecha esta aclaración, vale la pena señalar dos operaciones cognitivas que para Fonagy y colaboradores revisten particular importancia: el control atencional, la imaginación (Allen, Fonagy, Bateman, 2008).

La jerarquización que realizan de la atención se ve, por ejemplo, en que una de las definiciones que dan de la mentalización es: “…prestar atención a los estados mentales”. Por otro lado, enfatizan que mucho del trabajo clínico tiene que ver con ayudar al paciente a prestar atención a lo que él y los otros piensan, sienten, hacen, etc.

Para los autores el mentalizar no es fácil y requiere un control esforzado de la atención, como cuando consideramos el punto de vista de otro, para lo cual tenemos que deponer activamente nuestra tendencia egocéntrica natural que tiende a hacer prevalecer la perspectiva propia y a asumir que los otros comparten nuestra perspectiva, conocimiento y actitudes.

Por lo demás, consignan que hay una relación entre la atención y el apego y hacen referencia a diversos estudios que muestran la correlación entre el apego seguro y el control atencional, y el apego inseguro y los déficits en dicho control (Allen, Fonagy y Bateman 2008, pp. 36-37).

La imaginación también es central en el mentalizar, si bien es necesario cimentar las imágenes en la realidad. Por ejemplo, el empatizar requiere no sólo una resonancia emocional automática, sino también un imaginar activo que hace uso de la memoria, en la medida en que traemos a la mente experiencias relevantes evocadoras de sentimientos pertinentes. El mantener perspectivas diferentes acerca de lo que otra persona puede pensar, creer y sentir requiere actividad imaginativa.

 

b) La relación entre la FR y la representación del self.

Este tema es tratado por Fonagy et al. a lo largo del Manual en varios pasajes, por lo que difiero las citas y comentarios respectivos para el próximo post.

 

c) La polaridad “autorreflexivo/interpersonal” que permite diferenciar entre lo propio y lo ajeno es retomada muchas veces en la obra de Fonagy. De ella podríamos decir:

La percepción del propio funcionamiento mental requiere una actitud autoinquisitiva, que implica una genuina curiosidad acerca de los propios pensamientos y sentimientos. También conlleva un escepticismo realista, esto es, el reconocimiento de que los propios sentimientos pueden ser confusos y que no siempre es posible tener claridad sobre lo que uno piensa o siente (Bateman, Fonagy, 2006).

Esta percepción incluye una serie variada de procesos, entre otros el monitoreo y registro de los propios estados mentales, que tienen lugar según grados diversos de complejidad (desde un pensamiento, hasta un conjunto estratificado y complejo de sentimientos, pasando por la secuencia de diversos estados mentales y de las razones interpersonales que los activan, el modo en que trabaja la propia mente, etc.).

De igual forma, la percepción del propio funcionamiento mental supone también la aprehensión de que los sentimientos concernientes a una situación pueden no estar relacionados con los aspectos observables de la misma, sino que pueden provenir de otras fuentes. Asimismo, implica la detección de la presencia de conflictos entre ideas y sentimientos incompatibles, así como el registro de la acción de defensas en el interior de uno mismo, etc. (Bateman, Fonagy, 2006; Allen, Fonagy, Bateman, 2008).

Una consideración especial merece la afectividad mentalizada, de indudable valor clínico, a la que Fonagy et al. (2002) consideran como una forma sofisticada de la regulación emocional y que implica que los afectos son experimentados a través de los lentes de la autorreflexividad, de modo tal que se hace posible comprender el significado subjetivo de los propios estados afectivos. La expresión “afectividad mentalizada”, entonces, describe cómo la regulación emocional es transformada por la mentalización.

Sus componentes son tres: identificación, modulación y expresión de los afectos (Allen, Fonagy, Bateman, 2008).

En lo que hace a la capacidad para mentalizar los pensamientos y sentimientos ajenos, podríamos decir que la interpretación de la mente del otro no es sencilla. Una particularidad personal ampliamente extendida que obstaculiza nuestra comprensión del otro es el egocentrismo, esto es, la tendencia implícita (automática, no consciente) a suponer que el otro comparte nuestra perspectiva, conocimiento y actitudes (Allen, Fonagy, Bateman, 2008). Por otro lado, la aplicación al vínculo con el otro de modelos operativos internos disfuncionales, así como la acción de diversas defensas, hace que le atribuyamos estados mentales y actitudes que no son los suyos. Para mentalizar adecuadamente, entonces, hay que esforzarse en un descentramiento que deje de lado la propia perspectiva para captar la ajena y controlar (o resolver) el modo en que los esquemas operativos y las defensas condicionan y distorsionan la percepción del otro. El mentalizar, por tanto, requiere esfuerzo (Allen, Fonagy, Bateman, 2008).

Esta polaridad “autorreflexivo/interpersonal” es considerada posteriormente -en los trabajos del año 2008 en adelante- en términos de distintos sistemas neuronales (cf. un análisis detallado y ampliado de este punto en el post Polaridades de la Mentalización III, del 26-1-2011, en http://mentalizacion.com.ar/blog/?p=18).

 

1.2 Las raíces históricas del concepto.

En este segundo punto del Manual, que figura inmediatamente después del anterior, los autores reseñan brevemente los aportes de algunos psicoanalistas, que coinciden parcialmente con la FR. Mencionan así a Freud, Klein, Bion, Winnicott, Marty y Luquet (entre otros). Tras esta reseña, se refieren al aporte que han hecho los teóricos del desarrollo en este sentido.

Tras ello, escriben un párrafo importante que traduzco y transcribo en su totalidad:

“La FR es la adquisición del desarrollo que permite a los niños responder no sólo al comportamiento de las otras personas, sino a la concepción que el niño tiene de las creencias, sentimientos, actitudes, deseos, esperanzas, conocimientos, imaginación, simulaciones, engaños, planes, etc. de los demás.

La FR o mentalización habilita a los niños a “leer” la mente de las otras personas. Atribuyendo estados mentales a los demás, los niños vuelven significativo y predecible el comportamiento de los otros.

En la medida en que los niños aprenden a entender el comportamiento de los otros, pueden activar de un modo flexible, de entre los múltiples conjuntos de representaciones de sí mismo y del otro que han organizado sobre la base de su experiencia anterior, aquella(s) más apropiada(s) para responder de un modo adaptativo a las transacciones interpersonales específicas” (pág. 5).

 

COMENTARIO:

Después de haber hablado de los procesos psicológicos que subyacen a la capacidad de mentalizar, los autores ahora caracterizan lo nuclear de la FR. En este punto las ideas centrales parecen ser tres:

a) A partir de la FR el niño (y posteriormente el adulto) no responde ya al comportamiento como tal, sino a la concepción que tiene de los estados mentales que subyacen al mismo, con lo cual puede ir más allá del dato perceptivo.

Vale la pena subrayar la expresión “la concepción que el niño tiene…”. O sea, no se trata de que sea posible leer directamente los estados mentales ajenos, sino que en este proceso se pone en juego la representación que construye el sujeto de los estados mentales de los demás.

De hecho, en su trabajo de 2006 ya citado, Fonagy plantea que: “A los efectos de concebir que los otros poseen una mente, el individuo necesita un sistema representacional simbólico para los estados mentales” (pág. 54).

Este sistema representacional se construye a lo largo del desarrollo. En la obra posterior de Fonagy se estudian con detalle los pasos en la construcción de estos modelos, así como sus rendimientos (Cf. Lanza Castelli, 2010).

b) De este modo se vuelve predecible el comportamiento de los demás. En diversos textos Fonagy dice que ésta es una de las principales funciones del funcionamiento reflexivo o mentalización (Cf. por ejemplo, Fonagy, 2006).

c) En la medida que es posible entender el comportamiento de los otros, se vuelve factible también activar aquellos conjuntos self-otro más apropiados. Los conjuntos self-otro aluden a los “Modelos internos de trabajo” de los que habla Bowlby (cf. post anterior).

Cabe agregar que la mayoría de las veces esta activación de la respuesta apropiada -sobre la base de una adecuada comprensión del estado mental del otro- se realiza de forma automática y preconsciente. Las fallas en la comprensión adecuada, las atribuciones disfuncionales, tendrán como consecuencia, entonces, una respuesta inapropiada.

En un texto posterior, Fonagy retoma este tema desde otro punto de vista:

“El actuar sin pensar no implica solamente una falla de la inhibición; es una falla del mecanismo normal que actúa como un amortiguador entre la percepción y la acción. Normalmente, la resonancia con el estado mental de otro inicia un proceso de reflexión y selección de respuesta. En un paciente cuya comprensión de los estados mentales sea extremadamente concreta, la resonancia desencadena la acción inmediatamente” (Bateman, Fonagy, 2006, p. 77).

 

(Continúa en el próximo post).

 

 

Bibliografía:

 

Allen, J, Fonagy, P, Bateman, A (2008) Mentalizing in Clinical Practice.

(Cf. una reseña pormenorizada de este libro en Aperturas Psicoanalíticas, Nro 34).

http://www.aperturas.org/articulos.php?id=0000630&a=La-mentalizacion-en-la-practica-clinica).

Fonagy, P (2006) The Mentalization-Focused Approach to Social Development, en Allen, J.G., Fonagy, P. (eds) Handbook of Mentalization-Based Treatment. John Wiley & Sons, Ltd

Fonagy, P., Gergely, G., Jurist, E., Target, M. (2002) Affect Regulation, Mentalization, and the Development of the Self  Other Press.

Bateman, A., Fonagy, P. (2006) Mentalization Based Treatmen for Borderline

Personality Disorder. A Practical Guide. Osford University Press.

Lanza Castelli, G (2010) Mentalización: aspectos teóricos y clínicos.

En http://mentalizacion.com.ar/mentalizacion_es.php

 

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4 Respuestas a El Manual de Peter Fonagy para evaluar la Función Reflexiva II

  1. Loreto Mella says:

    me encanto la pag. es lo que necesito, toy trabajando la mentalización y su vinculación con el apego, sera posible que me envíen literatura me a sido muy dificil encontrar libros, los tendrán en pdf?

    gracias¡

  2. Susana says:

    Me interesa la Mentalizacion aplicada a pacientes borderlaine. Me podrían enviar literatura. Muchas gracias!!

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