La proyección en el contenido manifiesto de los sueños

En Adición metapsicológica a la teoría de los sueños, Freud postula que: “Un sueño es para nosotros indicio de que ocurrió algo que quiso perturbar al dormir, y nos permite inteligir el modo en que pudo efectuarse la defensa contra esa perturbación. Al final el durmiente soñó y pudo seguir durmiendo; en lugar del reclamo interno que quería ocuparlo, sobrevino una vivencia externa cuyo reclamo fue tramitado. Por tanto, un sueño es también una proyección, una exteriorización de un proceso interior. Recordamos que nos hemos topado ya con la proyección en otro lugar, entre los medios de la defensa.

También el mecanismo de la fobia histérica culminaba en que al individuo le era dado protegerse mediante un intento de huida frente a un peligro exterior constituido en remplazo de un reclamo pulsional interior” {negritas agregadas} (1917, Ed. Am. T XIV, pp. 222-223).

En la categoría de “algo que quiso perturbar el dormir” encontramos dos clases de fenómenos: por un lado los restos diurnos (pensamientos oníricos latentes, pertenecientes al sistema Prec.) que no obedecieron al quite general de las investiduras promovido por la regresión al narcisismo primario, propio del estado del dormir.

Por otro, mociones de deseo reprimidas que se enlazan con representaciones preconscientes para lograr acceso al sueño manifiesto.

En lo que hace a los deseos reprimidos, la proyección imperante en el sueño favorece que en toda una serie de casos el deseo del sujeto quede atribuido a un personaje distinto, o a una circunstancia exterior, manteniéndose el soñante en posición pasiva en el contenido manifiesto del sueño.

La utilidad que tiene el conocimiento de este hecho es muy grande a la hora de interpretar toda una serie de sueños, por lo que agregaré algunos ejemplos a estas breves consideraciones.

En primer término, desearía considerar el sueño de la que Freud llamó “una ingeniosa paciente”, pero que es más conocida como “la bella carnicera”. Contradiciendo explícitamente a Freud en su pretensión de que el sueño es un cumplimiento de deseos, la paciente le relata el siguiente sueño:

“Quiero dar una comida, pero no tengo en mi despensa sino un poco de salmón ahumado.

Me dispongo a ir de compras, pero recuerdo que es domingo por la tarde, y todos los almacenes están cerrados.

Pretendo llamar por teléfono a algunos proveedores, pero el teléfono está descompuesto.

Así, debo renunciar al deseo de dar una comida” (La interpretación de los sueños, Ed. Am. T IV, pp. 165 y ss.).

El análisis que lleva a cabo Freud sigue las siguientes líneas: el marido de la paciente es un carnicero del cual ella está muy enamorada, el cual suele alabar a una amiga de ambos. Pero por suerte para la soñante, esta amiga es descarnada y flaca, siendo que su marido es amante de las redondeces.

No obstante, días atrás dicha amiga le dijo que cuándo la invitaría a comer, ya que en su casa se comía tan bien.

Pero contra este pedido se rebela la paciente, ya que no quiere contribuir a que su amiga engorde y le guste entonces a su marido.

El sueño muestra cumplido el deseo de no dar esa comida, por el motivo mencionado (dejo de lado acá otros comentarios de Freud sobre este sueño, que no tienen relación con el tema de este post).

Lo significativo en lo que hace a la proyección es que en el contenido manifiesto del sueño la paciente asume el deseo opuesto y son las circunstancias externas las que hacen que no pueda dar la comida. Su deseo, no dar esa comida, ha sido proyectado al mundo exterior, mientras que ella queda en posición pasiva.

Veamos ahora otro ejemplo:

Una paciente de 30 años comenta que se ha hecho cargo del lugar en el que trabaja un jefe nuevo, que le parece atractivo pero pedante. Comenta también que desde el primer día él la mira de un modo insistente, lo que la pone incómoda.

Ella está casada desde hace algunos años y tiene una muy buena relación de pareja, si bien en los últimos tiempos han aparecido algunas fisuras en la relación.

En este contexto tiene el siguiente sueño:

“Me encontraba en un bar leyendo unos apuntes para la facultad, y en eso veo en la mesa de en frente un hombre canoso que me mira de forma descarada. Yo me ruborizo y noto que ha conseguido alterarme un poco, pero me levanto y marcho para mi casa. Llego y subo las escaleras para dirigirme al piso de arriba. Entro en mi habitación.

Y, entonces es cuando siento un ruido fuerte abajo, como si hubieran entrado a robar en mi casa. Lo siento tan real que me despierto y aún medio dormida, siento algunos ruidos, como si alguien estuviera abajo, robando.

Estoy ya consciente, pero se me mezcla lo soñado con la realidad, y lo vivo todo como muy real. Estoy tan angustiada que despierto a mi marido para contarle lo que me acababa de suceder y decirle que me parecía que había alguien en casa.

Él baja, va a fijarse y vuelve para decirme que no era nada. Me tranquilizo, entonces, y puedo volver a dormirme”

La única asociación de la paciente fue con el hombre canoso. Su jefe, dijo, es canoso también, si bien no se parece mucho al hombre del bar. Tal vez en la manera de mirarla, aunque su jefe no ha llegado a hacerlo de una forma “descarada”.

El sueño tiene tres escenas, que vale la pena diferenciar y comentar:

1) La primera es la escena del bar, que concluye cuando ella se marcha de ahí y llega a su casa.

Repite, de un modo ampliado, las escenas que ha vivido en su trabajo, en relación al jefe que la mira. Lo que el sueño agrega es que ella se ha “alterado”, esto es, se ha erotizado, mientras que en su vida despierta sólo ha podido registrar una sensación de incomodidad. Como suele suceder, durante el sueño se vuelve posible un mejor registro de los movimientos afectivos y pulsionales que durante la vida despierta.

2) La segunda escena es la del “robo”: los ruidos que la despiertan porque hay alguien robando en su casa: “…siento un ruido fuerte abajo, como si hubieran entrado a robar en mi casa”.

La alusión espacial al “abajo” parece ser una referencia a los genitales, como tan frecuentemente sucede en los sueños, hecho que fue señalado en primer término por Víctor Tausk (Obras Psicoanalíticas). De este modo, podríamos decir que la casa simboliza su cuerpo y la puerta de abajo su vagina.

En el sueño, entonces, un ladrón ha penetrado abajo y esto angustia a la paciente.

Podemos suponer que esta segunda escena del sueño es continuación de la primera, en cuyo caso el ladrón habría de ser el hombre (jefe) que la “alteró” en la escena anterior, y la “alteración” mencionada previamente se convirtió en el deseo de ser penetrada (abajo), que, mediante el mecanismo de proyección es atribuido al hombre (como deseo y acción de penetrar), mientras que ella mantiene la posición pasiva.

Éste es el punto central que quiero destacar en este post: el mecanismo de proyección permite que la paciente disfrace para sí misma su deseo, en tanto se mantiene en rol pasivo y atribuye el rol activo al hombre.

Este mecanismo es muy habitual en los sueños, particularmente cuando se trata de deseos contra los que el sujeto se rebela, con los que está en contradicción, o que ha reprimido. El hecho de tenerlo en cuenta, nos resulta de mucha utilidad en nuestros intentos de comprensión de los mismos

3) La tercera escena, por último, muestra otra forma en que la paciente intenta defenderse del deseo respecto de su jefe: despierta al marido y le hace saber que hay un hombre que quiere “entrar” en la casa. Poniendo en su conocimiento este hecho, es como si llamara al marido en su auxilio, lo cual podría expresarse en la frase: “Siento un fuerte deseo hacia mi jefe, protégeme para que no caiga en la tentación que estoy sintiendo”.

El sentimiento de realidad que registra la paciente al despertar, merecería otro tipo de consideraciones, que dejo para otra ocasión, ya que nos alejarían del tema específico que quería consignar en este post.

Autor: Gustavo Lanza Castelli

e-mail:  gustavo.lanza.castelli@gmail.com

 

 

 

 

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