Los sueños en la obra de Freud V

Sueños y fantasías: los estratos del sueño y la fantasía.

En los posts anteriores hemos hablado de la arquitectura del sueño y, dentro de ella, fundamentalmente del contenido manifiesto del mismo, mostrando que hay diversas formas en las que puede ser construido, lo cual trae como consecuencia diferencias en la técnica que utilizamos para inferir el sentido latente.

En el presente post vamos a continuar esta indagación del contenido manifiesto, pero complejizándola, en la medida en que tomaremos en consideración su interjuego con otros estratos de dicha arquitectura. El tema central de este escrito, entonces, es el lugar de la fantasía en el sueño, su relación con él, para lo cual será de utilidad llevar a cabo primeramente una caracterización de qué es la fantasía y cómo la ha conceptualizado Freud.

El término que utiliza Freud, Phantasie designa no la facultad de imaginar sino los productos (contenidos) de la misma, el mundo imaginario, consistente en un conjunto de fantasías.

Desde los comienzos mismos de su obra este concepto está presente. Ya en el caso Anna O. se dice que se trataba de liberar a la paciente -en estado hipnótico y por medio de la abreacción y la verbalización- de las fantasías que se habían acumulado en ella.

En ese trabajo no se considera que las fantasías tengan su origen en sucesos reales, por lo que queda establecida una clara contraposición: mundo imaginario – mundo de los acontecimientos reales.

El recorrido de Freud es zigzagueante al respecto y encontramos en textos distintos explicaciones diversas al respecto.

Un texto de la mayor importancia al respecto es aquél en el que Freud contrapone un mundo exterior al que el sujeto tiene que ir adaptándose progresivamente (instauración del principio de realidad por intermedio de la percepción) y un mundo interior, que pretende sustraerse a esta coerción  y seguir rigiéndose por el principio del placer. Éste es el mundo de la fantasía, donde tiene lugar la satisfacción imaginaria de los deseos (Freud, 1911).

Esta contraposición (entre la fantasía y el acontecimiento) se juega también en el abandono por parte de Freud de la teoría de la seducción, expresada en esa célebre carta a Fliess del 21 de septiembre de 1897, donde consigna “No creo más en mi neurótica” (Freud, 1887-1904).

Esta conclusión lleva a Freud a desechar la teoría de la seducción que venía postulando en el origen de los síntomas histéricos, para reemplazarla por la afirmación de que en todos esos casos donde las pacientes histéricas aducían recuerdos de abusos padecidos, tratábase de fantasías. Como en el inconsciente no hay ningún “índice de realidad” que permita diferenciar el hecho acontecido del meramente fantaseado, las pacientes creían que habían sido realmente seducidas, cuando en verdad se trataba de fantasías por ellas construidas; confundían, por así decir, las fantasías con recuerdos.

Se imponía la necesidad entonces, para Freud, de explicar el origen de tales fantasías, ya que el origen “exógeno” había sido desconsiderado. Lo encuentra en la sexualidad infantil, entendida en ese momento como de surgimiento espontáneo, madurativo y endógeno (Freud, 1905).

A medida que se desarrolla la teoría vemos que la fantasía se articula con una serie de variables: el acontecimiento (trauma, seducción) y el recuerdo del mismo, lo interno, lo endógeno, la sexualidad infantil, el desarrollo, el Complejo de Edipo, etc.

Dentro de este conjunto de variables poseen una importancia particular las fantasías originarias (como organizadoras del campo de las fantasías) y su relación con el “Instinto” (Instinkt) como diferenciado de la pulsión (Freud, 1914 [1918]; 1916-1917), que son universales y heredadas filogenéticamente. Comprenden la fantasía de observación de la relación sexual entre los padres, la de seducción, la de castración, etc.

A su vez, encontramos matrices intermediarias (específicas para cada cuadro clínico) entre estas fantasías y el terreno de las manifestaciones, que se deben a transformaciones específicas de las fantasías originarias (Maldavsky, 1977).

Por lo demás, los modos en que se articulan las variables mencionadas son cambiantes a lo largo de los distintos textos freudianos, por lo que la extensión y complejidad de los desarrollos que sería menester llevar a cabo para lograr mayor claridad al respecto, excede largamente el objetivo de este post, centrado en la relación entre la fantasía y el sueño.

Para un estudio detallado de todas estas variables, remito a un texto ya clásico de Laplanche y Pontalis (1964).

Lo que sí puede ser de utilidad en este punto es llevar a cabo una caracterización de la fantasía.

Ante todo cabe decir que Freud la describe como un “mestizo”  cuando hablando de la relación entre el sistema Icc y el sistema Prcc dice que muchas veces ambos sistemas colaboran y que mantienen variadas relaciones. Entre otras, que el Icc se continúa en el sistema Prcc a través de sus retoños.

Tras ello, agrega: “Entre los retoños de las mociones pulsionales icc del carácter descripto, los hay que reúnen dentro de sí notas contrapuestas. Por una parte presentan una alta organización, están exentos de contradicción, han aprovechado todas las adquisiciones del sistema Cc y nuestro juicio los distinguiría apenas de las formaciones de este sistema. Por otra parte, son inconscientes e insusceptibles de devenir conscientes. Por tanto, cualitativamente pertenecen al sistema Prcc, pero, de hecho, al Icc. Su origen sigue siendo decisivo para su destino” (Freud, 1915, pp. 187-188). Se refiere, claro está, a las fantasías.

Desde otro punto de vista, podemos decir que la fantasía consiste en un escenario organizado, susceptible de ser dramatizado bajo una forma esencialmente visual.

El sujeto está siempre presente en tales escenas y forma parte de una secuencia en la que es posible la permutación de roles.

El deseo se articula en la fantasía (Freud, 1919), por lo que esta última es también la sede de las operaciones defensivas, algunas de las cuales son primitivas, como el retorno sobre la persona propia, la transformación en lo contrario, la negación, la proyección.

Estas defensas están ligadas a la función primera de la fantasía: la puesta en escena del deseo; puesta en escena donde la prohibición está siempre presente. Podríamos decir entonces que en la fantasía se articula la pulsión, la defensa y el superyo, si bien la mayoría de las veces Freud la vincula primordialmente con el deseo.

Podemos ilustrar esta caracterización con un ejemplo elocuente de una paciente de Freud:

“Una de mis pacientes, a quien yo había puesto sobre aviso en cuanto a sus fantasías, me refirió que cierta vez se encontró llorando por la calle y, meditando enseguida sobre el motivo, apresó la fantasía de que había entablado una relación tierna con un virtuoso pianista notorio en la ciudad (aunque no lo conocía personalmente), quien le había dado un hijo (ella no los tenía) y luego la abandonó a su suerte, dejándolos en la miseria a ella y al niño. En este pasaje de la novela le acudieron las lágrimas” (Freud, 1908, p. 142).

Vemos en esta breve fantasía el escenario mencionado, la dramatización bajo una forma visual, la presencia protagónica de la paciente, la articulación y satisfacción del deseo, el castigo del superyo (abandono, miseria).

Otro rasgo importante de las fantasías es su ubicación tópica, ya que pueden ser conscientes, preconscientes o inconscientes.

“Las fantasías inconscientes pueden haberlo sido desde siempre, haberse formado en lo inconsciente, o bien -caso más frecuente- fueron una vez fantasías conscientes, sueños diurnos, y luego se las olvidó adrede, cayeron en lo inconsciente en virtud de la “represión” (…) Por otra parte, la fantasía inconsciente mantiene un vínculo muy importante con la vida sexual de la persona; en efecto, es idéntica a la fantasía que le sirvió para su satisfacción sexual durante un período de masturbación” (Ibid)

Los “sueños diurnos” que Freud menciona en este párrafo tienen la mayor importancia en relación al tema que nos ocupa. En “El creador literario y el fantaseo” (1907) Freud compara el sueño diurno con el juego del niño. Este último se crea durante el mismo un mundo propio al que toma muy seriamente y en el que emplea grandes montos de afecto. Apuntala las situaciones que imagina en objetos del mundo exterior y es esto lo que diferencia el juego del fantasear (o del poetizar).

En efecto, el creador literario, al igual que el niño, construye un mundo de fantasía al que toma muy seriamente y en el que inviste también grandes montos de afecto, a la vez que lo separa y diferencia claramente de la realidad efectiva.

El hombre común, cuando ha dejado de ser niño y, por tanto, de jugar, con el objetivo de hacer frente a las ocupaciones supuestamente serias que le impone la vida (principio de realidad, cf. Freud 1911), debe renunciar al placer que obtenía de aquella actividad. Pero la experiencia muestra que tal renuncia plena al placer experimentado alguna vez no es posible. Por esta razón, como sustituto del juego abandonado, el adulto se entrega al fantaseo, a construir sueños diurnos que típicamente mantiene en secreto y que oculta del conocimiento de las demás personas, razón por la cual puede creer que es el único que se entrega a tales actividades.

Por lo demás, cabe señalar que sólo fantasea quien se encuentra insatisfecho: “Deseos insatisfechos son las fuerzas pulsionales de las fantasías, y cada fantasía singular es un cumplimiento de deseo, una rectificación de la insatisfactoria realidad” (Freud, 1907, p. 130).

Los deseos que son el motor de los sueños diurnos y en los que encuentran su cumplimiento, son los eróticos y ambiciosos (egoístas). A su vez, la especificidad de estos deseos depende de las cambiantes circunstancias de la vida de quien fantasea.

Su relación con el tiempo es la siguiente: en el presente se encuentra la ocasión que suscita la emergencia de estos deseos. Desde este vector temporal actual, el sujeto se remonta -mediante el recuerdo- a una situación del pasado (preferentemente infantil), en la que dichos deseos encontraron su satisfacción. Y es en función de aquella ocasión, que se fantasea con una situación ubicada en el futuro en la que dichos deseos obtendrán nuevamente su cumplimiento. Eso es el sueño diurno.

“El ejemplo más trivial puede servir para ilustrarles mi tesis. Supongan el caso de un joven pobre y huérfano, a quien le han dado la dirección de un empleador que acaso lo contrate. Por el camino quizá se abandone a un sueño diurno, nacido acorde con su situación. El contenido de esa fantasía puede ser que allí es recibido, le cae en gracia a su nuevo jefe, se vuelve indispensable para el negocio, lo aceptan en la familia del dueño, se casa con su encantadora hijita y luego dirige el negocio, primero como copropietario y más tarde como heredero. Con ello el soñante ha restituido lo que poseía en la dichosa niñez: la casa protectora, los amantes padres y los primeros objetos de su inclinación tierna. En este ejemplo ustedes ven cómo el deseo aprovecha una ocasión el presente para proyectarse un cuadro del futuro siguiendo el modelo del pasado” (Freud, 1907, p. 131).

Las fantasías tienen una íntima relación con la psicopatología. En los paranoicos encontramos fantasías de grandeza organizadas como delirio, los perversos transforman en acto las fantasías y los neuróticos padecen el retorno de las mismas (después de haber sido reprimidas y tras el fracaso de la represión) bajo la forma de síntomas.

También encontramos una íntima relación entre la fantasía y el sueño, tal como expresa Freud:

“Estas fantasías son unos cumplimientos de deseos engendrados por la privación y la añoranza; llevan el nombre de “sueños diurnos” con derecho, pues proporcionan la clave para entender los sueños nocturnos, el núcleo de cuya formación no es otro que estas fantasías diurnas, complicadas, desfiguradas y mal entendidas por la instancia psíquica consciente” [negritas agregadas] (Freud, 1908, p. 141).

Las similitudes de las fantasías con los sueños son las siguientes:

1)      Al igual que éstos, son cumplimientos de deseos.

2)      Se basan en buena parte en las impresiones de vivencias infantiles (algunas veces para encubrir la verdad histórica y embellecerla, reemplazando dicha verdad por un opuesto de deseo. Corresponden  en ese caso a  la formación de  sagas  “…mediante  las  cuales una nación después  grande y  orgullosa procura esconder sus  insignificantes  e  infortunados  comienzos. Freud, 1914 [1918], p. 20).

3)      Como los sueños, gozan de cierto relajamiento de la censura respecto de sus creaciones.

4)      El motivo de deseo que se afirma en su producción ha descompaginado, reordenado y compuesto en una totalidad nueva el material del que están construidas (Freud, 1919).

Una diferencia importante es que la fantasía no presenta ninguna regresión, sino una progresión en la figuración (Freud, 1887-1904, p. 258), mientras que en el sueño encontramos una regresión tópica, una temporal y una formal (*) (1900, p. 541).

Otra diferencia la encontramos en el hecho de que en el sueño el contenido de representaciones se muda en imágenes sensibles a las que se da crédito y se cree vivenciar (Freud, 1900, p. 528).

La fantasía y los estratos del sueño:

Creo que será útil relacionar la fantasía y el sueño, partiendo de los estratos de este último, según fueron caracterizados en el primer post de este seminario (4-8-2012).

Tomamos nuevamente en consideración entonces el contenido manifiesto del sueño.

Freud enfatiza reiteradas veces que es variable el grado de claridad y coherencia que éste presenta y que estos caracteres se deben esencialmente a la incidencia de uno de los cuatro procesos psíquicos presentes en el trabajo del sueño: la elaboración secundaria (los otros tres son: la condensación, el desplazamiento, el miramiento por la figurabilidad).

Freud se ve llevado a inferir su presencia a partir de encontrar en el sueño operaciones psíquicas y algunos contenidos que no eran pasibles de ser reconducidos a los pensamientos oníricos. Por ejemplo la observación “esto no es más que un sueño” que puede presentarse en aquellos sueños que se acompañan de un sentimiento penoso, el cual se mitiga tras esta observación, es obvio que no puede ser atribuida a algún juicio preexistente en los pensamientos latentes, sino que surge en el momento mismo en que el sueño está siendo soñado, cuando la censura (que nunca duerme totalmente) se ha visto sorprendida por un contenido que no debió haber dejado pasar.

Este juicio, que vemos como una exteriorización de la censura, se muestra, por lo demás, en un todo análogo al que puede ser producido por el pensamiento de vigilia.

Cabe preguntarse entonces si esta actividad del pensamiento vigil se limita a estas ocasionales observaciones o posee una participación más habitual en la formación del sueño.

“Esta función psíquica que emprende la llamada elaboración secundaria del contenido onírico parece idéntica al pensamiento de vigilia (…) preconsciente” (1900, p. 495). Busca configurar, con el material de los pensamientos oníricos, algo semejante a un sueño diurno. “Resultado de su empeño es que el sueño pierde su aspecto de absurdo y de incoherencia y se aproxima al modelo de una vivencia inteligible” (Ibid, p. 487).

La elaboración secundaria busca construirle al sueño una fachada inteligible y constituye una primera interpretación de los pensamientos oníricos. “No es, por tanto, otra instancia psíquica, sino nuestro pensamiento normal el que aborda el contenido onírico con la exigencia de que sea inteligible, lo somete a una primera interpretación y por esa vía origina el total malentendido del mismo” [cursivas agregadas] (Ibid, p. 496).

Depende de la censura y puede agregar elementos al sueño para tornar más inteligible su contenido manifiesto. Por regla general estos agregados tienen menos vivacidad sensorial que el resto de los elementos y suelen ubicarse entre dos fragmentos oníricos, facilitando un nexo entre dos partes del sueño. Se olvida más fácilmente que el resto del sueño y raramente produce creaciones nuevas, ya que suele utilizar utiliza los elementos del material onírico que sirven a sus fines.

Lo más esencial de todo es el objetivo que persiguen: que el sueño pierda su aspecto de absurdo y de incoherencia, para aproximarse a una vivencia inteligible (1900, pp. 486-487). De este modo el sueño cobra un sentido, que suele estar alejado de su verdadero significado.

Pero hay ciertos casos en los que este trabajo de construirle al sueño una fachada coherente se ve facilitado, en la medida en que encuentra entre los pensamientos oníricos una fantasía, un sueño diurno que, como fue comentado más arriba, presenta una alta organización, está exento de contradicción y ha aprovechado todas las adquisiciones del sistema Cc. En ese caso este producto psíquico es aprovechado para acceder al contenido manifiesto del sueño, lo cual puede darse en distintos grados.

En algunos casos el sueño manifiesto no consiste sino en la repetición de esta fantasía diurna, que posiblemente permanecía inconsciente.

En otros casos, sólo llega al contenido manifiesto un fragmento de esta fantasía preexistente, o la misma constituye sólo un fragmento de dicho contenido.

Muchas veces estas fantasías, al igual que el resto de los pensamientos oníricos, son condensadas, superpuestas unas con otras, etc., de modo tal que acceden al contenido manifiesto después de experimentar considerable desfiguración.

En los casos en los que la fantasía se conquista un acceso pleno hasta el sueño manifiesto vemos que entre dicho estrato y el de los pensamientos oníricos no hay representaciones intermediarias, como en los casos mencionados en los posts anteriores (recuerdos de situaciones vividas, símbolos, construcciones léxicas socialmente compartidas).

O sea, la fantasía puede hallarse presente tanto en los pensamientos oníricos como en el contenido manifiesto.

Pero hay más aún, también pueden constituir el núcleo del estrato más profundo, donde habita el deseo infantil, surgido en conexión con las escenas primordiales (Laplanche, Pontalis, 1964, p. 132).

“En la producción de la fachada del sueño no rara vez se emplean fantasías de deseo que se hallan preformadas en los pensamientos oníricos, y que son del mismo tipo que los llamados con acierto “sueños diurnos”, que conocemos por la vida despierta. Las fantasías de deseo que el análisis descubre en los sueños nocturnos resultan ser a menudo repeticiones y refundiciones de escenas infantiles; así, en muchos sueños, la fachada nos muestra directamente su núcleo genuino desfigurado por mezcla con otro material” (Freud, 1901, p. 649).

En otro texto, hablando del proceso onírico (de los tres tramos del mismo) (*) dice: “El primer tramo se extiende, en sentido progrediente, desde  las escenas o fantasías inconscientes hasta lo preconsciente” (1900, p. 565), ya que el sistema inconsciente es el punto de partida para la formación del sueño (1900, p. 535).

Esto significa que la fantasía se encuentra en los dos extremos de dicho proceso. Por un lado, está ligada al deseo inconsciente último, al “socio capitalista” del sueño (el cuarto estrato en la arquitectura del sueño, cf. post I), por otro lado, repeticiones y refundiciones de esta fantasía forman parte de los pensamientos oníricos y ganan acceso hasta el contenido manifiesto. Esto hace que en toda una serie de casos la fantasía inconsciente pueda ser inferida desde el contenido manifiesto del sueño.

Por último, desearía hacer la salvedad de que no siempre encontramos fantasías entre los pensamientos oníricos. Hablando de sus propios sueños, Freud dice lo siguiente: “…he subestimado la importancia de esas fantasías para la formación del sueño mientras elaboraba predominantemente mis propios sueños, que suelen basarse en discusiones y conflictos de ideas, y rara vez en sueños diurnos” (1900, p. 490. Nota agregada en 1909).

Ejemplos:

Deseo transcribir en primer término un ejemplo de La interpretación de los sueños, dada la claridad e interés del mismo.

Dice Freud: “…quiero citar un sueño que parece compuesto por dos fantasías diferentes, contrapuestas, y que en determinados lugares se cubren una a la otra; de ellas una es la superficial, y la otra se convierte, por así decir, en la interpretación de la primera.

El sueño (…) reza más o menos así: El soñante -un joven soltero- está sentado en su cervecería, mejor dicho, en aquella donde hace tertulia; entonces aparecen muchas personas que vienen a buscarlo, y entre ellas una que quiere arrestarlo. Dice él a sus camaradas de mesa: “Después pago, enseguida vuelvo”. Pero ellos se le mofan: “A esa canción la conocemos, todos dicen lo mismo” Y cuando ya sale, uno de los parroquianos lo despide todavía: “¡Ahí se vuela otro!” Después lo conducen a un local estrecho donde encuentra a una mujer con un niño en los brazos. Uno de sus acompañantes dice: “Es el señor Müller”. Un comisario, o algún otro funcionario, revisa un fajo de fichas o de papeles y al hacerlo repite: “Müller, Müller, Müller”. Por fin le hace una pregunta, que él responde con un “Sí”. Después se vuelve para mirar a la mujer y observa que a ella le ha salido una gran barba”

Freud dice que las dos fantasías son: una fantasía de arresto, tras la cual se encuentra una fantasía de casamiento. Los rasgos comunes a ambas se destacan con particular nitidez.

La promesa del hombre soltero de que volverá, la incredulidad de sus camaradas, chasqueados ya por muchas experiencias análogas, la despedida “¡Ahí se vuela (casa) otro!” muestran a las claras la fantasía de casamiento (como así también la palabra “sí” dada al funcionario).

La repetición del mismo nombre parece referir a la lectura de los telegramas de felicitación que se envían cuando hay una boda.

La novia aparece en persona en la escena del sueño. Su barba remite a un comentario que le hiciera un amigo -tan reacio al matrimonio como él- el día anterior al sueño, al que le llamó la atención sobre una hermosa mujer morena que se acercaba hacia ellos. El amigo respondió “¡Bah! Si no fuera porque a estas mujeres les salen con los años unas barbas como la de su padre!”.

Otros elementos del sueño muestran un trabajo más profundo de la desfiguración onírica. Así, el dicho “después pago” podría referirse al comportamiento que el soñante teme adopte su suegro en relación con la dote.

“Es manifiesto que toda suerte de reparos le impiden entregarse con todo gusto a la fantasía de casamiento. Uno de ellos, que con el casamiento se pierde la libertad, se encarnó en la transmudación en una escena de arresto” (Freud, 1900, pp. 490-491).

Deseo consignar ahora el sueño de un paciente, que me fue cedido por la colega que supervisó conmigo el material del mismo.

El paciente (al que llamaremos Ernesto) tiene 32 años, está casado desde hace 8 y tiene dos hijos, de 6 y 4 años. La relación con su mujer es más de compañerismo que erótica, y mantiene con ella una convivencia sin mayores fricciones.

Estudió Administración de Empresas, pero no llegó a terminar la carrera faltándole pocas materias para recibirse. Trabaja en una empresa de computación que posee en sociedad con dos hombres bastante mayores que él, de más de 50 años de edad, uno de ellos tío por parte del padre.

Ambos son técnicos y se dedican a la reparación y mantenimiento de los equipos. En la empresa emplean programadores y él se ocupa de toda la parte administrativa, de las relaciones públicas, contactos con empresas, etc. Tanto él como sus dos socios trabajaban anteriormente en una empresa análoga, hasta que por diversos motivos decidieron irse y establecerse por su cuenta. Debido a la amistad que los unía, decidieron asociarse a partes iguales los tres.

En el momento de traer este sueño, el paciente -que estaba en análisis hacía menos de un año- había comentado que últimamente -sin saber por qué-  se sentía muy tenso en el trabajo y que se había puesto cada vez más detallista y meticuloso.

Llevado -según él- por esta minuciosidad, había comenzado a hacer un mini-balance quincenal que les leía a sus socios muy pormenorizadamente, aunque ellos le manifestaban no estar muy interesados, e inclusive no entender alguna de las cosas que les decía.

Un mes antes de relatar el sueño, Ernesto había referido que había entrado a trabajar como ayudante suya una empleada administrativa, Silvina, que le parecía muy atractiva y que le gustaba mucho.

Sueño:

Estos días estoy soñando de manera que los vivo con intensidad y me los acuerdo a los sueños. Anoche soñé que era dueño, o me habían prestado, de un Mercedes blanco hermoso. Iba a tener una entrevista con alguien [-luego agrega- entrevista de trabajo con mis primeros jefes], y dejaba arriba del auto el portafolio con el dinero para el resto del mes. Cuando salía me lo habían robado, después no me acuerdo que pasaba, quise saber cómo terminaba el sueño, pero no pude.

La terapeuta le pide asociaciones:

Terapeuta: ¿Qué asocia con el auto?

Paciente: “No lo asocio con nada”.

Terapeuta: ¿Qué asocia con la entrevista que iba a tener?

Paciente: “Ahora que me lo pregunta, me acuerdo que la entrevista era con mis primeros jefes”.

Terapeuta: ¿Qué recuerda de ese trabajo?

Paciente: “Fue el primer lugar donde trabajé. Era una empresa de computación. Yo era muy jovencito cuando entré, pero entré ganando bien, inclusive tuve posibilidades de viajar, por ejemplo a Miami.

Pero los socios eran muy ambiciosos y tiraba cada uno para su lado, finalmente la vaciaron a la empresa. Eran cuatro socios, demasiados.

La empresa no era tan grande, pero era de mucho peso porque tenían buenos contactos, por ejemplo, tenían contactos con bancos; en esa época había mucho trabajo.

Pero los socios se pusieron a dilapidar el dinero y a gastarlo en cosas, como por ejemplo cambiar el auto. Por esa época había unos autos importados bárbaros.

También hicieron muchos viajes, pero no por razones de trabajo, sino por gusto. Empezaron también a pelearse por la secretaria, se la llevaban con ellos en los viajes. Me acuerdo que hubo una obra muy grande en Miami para el banco “X”, ahí viajó muchísima gente, total el banco pagaba todo.

Después la cosa empezó a declinar, tenían un fondo negro en dólares, y uno de los socios que manejaba la parte administrativa se fue con los dólares. Ahí empezó la caída, por suerte para esa época nosotros ya nos habíamos ido y habíamos puesto nuestra propia empresa.

¡Qué cosa! Justamente ayer cuando iba al banco para depositar lo que cobramos este mes, tomé por otro camino y pasé por la esquina en donde estaba la empresa, pero no pensé para nada en todo esto.”

Terapeuta: “¿Se le ocurre algo con lo del robo?”

Paciente: “Me pasó dos veces que me sacaron cosas del auto, pero no de mucho valor, después me devolvieron los documentos.”

COMENTARIOS:

El sueño manifiesto posee tres temas: el auto que tiene o le han prestado; la entrevista que va a tener; el robo del que es objeto.

En el análisis de un sueño es importante poder determinar cuál es el “núcleo temático” del mismo, a partir del cual suelen organizarse los otros elementos del sueño.

Una frase de Freud nos ayudará a encontrar en este caso el núcleo temático.

“A menudo sucede que un sueño se cuenta incompleto y sólo en el curso del análisis emerge el recuerdo de los fragmentos omitidos. Estos fragmentos agregados con posterioridad demuestran ser, por lo regular, la clave para la interpretación” [negritas agregadas] (1900, pp. 172-173 Nota 19).

El núcleo del sueño ha de buscarse, entonces, en este elemento agregado, que consiste en la referencia a la entrevista con sus primeros jefes. Con pericia, la terapeuta le pregunta por ese trabajo, a raíz de lo cual el paciente realiza un despliegue asociativo muy esclarecedor.

Entre otras cosas, menciona que los jefes (que eran socios) se pusieron a dilapidar el dinero y a comprar autos importados.

Como en el sueño manifiesto él aparece siendo dueño de un auto importado, podemos ver acá un punto que indica su identificación con los ex jefes (en el sueño aparece un desdecirse parcial: “era dueño o me habían prestado”, que parece ser obra de la censura onírica).

Podemos conjeturar entonces que en el resto de los tramos del relato que hace acerca de ellos, también encontraremos otros aspectos de la identificación con los mismos.

La pelea por la secretaria y el llevársela en sus viajes parece aludir a la nueva empleada administrativa, que le gusta, con la cual le gustaría irse de viaje, dejando a su mujer, con quien la relación no es eróticamente atractiva para él.

Por último, aparece un elemento central “uno de los socios que manejaba la parte administrativa se fue con los dólares”, ya que es Ernesto quien maneja la parte administrativa.

Esta asociación sólo puede significar su deseo de irse con el dinero de la empresa y pagar con él, tanto el auto importado como el viaje que haría con la nueva empleada.

Podemos conjeturar entonces que las fantasías que se despliegan en este sueño pueden expresarse de la siguiente forma: “Les he robado el dinero a mis socios, me he comprado un auto importado y me voy a ir de viaje con Silvina, que tanto me gusta”.

O sea, una fantasía ambiciosa, combinada con una de robo y una erótica.

Aquí aparece otro mecanismo más que es la transformación en lo opuesto, o sea, el pensamiento más fuertemente reprimido que es “robarle a los socios”, aparece transformado en su opuesto en el texto del sueño, en el sueño soñado y recordado, ya que es a él a quien le roban. Éste es un mecanismo que participa en la desfiguración onírica, esto es, en aquel proceso que transforma pensamientos oníricos en sueño manifiesto. Este mecanismo es de uso frecuente en algunos pacientes, en otros no tanto, pero no hay dudas que contribuye al enmascaramiento del sueño de una manera bastante acentuada.

Podríamos hacer algunos comentarios adicionales sobre este material.

Es interesante que el “robo” del portafolio lleno de dinero aparezca transformado en lo contrario en el contenido manifiesto del sueño, tal como acaba de ser dicho: no es él quien roba, sino que es a quien le roban. Esta inversión posicional parece encontrarse en este caso al servicio de la desfiguración onírica (que disfraza los pensamientos latentes) motorizada por la censura.

Si reflexionamos sobre la relación entre el sueño manifiesto y las fantasías que se encontraban en los pensamientos latentes, vemos que una de ellas -la que he llamado “fantasía ambiciosa”- ha llegado sin desfiguración al contenido manifiesto (tener un auto importado), la fantasía de robo, aparece también de forma explícita, pero transformada en su opuesto.

A su vez, la fantasía de irse con la nueva empleada es detectable sólo a través de las asociaciones.

Es interesante también que varios de los elementos que surgen en estas últimas, aparecen también en el contenido manifiesto. Ésta es la prueba de que dichas asociaciones contribuyeron a la formación del sueño [Retomaremos este tema, tan importante, al hablar de las asociaciones libres].

Otro aspecto interesante de este sueño es que el conjunto de asociaciones, tan elocuentes, aparece aludido muy brevemente en el sueño, como referencia al lugar en el que iba a tener la entrevista (y, además, en un segundo momento, pues había sido olvidado inicialmente).

Podríamos decir que entre el contenido manifiesto y las asociaciones hay una relación de complementariedad: estas últimas agregan elementos que son indispensables para comprender cabalmente el contenido manifiesto, y éste permite jerarquizar el valor que dichas asociaciones tienen en las fantasías del soñante (si sólo tuviéramos las asociaciones, sin el sueño, no tendríamos tan en claro sus fantasías, ni estaríamos tan seguros al respecto: el que los temas se repitan en un lado y en el otro -como hemos señalado- hace las veces de validación de las conjeturas interpretativas).

La ocasión del sueño parece tener que ver con el hecho de que el día anterior Ernesto pasó por la esquina donde estaba la empresa (¿acto sintomático?). Podríamos conjeturar que en ese momento -en que iba llevando el maletín con el dinero- se activaron en él los recuerdos que refiere y terminaron de configurarse las fantasías que contribuyeron a la formación del sueño de esa noche. Su comentario “no pensé para nada en todo esto” parece ser un claro ejemplo del mecanismo de la negación (Freud, 1925).

Por último, resulta interesante relacionar el sueño con su actitud meticulosa del último tiempo, consistente en hacer balances quincenales y leérselos a unos socios poco interesados en escucharlo.

Podríamos conjeturar que esta especie de síntoma consistía en una enérgica defensa contra el deseo de robarles: mediante este procedimiento luchaba contra la tentación de llevar a cabo su deseo. Por lo demás, esta defensa quedaba reforzada si ellos estaban al tanto del menor movimiento económico, pues en ese caso se le hacía más difícil ceder a su tentación.

Es posible que el deseo de robarles se haya incrementado en los últimos tiempos. De hecho, es sólo recientemente que el paciente ha comenzado con la presentación quincenal de los balances. Por lo demás, el juicio inicial sobre el sueño (Estos días estoy soñando de manera que los vivo con intensidad y me los acuerdo a los sueños) ha de ser tomado como una reflexión sobre la intensidad de sus deseos (sueños).

Podríamos conjeturar que este incremento se debe a la presencia de la nueva empleada, que ha venido a intensificar un deseo preexistente, en tanto en sus fantasías el robo tendría como uno de sus objetivos irse al exterior con ella, dejando a su mujer.

Como tantas veces ocurre, vemos una íntima relación entre el síntoma y el sueño, a la vez que este último nos permite comprender al primero. De ahí la utilidad clínica del análisis de los sueños.

Otro ejemplo interesante sobre la relación entre fantasías y sueño puede encontrarse en el caso Dora. En el segundo sueño se combinan una fantasía de venganza, una de desfloración y una proveniente del amor hacia el Sr. K. Cada una de ellas prevalece en una región del sueño, aunque se entremezclen entre sí.

Por lo demás, en otro lugar he analizado con algún detalle la fantasía presente en el sueño de un paciente de Peter Fonagy. En ese trabajo mostré la relación entre las escenas (efectivamente acontecidas) y la fantasía, el papel de ésta en la relación transferencial, su relación con el contenido manifiesto del sueño, con el deseo y con el enactment que se produce a raíz de la defensa contra la misma (Lanza Castelli, 2012).

Técnica:

En relación a la técnica utilizada para la interpretación del sueño, vale la pena notar que cuando la fantasía gana acceso al contenido manifiesto del sueño de una manera tan clara como en el caso del joven soltero, no es necesario contar con las asociaciones del soñante para inferir el sentido del mismo. Así procedió Freud en ese ejemplo, ya que aclara que no se llevó a cabo un análisis del sueño y que la mención de la frase del amigo del día anterior provino de una información de su interlocutor.

En todo caso, éste es el único elemento que requirió de la colaboración del soñante para aclarar su significado (mediante una información equivalente a una asociación libre).

Desde este punto de vista, cabe decir que las fantasías son equiparables a los símbolos y a las construcciones léxicas en su relación con la interpretación y con el hecho de no ser necesarias las asociaciones del soñante para inferir el contenido latente del sueño.

De todos modos, cabe agregar que muchas veces las fantasías (como fue dicho) sólo acceden parcialmente al contenido manifiesto, o lo hacen después de haber sufrido diversas deformaciones, por lo que -en esos casos- se vuelve imprescindible el recurso a la asociación libre, tal como ilustra el sueño de Ernesto.

(*) Este tema será desarrollado más adelante.

[El próximo post estará on-line el 15 de octubre]

Autor: Gustavo Lanza Castelli

www.mentalizacion.com.ar

gustavo.lanza.castelli@gmail.com

Referencias:

Freud, S (1887-1904) Cartas a Wilhelm Fliess. Ed Amorrortu, 1994.

Freud, S (1900) La interpretación de los sueños. Ed Amorrortu, T IV, V

Freud, S (1901) Sobre el sueño. Ed Amorrortu, T V

Freud, S (1905) Tres ensayos de teoría sexual. Ed Amorrortu, T VII

Freud, S (1907) El creador literario y el fantaseo. Ed. Amorrortu, T IX

Freud, S (1908) Fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad. Ed Amorrortu, T IX

Freud, S (1911) Formulaciones sobre los dos principios del funcionamiento mental.

Ed Amorrortu, T XII

Freud, S (1914 [1918]) De la historia de una neurosis infantil. Ed Amorrortu, T XVII

Freud, S (1915) Lo inconciente. Ed Amorrortu, T XIV

Freud, S (1915-1916) Conferencias de introducción al psicoanálisis. Ed Am T XV

Freud, S (1919) Pegan a un niño. Aportación al conocimiento de la génesis de las perversiones sexuales. Ed Amorrortu, T XVII

Freud, S (1925) La negación. Ed Amorrortu, T XIX

Lanza Castelli, G (2012) Los sueños y teoría de la mentalización. Algunas reflexiones acerca de la obra de Peter Fonagy. Será publicado en Aperturas Psicoanalíticas, en diciembre 2012.

Laplanche, J, Pontalis, JB (1964) Fantasía originaria, fantasía de los orígenes, orígenes

de la fantasía. En Green, A, Laplanche, J, Leclaire, S, Pontalis, JB El inconsciente

     freudiano y el psicoanálisis francés contemporáneo. Ed. Nueva Visión, 1969.

Maldavsky, D (1977) Teoría de las representaciones en la obra de Freud, en Teoría de las

      representaciones. Sistemas y matrices, transformaciones y estilo. Ed Nueva Visión.

 

 

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