Los sueños en la obra de Freud III

El miramiento por la figurabilidad y la representación plástica de las palabras:

En los dos posts anteriores hablamos en primer término de la arquitectura del sueño y de la interrelación de sus diferentes estratos.

Posteriormente comenzamos a analizar el primero de dichos estratos, esto es, el contenido manifiesto del sueño, y diferenciamos dos modos distintos en la construcción del mismo.

En el primero de ellos advertimos cómo los elementos que llegan a formar parte de dicho contenido, son parte de una serie de pensamientos intermediarios que han establecido nexos asociativos con los pensamientos latentes, a los que representan en el contenido del sueño. Estos pensamientos intermediarios consisten en una serie de relatos de experiencias y situaciones individuales vividas por el soñante.

En el segundo modo los elementos intermediarios no son ya relatos de situaciones individuales, sino representaciones simbólicas colectivas, cuyas particularidades analizamos. Posteriormente hicimos un listado de algunos de los símbolos más habituales y comentamos la técnica mixta que se desprende de este modo de enfocar las cosas.

En el presente post, veremos otro de los modos en que es construido el contenido manifiesto del sueño. En este caso, se trata también de elementos colectivos y no individuales, en los que predomina la referencia lingüística, ya que consisten en giros lingüísticos o expresiones habituales, socialmente acuñadas, que hacen las veces de intermediarios entre los pensamientos latentes y el contenido manifiesto del sueño.

Este modo de producción del contenido manifiesto del sueño tiene que ver con un mecanismo que Freud denomina desplazamiento o “permutación de la expresión lingüística”, al que caracteriza de la siguiente forma:

“El desplazamiento se consuma, por regla general, siguiendo esta dirección: una expresión incolora y abstracta del pensamiento onírico es trocada por otra, figural y concreta. La ventaja -y con ello el propósito- de esa sustitución es patente. Para el sueño lo figural es susceptible de figuración, puede insertarse en una situación; en cambio, la expresión abstracta ofrecería a la figuración onírica dificultades parecidas a las que opondría, por ejemplo, el artículo político de fondo de un periódico a su ilustración” (1900, pp. 345-346).

Freud prosigue diciendo que esta perturbación también es beneficiosa para la censura y para el trabajo de condensación, ya que los términos concretos son más ricos en conexiones que los abstractos (*)

En algunos casos se utiliza una construcción léxica que por su multivocidad puede servir de expresión a varios pensamientos oníricos, tal como sucede en el chiste (cuyo parentesco con los sueños fue detalladamente establecido por Freud, 1905).

La sustitución de una expresión abstracta por otra figural y concreta torna difícil la comprensión de la misma en el contenido del sueño y es una de las fuentes del carácter absurdo que poseen muchos sueños.

Así, una paciente que había soñado -para su sorpresa- que masticaba un tacho de basura y lo tragaba consideró a este fragmento onírico como totalmente absurdo. Pero contextualizando dicho sueño en la situación vital de la misma, se vio que era la representación plástica de una frase que diría algo así como: “Las cosas que me tengo que tragar. Todo lo que ha dicho y hecho mi marido es una basura”, aludiendo con ello a una situación en la que creyó que su marido la engañaba y que éste explicó mediante una serie de argumentos que para ella eran “sólo basura”.

Tanto la expresión “tragarse algo” (como en la frase “me quería hacer tragar que…” como sinónimo de “me quiso hacer creer”) como la expresión “basura” admiten estos dobles sentidos y de ahí tanto su utilidad para la construcción del sueño, como la dificultad que ofrecen para la comprensión del mismo.

La referencia lingüística que estamos considerando tiene en común con el simbolismo que no es pasible de ser entendida a partir de las asociaciones libres y que consiste en una serie de elementos colectivos. La diferencia reside en que el símbolo trasciende las diferencias idiomáticas, geográficas e históricas, y constituye un “lenguaje fundamental”, mientras que las construcciones léxicas son propias de cada idioma y cambian con las épocas y los territorios.

Deseo citar algunos ejemplos y llevar a cabo después de ellos algunas consideraciones sobre la técnica de interpretación de los sueños que el conocimiento de este proceso nos permite postular.

Comienzo por un ejemplo de Freud, que aunque es un poco extenso posee una notable riqueza:

La soñante es una amiga de Freud:

Ella se encuentra en el teatro. Representan una obra de Wagner. La función ha durado hasta la 7 y cuarto de la mañana. En la platea y los palcos bajos hay mesas donde se come y se bebe. Su primo, que acaba de volver a casa tras su viaje de bodas, está sentado a una de estas con su joven esposa; junto a ellos, un aristócrata. De éste se dice que la joven se lo trajo de su viaje de bodas desembozadamente (NOTA: sería algo así como de una manera totalmente explícita, sin ningún disimulo, abiertamente) como habría podido hacerlo con un sombrero.

En mitad de la platea se alza una alta torre; encima, una plataforma rodeada por un enrejado de hierro. Ahí, arriba de todo, está el director de la orquesta, con los rasgos de Hans Richter; de continuo corre de un lado al otro tras su enrejado, transpira terriblemente y desde ese puesto dirige la orquesta desplegada en la base de la torre.

La soñante está sentada (sitzen) en un palco con una amiga (también de mi conocimiento). Su hermana menor quiere alcanzarle desde la platea un gran pedazo de carbón, aduciendo que ella no sabía que eso se prolongaría tanto y seguramente estaría ahora muriéndose de frío. (Como si los palcos, durante esa prolongada representación, debieran ser caldeados)”. (1900, p. 348).

Como podemos ver, este notable sueño tiene varios aspectos absurdos, como que haya una torre en mitad de la platea y el director dirija desde arriba de la misma. También el hecho del trozo de carbón que la hermana de la soñante le alcanza, la duración de la función, etc.

Freud dice que no le pidió asociaciones a la soñante, sino que con el conocimiento que tenía de las circunstancias de su vida, pudo analizarlo por sí mismo, sin necesidad de asociaciones libres.

Refiere que sabía que la soñante sentía una marcada simpatía por un músico que había malogrado su carrera debido a una enfermedad mental. Por esta razón consideró que la torre representaba a dicho músico. Su tamaño y elevación aludían a la “altura” del mismo en comparación con el resto de los músicos. La parte superior, con su enrejado, donde éste corre de un lado al otro, representa su locura. La palabra “Narrenturm” condensaría ambos pensamientos [NOTA: la palabra alemana “Narren” significa tonto o “loco”. A su vez “Turm” equivale a “torre”. “Narrenturm”, por tanto, significaría literalmente “torre de locos”. Freud aclara que es una expresión antigua para designar un manicomio].

De esta manera, quedaba despejado el tema central del sueño: el hombre amado por la amiga de Freud, su grandeza y su tragedia.

A partir de haber determinado este núcleo temático, fue factible ir despejando los otros elementos del sueño.

De este modo, Freud considera que el carbón que la hermana alcanzaba a la soñante habría de significar “amor secreto”. Llega a esta conclusión a partir del conocimiento de una canción popular (que la soñante también habría de conocer) que en un tramo dice “Ningún fuego ni carbón/ pueden dar calor tan fuerte/ como da el amor secreto/ del que nadie sabe nada”

Éste es otro ejemplo de una referencia lingüística compartida por ambos, cuya participación en la construcción del contenido manifiesto del sueño, hace posible la comprensión del mismo sin las asociaciones de la soñante.

La interpretación del elemento “carbón” como “amor secreto” queda apoyada por otro fragmento del sueño, aquél en que se habla del aristócrata que la mujer del primo se habría traído de su viaje de bodas “desembozadamente” (que también podría traducirse como “con toda libertad”, de manera totalmente abierta o explícita). Esta convergencia de indicios es importante en la interpretación de los sueños, ya que refuerzan la hipótesis interpretativa. Puede darse tanto por redundancia de elementos que tienen igual sentido, o por convergencia en la oposición, tema que será retomado en otro post.

En lo que hace a la expresión “estar sentada” en el palco con una amiga (En el original: “Sie selbst sitz mit einer (mir bekannten) Freundin in einer Loge”), Freud la refiere a la expresión alemana sitzen geblieben (literalmente “permanecer sentadas”) que suele utilizarse con el significado de “quedarse solteras”.

También se dice en esta región del sueño que ese permanecer sentadas (solteras) “no sabía que se prologaría tanto”…hasta encontrar marido, se podría completar.

Este sueño muestra con mucha claridad la presencia de construcciones léxicas de varios sentidos que son tomadas por el sueño en aquél pasible de representación visual, plástica.

Así la expresión “permanecer soltera” no es fácilmente representable en forma visual, pero sí la de “permanecer sentada” y es ésta la que aparece en el contenido manifiesto.

Otra es la de la alta torre en medio del escenario. En alemán la expresión “Turm” significa “torre” o “altura, elevación” y hay varias expresiones en donde se dice, por ejemplo: “tal persona es alta como una torre”. En castellano al tenista del Potro se le dice “la torre de Tandil” en referencia a su altura, pero en lo que hace a la grandeza de alguien, más bien utilizamos la expresión “encumbrado” (o sea que se encuentra en la cumbre, en la cima. Un hombre en la punta de una montaña podría ser entonces una representación plástica de esta idea).

A su vez, en este elemento del sueño vemos una formación mixta, ya que la misma torre representa tanto la grandeza del músico como su locura (en la parte superior).

También en el “carbón” vemos la presencia de este proceso de sustitución, de desplazamiento de la expresión lingüística hacia una pasible de figuración visual (ya que no sería fácil representar visualmente un amor que uno mantiene secreto).

Otro ejemplo interesante que cita Freud es el de “Un sueño de Bismarck”. En la primera parte del mismo tiene lugar esta situación: “Iba caballero por una angosta senda de los Alpes, a la derecha el abismo, la roca a la izquierda; la senda se estrechó más, tanto que el caballo se empacó, y la falta de espacio hacía imposible volver riendas o desmontar”

La interpretación de Freud es la siguiente: “…en la primera parte el soñante se ve en un aprieto (…) La difícil situación en que se encuentran en el sueño caballo y jinete es una figuración, fácilmente reconocible de la situación crítica del estadista, que él, al atardecer de la víspera, bien pudo sentir con particular amargura reflexionando sobre los problemas de su política” (1900, p. 382).

El aprieto en que se encuentra Bismarck en ese momento, la dificultad para encontrar una salida, son representados plástica y visualmente mediante un angostamiento progresivo en el camino, que ya no parece permitir salida alguna.

Podemos ver ahora algunos ejemplos en castellano.

Este ejemplo es de la paciente que comentamos en el primer post, de la cual referimos un sueño consistente en que estaba en una quinta hablando con una amiga. Recordemos que es una mujer que tiene 38 años, es soltera, tiene una hermana mayor de 42 años casada y con hijos.

En otra sesión comenta el siguiente sueño:

 “Había estado charlando con mi hermana y mi cuñado y me iba. Me daba cuenta que había atardecido y que tenía que pescar el último tren”.

El último tren es como el último partido, la última oportunidad, que si no puede “pescar” no hay más oportunidades, se le va la vida. Es un pensamiento similar al del otro sueño, en que decía “cómo pasa el tiempo”.

La expresión “había atardecido”, parece tener que ver con su edad, la paciente siente que ya no está en “el mediodía de la vida”, que se le viene la noche, podríamos decir.

El pensamiento “Ya soy grande, tengo que aprovechar las últimas oportunidades que tengo si quiero casarme como mi hermana” llega al contenido manifiesto del sueño a través de dos caminos: por un lado, mediante la representación de una escena en que la soñante ha estado con su hermana y el marido de la misma. Por otro, mediante la representación visual del atardecer y el pensamiento referido al último tren. Este tren, si bien no aparece visualmente en el sueño, consiste en un elemento concreto, visualizable, a diferencia de la palabra “oportunidad” que conjeturamos en los pensamientos latentes.

El siguiente sueño no es de una paciente, sino de una persona conocida que no está en análisis.

Es una mujer de  35 años, que estuvo un año casada y se separó. Vive con la hija de 8 años. Nació en un pueblo de la provincia de Bs. As. Cuando tenía 10 años murió su padre. Poco después sus hermanos, todos varones mayores, empezaron a venir a Buenos Aires para estudiar, mientras  ella se quedaba con la madre. Cuando se casó, se fue a vivir al campo, pero al separarse vino a vivir a Buenos Aires, cerca de la madre, que en el interín se había mudado a Bs. As. En los últimos tiempos la madre ha comenzado a tener una serie de problemas de salud de los que ella tiene que ocuparse.

“Voy a caballo subiendo la cuesta de una montaña, siento el esfuerzo que hace el caballo al subir. Al llegar arriba lo encuentro a Jesús cargando la cruz.

No me acuerdo muy bien si la cruz la llevaba él o la llevaba yo.

Después lo veo que se va cargando mi cruz, se va caminando y yo lo saludo así (hace un gesto) como El Llanero Solitario”. 

Asociaciones:

La paciente es católica practicante, proviene de una familia muy religiosa. Dice que tal vez su cruz sean sus depresiones y su soledad, ahora que ha roto una relación de pareja.

“A caballo”: Ella ha ido a veranear mucho a Córdoba y siempre alquilaban caballos y andaban por las sierras.

Podríamos conjeturar que el sueño se refiere a que para esta paciente la vida se le ha hecho cuesta arriba, difícil de sobrellevar, esforzada (“siento el esfuerzo que hace el caballo al subir”). Esta dificultad de su vida, este esfuerzo que realiza aparece también en la expresión “cargar la cruz”.

Otro aspecto del sueño es su identificación con Cristo, puesto que dice que no sabía quien llevaba la cruz, que creía que Cristo o que ella.

A su vez, también se identifica con el llanero solitario (ya que saluda como él).

Ambos (Cristo y el llanero solitario) son personajes salvadores, cuya vida está en función del bien de los demás, de salvar de situaciones difíciles a los otros, etc.

Otro aspecto que los homologa es su ser “solitarios”, ya que ninguno de los dos tuvo pareja (como la soñante tras la ruptura de la suya).

Podríamos suponer entonces que si para la soñante la vida es tan difícil, tan cuesta arriba, esto se debe tanto a su soledad como a su actitud de vivir en función de los demás, particularmente de la madre a la que tiene que cuidar y atender.

La expresión “siento el esfuerzo que hace el caballo al subir” parece aludir a una identificación con el caballo, tal vez porque se sienta como un “animal de carga”.

El hecho de ir montando a caballo también representa su identificación con el llanero solitario.

En el sueño aparece también el deseo de la paciente de liberarse de su cruz, de que sea “otro Cristo” (no ella) quien la cargue. Pero en el momento mismo en que logra este objetivo, aparece su identificación con el llanero solitario, por lo cual fracasa el intento de liberarse de la cruz.

Si queremos ahora puntualizar los mecanismos que han intervenido en la construcción de este sueño, vemos la presencia de la construcción léxica figurable visualmente (subir la cuesta de una montaña); la “cruz” que “carga” es un símbolo que puede referirse sólo a su soledad  y al tener que hacerse cargo de su madre, o también a sus “pecados” (y/o a los “pecados ajenos”).

Cristo y el llanero solitario tienen un significado basado en un contexto personal socialmente compartido. O sea, cuando un paciente dice, por ejemplo, “soñé con Roberto”, refiriéndose a un amigo de él con quien ha tenido un altercado reciente, esta información (que sólo el soñante puede suministrar) puede ser esencial para comprender el sueño, pero debe diferenciarse de las “asociaciones libres” que el soñante podría desplegar en relación con su amigo (cf. más adelante el post sobre el método de las asociaciones libres).

El contexto personal de los distintos personajes, lugares, etc. presentes en el sueño, puede ser idiosincrático e individual, en cuyo caso se vuelve imprescindible la colaboración del soñante para acceder a dicho contexto, o puede ser socialmente compartido, en cuyo caso puede colegirse sin dicha colaboración.

Tanto Cristo como el llanero solitario cumplen esta segunda condición.

Otros dos mecanismos en juego son: 1) El desdoblamiento del yo, que aparece como la soñante misma y como Cristo (cf. una cita de Freud al respecto en el post anterior); 2) La condensación entre la soñante y el llanero solitario, que debe interpretarse como una identificación entre ambos.

Como podemos ver, entonces en este caso, utilizando nuestros conocimientos acerca de: a) la construcción léxica, b) el simbolismo onírico, c) el significado personal (en este caso, compartido) de los personajes que aparecen en el sueño, d) el desdoblamiento del yo en el sueño y e) la condensación, podemos inferir de modo conjetural el significado del mismo, sin apelar a las asociaciones libres por parte del soñante.

Por lo tanto, cuanto mayor sea nuestro conocimiento acerca de estos (y otros) mecanismos presentes en la construcción de los sueños, mejor podremos complementar lo que lleguemos a inferir por vía de las asociaciones libres del soñante (e inclusive podremos llegar a ciertas conclusiones -como en este caso- cuando, por la razón que fuera, no nos es posible contar con estas últimas).

Simbolismo, representación lingüística y técnica: 

Podemos ahora intentar conceptualizar las diferencias de lo consignado en estos tres primeros posts en relación al modo de construcción del contenido manifiesto, que es el que determina la técnica que debe usarse. Por esta razón es tan importante tener en cuenta la arquitectura del sueño y las relaciones que se establecen entre los distintos estratos.

En la medida en que hay trabajo del sueño (*) los pensamientos latentes no llegan directamente al contenido manifiesto, sino que se mediatizan a través de otras representaciones.

En el primer caso, del post I, esas representaciones consistían en recuerdos de situaciones vividas por la soñante en forma personal. Por ese motivo, los pensamientos latentes entraban en conexión asociativa con estos recuerdos, y se hacían representar por un fragmento de los mismos para llegar al contenido manifiesto del sueño.

A  los efectos de recorrer el camino en sentido inverso (en el trabajo de interpretación del sueño) y llegar a los pensamientos latentes, se hace indispensable, entonces, acceder a este conjunto de recuerdos que aparecen bajo la forma de asociación libre.

Pero cuando las representaciones mediadoras entre lo latente y lo manifiesto no consisten en recuerdos individuales de escenas acontecidas, sino en expresiones colectivas compartidas (como las construcciones léxicas mencionadas), en las cuales hay un juego lingüístico, un doble sentido socialmente establecido, será con ellas con quienes los pensamientos latentes establecerán conexiones asociativas.

De este modo, estas expresiones colectivas, o parte de ellas, serán las que representarán a dichos pensamientos latentes en el contenido manifiesto del sueño, tal como acontece en los sueños mencionados en este post.

Por esta razón, cuando es éste el caso, no resulta de utilidad pretender que el paciente produzca asociaciones (o sea, recupere recuerdos individuales) a los efectos de que podamos encontrar en ellos las alusiones al contenido latente que nos permitirían llegar hasta el mismo (tal como sucedía en el ejemplo del post I), porque no es así como ha sido construido ese sueño (o ese fragmento del sueño). De ahí que en ese caso se imponga la técnica de buscar esas representaciones intermediarias en el acervo cultural compartido entre analista y paciente.

En este sentido habremos de tomar nota de la siguiente frase de Freud:

“En vista del papel que chistes verbales, citas, canciones y proverbios, desempeñan en la vida intelectual de las personas cultas, es atinado esperar que disfraces de esta índole se empleen con mucha frecuencia para representar los pensamientos oníricos” (1900, p. 351) [cursivas agregadas].

Se refiere Freud a una serie de contenidos culturales compartidos que conoce el paciente y que ha de conocer también el analista, en tanto pertenece al mismo círculo cultural que aquél (como la canción popular del primer sueño). Estos contenidos culturales (canciones, proverbios, etc.) serán los elementos mediadores entre los pensamientos latentes y el contenido manifiesto, a partir de los cuales se construirá este último.

En el caso del simbolismo, el concepto es similar al expresado hasta acá, en tanto en ese caso tampoco encontramos como mediadores a un conjunto de recuerdos individuales, personales del soñante, sino que hallamos un pensar inconsciente, también colectivo que brinda representaciones (símbolos) que mediatizan los pensamientos latentes para llegar hasta el contenido manifiesto.

 

En el caso de la referencia lingüística y del simbolismo, la importancia de las asociaciones en la arquitectura del fragmento del sueño que ha sido construido sin su colaboración, se ve sustituida por la importancia de dicha referencia lingüística y simbolismo. Esto es, en el segundo estrato de la arquitectura mencionada en el post I no encontramos “asociaciones individuales”, sino “representaciones colectivas” (a las que no se puede acceder mediante la asociación libre).

 

Éste es el fundamento de la diferencia entre ambas modalidades técnicas: la de pedir asociaciones libres y la de inferir directamente los pensamientos latentes (tal como ha ocurrido con los sueños mencionados en este post). O sea, el modo de construcción del contenido manifiesto del sueño es el que determina la técnica que debe usarse para acceder al contenido latente. Por eso es tan importante tener en cuenta la arquitectura del sueño y las relaciones que se establecen entre los distintos estratos.

Sin duda que suele ocurrir que en un mismo sueño encontremos que distintos fragmentos del mismo han sido construidos de diferente manera, de modo tal que para llegar a los pensamientos oníricos representados por cada uno de ellos, será necesario apelar a distintas técnicas.

Para aquellos elementos que hayan sido construidos al modo del sueño consignado en el post I, el recurso a la asociación libre ha de ser indispensable para llegar hasta los pensamientos latentes.

Por el contrario, para aquellas partes del sueño que hayan sido construidas por medio del simbolismo o de las construcciones léxicas socialmente acuñadas (y compartidas), tales asociaciones no serán de utilidad (ya que serán asociaciones a posteriori) y será necesario  que el analista utilice su conocimiento del simbolismo y de las construcciones léxicas mencionadas para lograr el objetivo de acceder a los pensamientos latentes (Un ejemplo de la utilización de este “técnica mixta” puede verse en la manera en que Freud analiza los sueños de Dora).

Sin duda que puede plantearse aquí la objeción de cómo es posible saber de antemano cuáles de los elementos del sueño han sido construidos, ya de un modo, ya del otro, antes de analizar el mismo.

Entiendo que  pueden darse dos respuestas distintas a esta objeción: una es la que en más de una ocasión señala Freud. Sólo echaremos mano de la interpretación simbólica o “lingüística” en aquellos elementos “mudos” del sueño, a los que el soñante nada asocia.

Otra forma de encarar este asunto consiste en postular que mediante la interpretación simbólica y lingüística (y la que toma en cuenta la fantasía presente en el contenido manifiesto, tema que será desarrollado más adelante, en otro post) es posible llegar a una primera conjetura acerca del sueño, la que será validada y complementada por las asociaciones del paciente. Más adelante volveremos sobre este asunto, tan importante.

[El próximo post será subido al blog el 15 de septiembre]

(*) En posts ulteriores será explicado en qué consiste la censura, la condensación, el  trabajo del sueño.

Autor: Gustavo Lanza Castelli

www.mentalizacion.com.ar

gustavo.lanza.castelli@gmail.com

 

Referencias:

Freud, S (1900) La interpretación de los sueños.  Ed Amorrortu, T V, 1979.

Freud, S  (1905) El chiste y su relación con lo inconsciente. Ed Amorrortu, T VIII

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