Los sueños en la obra de Freud I

La arquitectura del sueño

Este post es el primero de una serie cuyo tema es “Los sueños en la obra de Freud”. El objetivo de la misma es desarrollar los conceptos freudianos fundamentales acerca de los sueños, poniendo siempre el eje en el aspecto clínico.

Por esa razón, en todos los posts se intentará reflexionar acerca de las implicancias clínicas de cada uno de los conceptos que sean considerados y de las variantes técnicas que tienen lugar, según se ponga el acento en tal o cual modo de ver las cosas.

Para ilustrar este aspecto, así como para facilitar una aprehensión más palpable de los distintos conceptos, en todos ellos se incluirán también uno o más ejemplos de sueños. En algunos casos serán tomados de la obra de Freud y en otros de mi propia práctica, o de colegas que supervisan su trabajo conmigo y que han tenido la deferencia de proporcionarme ese material.

Las referencias a autores posteriores a Freud, o inclusive a contemporáneos suyos, serán muy escasas en esta serie, ya que considero que es más útil profundizar primero en los conceptos de Freud tal como él mismo los publicó. Una vez concluido este tema, los posts subsiguiente sí se ocuparán de los muchos aportes a la teoría y clínica de los sueños que han tenido lugar posteriormente.

Considero también que sólo poseyendo un conocimiento en profundidad de la manera en que este tema fue abordado y conceptualizado por Freud, es posible aquilatar cuánto de aportes genuinos podemos encontrar en los desarrollos de los analistas que trabajaron este asunto después de él.

Introducción:

En La interpretación de los sueños, Freud considera al sueño como “un acto psíquico de pleno derecho”, con lo cual establece de entrada su importancia y se ubica en contra de la opinión prevaleciente en su época en los medios científicos, según el cual el sueño era no un proceso anímico, sino un proceso somático que se anunciaba mediante ciertos signos en el aparato psíquico.

A su vez, en el segundo capítulo de esta obra, Freud se propone mostrar que los sueños son interpretables de un modo no arbitrario, en la medida en que se sigue una determinada metodología. Interpretar un sueño quiere decir “…indicar su “sentido”, sustituirlo por algo que se inserte como eslabón de pleno derecho, con igual título que los demás, en el encadenamiento de nuestras acciones anímicas” (1900, p. 118).

Hay dos ideas centrales en este enfoque: una de ellas tiene que ver con que es posible acceder al verdadero significado del sueño si se toman en cuenta las ocurrencias que surgen a raíz de cada elemento del mismo.

La segunda idea consiste en que en este caso lo importante son las ocurrencias del soñante, y no las del intérprete, como ocurría en muchas de las prácticas antiguas de interpretación de los sueños.

Freud considera al sueño como un sustituto de otra cosa, a la cual puede llegarse utilizando determinada metodología.

Para comprender cabalmente qué es un sueño, es importante establecer con claridad su arquitectura, los procesos presentes en su construcción, su función, las condiciones metapsicológicas que lo tornan posible.

A su vez, para su utilización clínica es importante conocer los distintos métodos para su investigación e interpretación. En una serie de posts iré tomando y desarrollando uno por uno estos distintos temas.

La arquitectura del sueño:

Llamo “arquitectura del sueño” a la enumeración y caracterización de los distintos estratos que podemos encontrar en los sueños, según la propuesta de Freud.

Estos estratos son los siguientes:

1) El sueño soñado (o sueño manifiesto, o contenido del sueño)

2) Los “segundos pensamientos” (Hintergedanken. Literalmente: pensamientos que están detrás) del sueño soñado, o las asociaciones libres que se producen a partir del mismo.

3) Los pensamientos oníricos o pensamientos latentes (o pensamientos del sueño)

4) El deseo infantil.

A la vez, cabe hacer referencia a dos procesos: uno de ellos va desde el deseo infantil y los pensamientos latentes, por así decir, hasta el sueño soñado. Es lo que llamamos el “trabajo del sueño”. El otro va desde el sueño soñado (y relatado) hasta los pensamientos oníricos y el deseo infantil, es el trabajo de interpretación del sueño.

Además de esto, debemos considerar las condiciones metapsicológicas que hacen posible el trabajo del sueño, o que inciden en él.

Deseo ahora ilustrar, con un ejemplo sencillo, los estratos mencionados, mostrando algunas de las interrelaciones que podemos encontrar entre los mismos:

Paciente Marta de 38 años, soltera, tiene una hermana de 42 años casada, con dos hijos.

El día anterior al sueño, Marta había ido al cumpleaños de su sobrina mayor que cumplía 10 años. Hubo una reunión de gente por ese motivo.

[Nota: en el sueño hace alusión al barrio de Belgrano, donde hay una iglesia con forma redonda, enfrente de la cual se encuentra una plaza]

Estaba charlando con mi amiga Claudia en su quinta, era toda una manzana que quedaba en Belgrano en donde estaba la plaza que queda en frente de la iglesia redonda.

Asociaciones:

1) Quinta: Va siempre a la quinta de Claudia de la que es muy amiga, pero la quinta es más chica, la del sueño tenía toda una manzana de extensión.

Claudia se casó y se fue a vivir a la quinta hace ya muchos años, ahora está embarazada nuevamente de su segundo hijo; le dijo a Marta que quería que fuera la madrina de su nuevo hijo.

Otra asociación. Cuando ella era adolescente, los padres tenían una quinta a la que siempre iban, se reunía toda la familia, iban sus primos y sus tíos; eran épocas muy lindas. El padre había decidido la compra de esa quinta en poco tiempo y disfrutaba mucho yendo allá, plantó muchos árboles y le gustaba ver como crecían. Marta recuerda un árbol en particular que plantó junto con él y que luego creció muy alto. Esa quinta era grande, tenía una manzana de extensión.

Otra asociación. Ahora recuerda que en la reunión de ayer había unos amigos de la hermana que estuvieron contando de su quinta, a la que hacía algún tiempo que no iban, a raíz de lo cual la mujer comentó que en todo ese tiempo no había hecho gimnasia, razón por la cual había engordado 5 kg. Agregó que ahora le costaba más que antes adelgazar, más que cuando era más joven. Tras ello, dijo: “el tiempo no pasa en vano”.

2) Plaza: Hace poco fue a pasear por esa plaza para ver una feria de artesanías, con un hombre que le presentó una amiga de Claudia. Le cayó muy bien y está a la expectativa de que la llame.

3) Iglesia: En esa iglesia se casó su hermana mayor, hace 12 años ya.

Hasta acá tenemos los dos primeros estratos: el sueño soñado y las asociaciones que la paciente produjo a cada uno de los elementos presentes en él.

Pero estas asociaciones, o “segundos pensamientos” no son todavía el pensamiento latente del sueño. Tampoco aparece todavía el deseo infantil.

Para llegar a ellos debemos examinar las alusiones y referencias contenidas en las asociaciones y articularlas con la situación vital de la soñante.

Marta tiene 38 años, está soltera mientras que su hermana se ha casado hace ya 12 años. En una de las asociaciones refiere que le han presentado un hombre que le ha caído bien y con el cual le gustaría tener una relación.

La referencia a la iglesia y al casamiento de la hermana, podrían aludir a su propio deseo de casarse -como su hermana- y tal vez aluda también a una situación de competencia con la misma, ya que ésta ha logrado hace tiempo lo que Marta todavía no.

En otra asociación se refiere a su amiga Claudia, que está por tener su segundo hijo, del cual quiere que Marta sea la madrina. También habla de una mujer que ha engordado y que dice que el tiempo no pasa en vano.

Podríamos conjeturar que estas asociaciones son alusiones a su propio deseo de engordar (embarazarse) y tener hijos (en el sueño es puesta en el lugar de madre/madrina) y a la preocupación por su edad, como si pensara que no le queda mucho tiempo ya para satisfacer este anhelo (“el tiempo no pasa en vano”).

Si tomamos en consideración las asociaciones expresadas hasta acá, podríamos -a partir de ellas- conjeturar que los pensamientos latentes del sueño serían los siguientes: “Soy soltera, y acabo de conocer a un hombre con el que me gustaría entablar una relación, casarme y tener hijos como mi hermana. Tengo 38 años y no tengo ya tanto tiempo para poder lograrlo”.

Hasta ahora no hemos tomado en consideración su segunda asociación, aquella en la que hace referencia a la quinta que tenían sus padres en su adolescencia -quinta que tenía una manzana de extensión-, a los árboles que el padre había plantado allí y al que había plantado con él, Podemos conjeturar que esa asociación es una alusión a sus deseos infantiles de tener un hijo con el padre, o de recibirlo de éste. La expresión “plantar un árbol, escribir un libro, tener un hijo” sería uno de los puentes que llevan desde el plantar árboles al tener hijos.

Sin duda que harían falta más elementos para corroborar esta conjetura.

De todos modos, el objetivo de incluir en este punto este sueño no es el de llevar a cabo una interpretación acabada y sin fisuras del mismo, sino solamente el de ilustrar los estratos del sueño, así como algunas de sus relaciones.

Ya hemos visto cómo hay que diferenciar el sueño manifiesto de las asociaciones y, a su vez, a éstas de los pensamientos latentes del sueño. Un cuarto elemento es el deseo infantil conjeturado a partir de su referencia al padre.

Si ahora tratamos de ver la relación de estos dos estratos con el sueño manifiesto, vemos que una de las alusiones a su deseo de tener hijos (el ser nombrada madrina por su amiga Claudia) no aparece directamente en el mismo, sino representada por la primera frase: Estaba charlando con mi amiga Claudia en su quinta

La palabra “quinta” parece ser un elemento importante del contenido manifiesto, ya que en él confluyen también dos asociaciones más: la referida a la quinta que tenían en su adolescencia y la que menciona en la referencia que hace de la conversación con la mujer que ha engordado y que dice que el tiempo no pasa en vano.

Podríamos decir que esos recuerdos han logrado acceso al sueño manifiesto a través de uno solo de sus componentes: el elemento “quinta”.

El resto del sueño dice: era toda una manzana que quedaba en Belgrano en donde estaba la plaza que queda en frente de la iglesia redonda.

La expresión “era toda una manzana” hace referencia a la quinta que tenía su familia en su adolescencia. Dicho de otro modo: este recuerdo, así como el del padre y ella plantando árboles, logra llegar al sueño manifiesto a través de este detalle del mismo: el tamaño de la plaza.

A su vez, la escena del casamiento de la hermana, accede al sueño a través del elemento “iglesia redonda”, que no aparece visualmente en el mismo, sino de forma indirecta: por la ubicación de la plaza que se encuentra frente a ella.

Vemos, por otra parte, que se ha producido una condensación entre la quinta de Claudia, la de su adolescencia y la plaza enfrenta a la iglesia donde se casó su hermana.

Ésta es, entonces, la relación que encontramos entre las distintas asociaciones y el sueño manifiesto. Cabe agregar que estas series asociativas estaban preformadas en la mente de la paciente como conjuntos de pensamientos (que aparecen como “asociaciones” en la medida en que ella va produciendo “ocurrencias”). Es por esta razón que los pensamientos latentes pueden conectarse con ellos, de modo tal de hacerse representar por su intermedio en el sueño soñado y relatado.

Si nos preguntamos ahora por la relación entre los pensamientos latentes y el sueño manifiesto, vemos que nada de ellos aparece en el mismo y que es sólo a través de la mediación del conjunto de pensamientos que aparecen como asociaciones, que tal nexo puede establecerse.

Vale decir, los pensamientos latentes acceden al sueño manifiesto, no en forma directa sino indirecta, mediatizados por un conjunto de relatos, que consisten en alusiones a dichos pensamientos. Estos relatos sí se traducen como contenido manifiesto, según una lógica particular (que ha sido en parte mencionada).

Mirando las cosas ahora desde el punto de vista del sueño manifiesto, observamos que de cada elemento del sueño surgen distintas asociaciones, consistentes en pequeños relatos de escenas y situaciones interpersonales cargadas de afecto. Cada uno de estos relatos se hace presente en el sueño manifiesto mediante sólo uno de sus componentes (desde el cual puede reconstruírselo). Una vez obtenidos los relatos encontramos en ellos elementos que se reiteran y alusiones a los pensamientos latentes, que conjeturamos a partir de dichas alusiones. En uno de ellos encontramos también una posible referencia al deseo infantil presente en el sueño.

En lo que sigue, iré caracterizando con mayor detalle cada uno de estos cuatro estratos, comenzando por el contenido manifiesto del sueño.

El contenido manifiesto del sueño:

Veremos ahora las distintas formas en que Freud considera el contenido manifiesto y cómo varía la posibilidad de acceder desde él al contenido latente, en cada una de estas maneras de entenderlo.

El primer modo del contenido manifiesto es:

a) Como mera fachada o como conglomerado:

En los primeros pasajes del capítulo II de La interpretación de los sueños, el contenido manifiesto queda desvalorizado en cuanto al sentido que en él aparece de modo explícito, y es tomado simplemente como una fachada a partir de la cual hay que ir favoreciendo la producción de asociaciones. Y es en base a estas asociaciones (y no del sueño manifiesto) que podremos acceder a los pensamientos latentes del sueño y al deseo infantil.

Allí dice: “…como si el sueño fuera un conglomerado, cada uno de cuyos bloques constitutivos reclamase una apreciación particular” (1900, pp. 120-121). Y más adelante, hablando de la aplicación del procedimiento para producir asociaciones libres, dice “Debo presentarle [al paciente] el sueño en fragmentos, y entonces él me ofrecerá para cada trozo una serie de ocurrencias que pueden definirse como los “segundos pensamientos” de esa parte del sueño (…) es una interpretación en détail y no en masse (…) aprehende de antemano al sueño como algo compuesto, como un conglomerado de formaciones psíquicas” (1900, p. 125).

Esta manera de considerar el sueño es importante, porque guía nuestra comprensión del mismo así como la forma de trabajar con él. En cuanto a esta última, si el sueño es una mera fachada, un conglomerado cuyo sentido explícito es sólo aparente, es coherente que quien busca interpretarlo se desentienda de lo que dice el sueño soñado y se dirija a las series de asociaciones, esperando encontrar en ellas alusiones a partir de las cuales es posible encontrar el sentido del sueño (los pensamientos latentes y el deseo infantil).

El sentido latente se infiere, entonces, a partir de las alusiones contenidas en las series asociativas que el soñante puede producir partiendo de los distintos elementos del sueño manifiesto, tal como pudo verse en el ejemplo comentado más arriba.

Según este enfoque, entonces, el contenido manifiesto es sólo un punto de partida para encontrar un sentido que se encuentra fuera de él.

Hay una serie de textos de Freud en los que se ve con claridad esta manera de entender las cosas. En un pasaje dice “…cabe desechar como apariencia inesencial la trabazón que el sueño establece entre sus componentes y someter cada elemento, por sí, a la reconducción. El sueño es un conglomerado que debe ser descompuesto de nuevo a los fines de su investigación. Pero, por otra parte, debe observarse que en los sueños se exterioriza una fuerza psíquica que produce esa trabazón aparente, vale decir, somete al material adquirido por el trabajo onírico, a una elaboración secundaria” [negritas agregadas] (1900, p. 447-448).

La expresión “trabazón aparente” es elocuente en cuando a que la continuidad en las acciones del sueño, la relación entre los elementos del contenido manifiesto que pretende tener un sentido, es sólo una apariencia y no debe ser, por tanto, tomado en consideración ya que es obra de una elaboración secundaria, de la cual dice: “Ellos [los sueños] han experimentado la más profunda elaboración por parte de esa función psíquica similar al pensamiento de vigilia; parecen tener un sentido, pero en verdad ese sentido está alejadísimo del real significado del sueño” (1900, p. 487) [Veremos más adelante, con todo detalle, en qué consiste la elaboración secundaria].

De un modo muy concluyente se expresa en otra obra “Como es natural, el sueño manifiesto pierde importancia para nosotros.  No puede menos de parecernos indiferente que esté bien compuesto o se resuelva en una serie de imágenes aisladas, inconexas. Aún si tiene en apariencia una exterioridad provista de sentido, bien sabemos que ella puede haber nacido por obra de la desfiguración onírica y quizás mantenga con el contenido interior del sueño tan escasa relación orgánica como la fachada de una iglesia italiana con su estructura y sus cimientos [negritas agregadas]” (1915-1916, p. 165).

(En el siguiente post continuaremos con las otras formas de comprender el contenido manifiesto que propone Freud)

Autor: Gustavo Lanza Castelli

www.mentalizacion.com.ar

gustavo.lanza.castelli@gmail.com

 

Referencias:

 

Freud, S (1900) La interpretación de los sueños. Ed Amorrortu, T IV y V

Freud, S (1915-1916) Conferencias de introducción al psicoanálisis. Ed Am T XV

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2 Respuestas a Los sueños en la obra de Freud I

  1. sonja stein says:

    Cuan didáctica la manera de presentar los distintos elementos que hacen a la arquitectura del sueño,con un ejemplo que permite captar paso a paso los mismos (me alegro de haber podido desprender interpretaciones similares,antes de leer las tuyas!).Un gusto “volver a Freud”, cuando el texto es tan consistente y a la vez,tan fácil de seguir,por la claridad de la exposición-se notan los años de docencia-Exitos en este nuevo blog,esperemos que los muchos que pasan por aquí,dejen sus comentarios!
    Un gran saludo!

    • Administrador says:

      Hola, Sonia. Gracias por tu buena onda habitual. Me alegra que te haya gustado este primer post.
      Espero que los siguientes sean también de tu agrado.
      Un saludo, Gustavo

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